jueves, 14 de marzo de 2013

Capitulo 3: Your taste,Your Poison.



Capítulo 03. Your taste, Your poison.


El sabor amargo del alcohol, su protuberancia, su accionar en las funciones cerebrales, nublando todo sentido racional, dejándole sin juicio y momentáneamente desnudo ante sus emociones.  Gerard solo tenía una cosa en mente, rondando en su cabeza una y otra vez. Envolviéndolo lentamente, absorbiendo la poca cordura que había guardado desde el momento que le hiciera esa inocente insinuación en la habitación de huéspedes. 

Incitándole  por fin   “Probar esos labios”. Quería partirle esa boca rojiza con un beso. Sentía esa necesidad desde hace varios minutos. Ver sus labios siendo bañados por esa amarga bebida, brillosos por las gotitas de alcohol que se deslizaban presurosas hacia su barbilla, nublaba cualquier otra línea de pensamiento que no fuera esa. Complacer su propia necesidad.

Y es que vamos.  ¿A quién no darían ganas de probarlos? No se necesita alcohol para desearlos.

Su sabor a de ser glorioso e intoxicanté, tanto que debe temer por las sensaciones que le harán sentir a su cuerpo. La adicción no está en sus planes. Aunque esos ojos enormes de ese multifacético color avellana  y esa cercanía provocándole un calor interior,  no ayudan mucho.

Sin una pizca de vergüenza le pide que lo bese. Él sabe lo que quiere, y lo obtendrá así tenga que usar todos sus dotes seductores. No por nada, cada noche trae a alguien diferente a disfrutar de los placeres carnales que le ofrece una noche larga de sexo desenfrenado. El chico es un don juan; que sabe muy bien como seducir a una persona, hasta el límite de hacerlo caer enamorado ante sus pies. Recibiendo cada semana llamadas diferentes de personas sin rostro ni nombre, pidiéndole por favor una segunda oportunidad. ¡Pobres diablos! es que acaso no saben diferenciar entre sexo y amor. Pero como culparlos, si con tan solo obtener una sonrisa del pelinegro y una rápida mirada simulando su atención es para delirar con los afortunados que pueden ser. El chico es bello. Tiene todos los dotes necesarios  y  el mismo lo sabe.

Frank sonríe complaciente al escuchar sus palabras, las había estado esperando con paciencia. Le ha visto tomarse todas esas latas de cerveza casi él solo, sin contar con el vino, por su cuenta solo corrió una sola copa. Aparte de lo parlante que puede llegar a ser, que para el resulta fastidioso. Es una característica que le servirá más adelante.

Se acerca un poco más, dejando que Gerard termine de quitar la distancia entre ellos, este posa sus labios sobre los deseados rozándolos quedamente, sintiendo simplemente la textura delicada con un simple roce, uno que le hace estremecerse quedamente deseando mucho más que eso. El pelinegro cierra los ojos, tomando uno de esos escurridizos labios entre los suyos,  palpando el sabor y la textura suave de estos, le gusta lo que siente, sin poder contenerse un poco más, saca la puntita de su húmeda lengua para repasar su contorno, sentir su sabor. Frank se deja hacer, sumiso y paciente,  le parece erótico el accionar del oji-verde. Sus movimientos son lentos y tortuosos, verlos con sus ojos abiertos es la mejor opción. Nunca le ha gustado cerrar los ojos ante un beso. Le parece tonto e innecesario hacerlo.
Es como caer rendido ante un beso, entregarse a un sentimiento. Según su lógica, eso no es más que romanticismo barato. Ni siquiera lo hace cuando se supone esta con la persona que quiere. Así que no lo hará ahora, ni nunca. 

El beso sigue despacio, solo un pequeño traspaso de humedad entre sus bocas, mueve sus labios al ritