Capítulo 04.Curiosity
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Su
cabeza en esos momentos es un total caos, sus pensamientos pasan tan rápido, se
enredan confundidos en la paradoja enredadera que resulta ser su mente. Y no es
que antes no fuera una nebulosa desorientada y perdida en un infinito espacio
sin retorno, mayormente siempre le ha resultado mejor actuar sin pensar. ¡Así
es! Porque mortificarse por cosas triviales, sin sentido.
¿Conciencia?
Si alguna vez la tuvo, no lo recuerda.
Su
reflejo en el espejo que se encuentra a un costado de su dormitorio, le
recuerda la elevada erección que palpita dolorosa por algo de atención.
Lleva
su mano, desabrochando el pantalón para luego profundizar y darse algo de
placer con ella. Una mueca surca su rostro al correrse presuroso, muerde sus
labios en un arrebato de molestia.
¿No
se supone debería excitarse con tan poco?
Mucho
menos que se sentiría tan bien.
Pero
bueno no tiene nada de malo, después de todo solo es una erección que fue
causada por la excitación del momento, simple placer, nada más.
Nada de qué preocuparse
~
Despertar
de manera tan impetuosa gracias al sonar del despertador indicando las 6 de la
mañana ha sido muy doloroso, no solo por abrir los ojos tan apresurada mente dejándole
ciego por la introducción de luz, si no por el dolor de cabeza que lo invadió
al darse vuelta y rodar por la cama hasta caer de esta.
Sus
sentidos están confusos y desorientados, tanto que no recuerda como llego a la
cama. Se levanta sobándose las nalgas.
La caída ha sido amortiguada casi en su totalidad por su respingado y bien dotado
trasero.
Un
baño rápido le hace compañía a su buen humor de esa mañana, es extraño no
recuerda mucho de la noche anterior y a pesar del malestar en su cuerpo por la
resaca causada por todo el alcohol ingerido el día anterior. Esa estúpida
sonrisa no abandona su rostro. Se lleva las manos a su cara, con los largos y
estilizados dedos repasa cada contorno de su cara, sintiendo bajo sus yemas la
piel estirada de lado a lado, está ahí. Se convence del todo al tocar su boca,
sus labios formando esa diminuta pero anhelante sonrisa. ¡No entendía!
Algo bueno tuvo que suceder para que su rostro
refleje la satisfacción interior que está sintiendo. Se siente tonto y contento
a la vez.
Pero
¿Por qué?
Le
hubiese dado más importancia y su mente hubiese trabajado extra buscando
posibles teorías acerca de su repentina satisfacción de no ser por el sonido
agobiante que salía de afuera, anunciando visitas. Frunciendo el ceño y ahora
llevándose los dedos a las cienes para masajearlas por los piquetes que
amenazaban con volverle loco, haciendo
sufrir a su sensible y frágil cabeza.
El
constante tintineo en la puerta hizo que la ducha fuera lo menos placentera
posible, saliendo completamente desnudo sin darse tiempo de secarse con una
toalla las insaciables gotas que recorrían presurosas su piel. Y no es que esto
le importase mucho, tenía la manía de recorrer sin pudor alguno su instancia
por las mañanas y de hecho a la hora que se le diese la gana, después de una
ducha; desnudo, sin ninguna prenda que cubriese su andrógina y perfilada piel.
Mientras
paseaba por los pasillos el sonido del timbre se escucha más fuerte, era
insistente la persona que estuviese del otro lado de la puerta.
-Ya
voy, ya voy maldita sea…-reprime un gruñido por el fuerte dolor que solo se
reciente más por el molesto ruido.
De
perfil sus ojos se pasean por un enorme espejo que se encuentra instalado de
manera precisa a un lado, pegado en la pared siendo adornado por un bello
macetero al lado.
Gerard
es un chico vanidoso, mientras más veces pueda apreciar su figura antes de
salir al mundo exterior; mejor, de hecho mientras más veces un espejo le
recuerde lo atractivo y buen mozo que es, mejor. Una deliciosa satisfacción
para su ego. Esta vez no le molesta para
nada verse desnudo, de hecho sonríe. La suerte que tiene el espejo de poder
maravillarse de reflejar su esbelta virilidad.
Un
clic le hace devolverse, lo recuerda. No está solo, la presencia imponente del
chico tatuado se hace presente en sus recuerdos, abarcando completamente sin
dejarle lucidez o espacio a otra cosa. Voltea para todos lados, rogando no
verle por ahí, que aun siga dormido y no topárselo en ese pasillo. Que no quiere
asustarle.
¿Qué
pensaría de verlo así?
Lo
más probable es que es un completo desvergonzado pervertido.
Como
un reflejo se lleva sus manos hacia abajo, tapándose la entrepierna, sonrojado
se devuelve rápido hacia la habitación. Refunfuñando como un niño pequeño se
envuelve una toalla a la cintura, aun con las mejillas con algo de color y el
cabello chorreante aun, se dirige abrir rápidamente la puerta.
Detesta
cambiar sus hábitos, le es placentero andar sin ropa, pasearse así en su
departamento, ver como algunas chicas de edificios vecinos se asoman a verle
cuando sin querer regala una sensual vista de su cuerpo por el ventanal del
living, viendo inocente la vista demandante de esa ciudad tan bella y gloriosa.
No
quiere cambiar, ni tampoco cambiar de opinión de tener un inquilino en su
espacio, Frank le ha caído realmente bien y espera unir lazos más allá de una
simple amistad muy pronto. Claro lazos carnales, sexuales, nada más. No hay
cabida para otra cosa. O eso es lo que él piensa.
Abre
la puerta y no le sorprende para nada la visita inesperada de su mejor amigo.
-Tenías
que venir tan temprano a interrumpir mi placentera ducha-el reproche en su voz
y el entrecejo fruncido del peli-negro le
hace sonreír-Y además te da gracia-Tuerce la boca-eres muy molesto
sabes.
Gabe
se tiene que morder los labios para no caerle a besos, son muy pocas las veces
que se puede dar el placer de ver a su siempre paciente amigo fastidiado, y lo
mejor haberle interrumpido en ese preciso momento, es una imagen muy tentadora.
Gerard Way con la piel mojada, una diminuta toalla envolviendo su objeto de
deseo, solo esa prenda haciendo la diferencia, apartándolo de la desnudez, el
cabello húmedo, incluso chorreando algunas gotitas en las puntas aun.
¡Maldición!
-Me
dejas pasar –Le mira a los ojos, suplicándole tenga un poco de compasión, que se
vista decentemente o no tendrá la culpa de saltarle encima.
-No
sé-arruga la nariz mirando hacia otro lado-no quiero.
-Gerard
no seas así, recuerda quien fue el maldito que me dejo plantado ayer-Ahora es
el quien le reprocha su falta de delicadeza.
Un
suspiro, y se hace a un lado dejándole pasar.
Toman
asiento en el living. El mayor rehusándose a ponerse algo más encima, es su
departamento y el anda como se le antoje, y si quiere andar en pelotas también
lo hace.
Caprichoso
se deja escuchar de los labios de su amigo, Gerard estira sus labios
cínicamente al recordar porque Gabe es su mejor amigo, su único y verdadero
amigo, que le conoce tan bien.
-Entonces
ayer cenaste tallarines-Hace una mueca de asco-La que te perdiste, la cena que
me hiciste pagar, que por cierto fue bastante cara estaba deliciosa.
-Me
imagino-Hace puchero-En otra, me hubieses traído algo.
-No
seas caradura Gerard-Arruga el entrecejo-Eso es lo menos que te mereces por
dejarme tirado anoche, solo por no dejar solo a tu nuevo amiguito.
-Se
llama Frank –Ladea su cara recordando-Iero-Sonríe grande-Frank Iero.
-No
te estaba preguntando-Entrecierra los ojos.
-Pero
yo te quería decir-le sonríe.
-Por
tu carita veo la pasaste bien anoche.
-Pues
solo cenamos –Se rasca la cabeza lleno de recuerdos distorsionados.
-Soy
tu mejor amigo Gerard, se lo que hiciste-le mira con reproche-Mejor di que la
pasaste muy bien en compañía de Iero.
-Disculpa…
Una
voz ronca, soñolienta se deja escuchar en el pasillo. Ambos levantan la vista encontrándose con el
protagonista de su plática algo recelosa del amigo de Gerard.
Un
Frank con el cabello revuelto, enmarañado como si un enjambré de avispas
hubiese pasado por ahí e hubiese echo desastres con él. Rostro completamente
adormilado, y como prenda de vestir solo le cubría únicamente un bóxer color
azul, apretado.
Gerard
sonrió instantáneamente al verle, sobretodo en ese estado, dejando a su vista
complacerse con su pecho y piernas desnudas, tuvo que morderse los labios al
verlo acercarse lentamente, maldiciéndose por haber dejado entrar a Gabe y no
estar solo para recibirle así
Frank
hace rato había despertado, pero es de los tipos que le cuesta despabilarse
luego de un sueño profundo y anhelante.
Tenía la garganta reseca, necesitaba un vaso de agua. Poco le importo
adentrarse a buscarla solo en bóxer. Escucho los murmullos de gente hablando.
“Tenemos visitas” pensó. Reconoció la primera voz, la de su coqueto arrendador,
y otra que se le antojo molesta y fastidiosa. Como la rata que es, se quedó
escuchando parte de esta escondido, salió al escuchar su nombre ser mencionado
varias veces.
Sin
importarle la mirada de sorpresa del tipo alto de piernas largas y cara
compungida por verle en esas fachas, se dirigió hacia ellos, metió una mano a
su bóxer rascándose la entrepierna como
quien hace de lo más normal en su casa luego de despertar.
La
cara de asco del visitante le dio satisfacción, con malicia en su rostro alzo
una ceja viéndole arrogante y altanero.
-Que
malos modales los de tu amiguito Gerard-arrastro las palabras volteando a ver
al peli-negro con sorpresa y molestia.
Apretó los puños al ver la mirada de su Gee mirando fijamente la mano
del tatuado, viendo esa zona, con deseo en su mirada. ¿Pero cómo era esto
posible?-¡GERARD! –le zamarreó el brazo para que dejara de ver a ese sujeto.
-Ehh,
vale ¿qué quieres? –El enojo se dejó ver, como no lo dejaba fantasear un rato,
Frank les miraba divertido, y Gerard al darse cuenta de la situación opto por
llevar su mirada a otro lado, sonrojándose medianamente.-Digo…¡Frank!-Le mira
cambiando y fingiendo sorpresa de verle-No sabía que ya estabas despierto, te
presento a Gabe, uno de mis mejores amigos.
-El
único de hecho-Le soltó molesto analizando y comiéndose con la mirada al ladrón
de toda la atención del oji-esmeralda-Ya podes sacarte la mano de ahí, es muy
desagradable sabes.
-¡Oh!
–dirige la mirada hacia abajo-Disculpa-Sonríe inocente-no me había dado
cuenta-y la mirada avellanada vuelve a verle retador–Un gusto Gabe-Alza la
mano, la misma que tenía dentro del bóxer.
-Paso….–Gruño.
Frank
solo se encogió de hombros sin darle importancia, se dio media vuelta y se
largó a buscar su agua. La sonrisa cínica antes impresa en su rostro desapareció
enseguida, dejando una seria sin ningún ápice de emoción en esta, al no estar
en precedía del peli-negro, ¿para qué fingir? si este no le miraba.
~
-Una
malteada de fresa para mí y…-Mira a su acompañante.
-De
chocolate por favor-Termina su pedido.
Todo
lo ocurrido hace unos momentos en su departamento había sido bastante raro y
bizarro. Gabe se había encabronado bastante, haciéndole salir para encararlo
con un sinfín de preguntas. Que por los momentos no sabía cómo contestar, que
aún no tenían respuestas.
Lo
único que si tenía fe de poder contestar era, que ese chico que ahora residía
en su básicamente hogar. Le atraía, le fascinaba… quería llevárselo a la cama
ya. Sin importar un ¿cómo? o ¿Por qué?. Casi se le hace agua la boca al
recorrer su pecho desnudo ¡Maldición! Que ese chico es arte puro. Todos esos
bellos dibujos impresos en su piel. Le dejaron boquiabierto. Es que nunca se
imaginó que no hubiese ya casi porción de piel sin tinta alguna en él. El
tatuado era toda una sorpresa. Una deliciosa y sensual sorpresa.
-Me
responderás porque dejaste entrar a alguien así a tu casa-La mirada severa de
Saporta le obligo a concentrarse en la conversación y dejar de estar volando
despierto en los recónditos pasajes del cuerpo ajeno.
-Pues,
es un favor que le hice a Matt.
-Ahh
tú, tan buena gente no.
-Qué
quieres decir-Levemente arrugo su entrecejo-Siempre que me piden un favor, trato de responder como es debido
Gabe. A demás ¿cuál es tu reclamo? Que no te cayó bien Frank….ese no es mi
problema.
-Lo
viste, ¿cierto?
“¿Que si lo vi?,
más de la cuenta diría yo”
-…..
-Se
estaba burlando de mí, retándome a no sé qué-Suspira-No se Gee, pero hay algo
de ese sujeto que no me cae.
-Y
que es lo que no te cae-Sonríe burlón.
-¡Idiota!-Le
mira ceñudo-Hablo enserio.
-Explícate
-No
sé, el sujeto de por si es raro, digo es un atrevido para rascarse en mis
narices como si fuese lo más normal del mundo.
-Bueno..yo
siempre lo hago-Se ríe-¿Que no me mires así? Lo más seguro que tú también lo
haces.
-Si
pero no enfrente de las visitas Gee, maldición tomate esto enserio.
-Gabe-Suspira
cansado-¿Porque estamos hablando de Frank?
-Porque
eres mi amigo y no quiero que nada malo te pase-Le mira serio, Gee pensaba
burlarse pero esa mirada determinante de su amigo le dejo sin habla,
envolviéndose en ella, y amando que alguien se preocupe tanto por él.
~
El
departamento está en completo silencio, sin nada más que el sonido de su
imponente respiración. Esta solo, su arrendador se ha largado con el sujeto
insoportable y lo más seguro es que se tardaran en regresar. Mira a su
alrededor, comienza a recorrer el lugar con la mirada para luego hacerlo con
sus dedos. Pasa por los pasillos tocando el borde de la fría pared. Llega a su
destino.
La habitación de Gerard.
Una
perceptible sonrisa se coloca en sus siempre rojizos labios, la puerta está
cerrada, niega con la cabeza sabiendo que eso no es ningún impedimento para él.
Haciendo
acopio de sus mañas y destrezas consigue abrir la puerta, violar la poca
seguridad de un espacio privado que no es suyo.
Enciende la luz al encontrarla en penumbras, el aroma de su presa se
mezcla en su nariz, desbordándolo, empezando a gustarle como huele, ese aroma
tan de él. Toda la habitación esta atestada de su fuerte y varonil fragancia.
Recorre el lugar con sus fieros ojos, luego toca con sus dedos sus
pertenencias, mira su cama esta es de dos plazas, se ve acogedora a la
vista.
El
joven artista ama su trabajo, sus creaciones. Las paredes hacen presencia de su
arte. Se dirige hacia el armario, necesita comenzar a buscar, sin importar por
donde empiece.
El
sonido de su celular le interrumpe su andar, sin tomarse la molestia de quien
es el remitente se lo lleva al oído y contesta. Reconociendo inmediatamente la
voz. Su mirada cambia, un brillo malévolo asoma sus irises, una sombra negra
las cubre.
-¿Qué
quieres?
Mira
un cuadro, donde el peli-negro sonríe abrazando a Gabe. Indiferente escudriña
ese cuadro al escuchar la voz del otro lado.
-En eso estoy.
Contesta
seco, sin quitar su mirada de esa sonrisa, la sonrisa que cuelga de los labios
del oji-verde en esa foto.
-A mí no me das órdenes, sé muy bien
cuál es mi deber.
Corta
apretando el celular en sus manos, lo observa y sonríe con malicia, con rencor,
con odio.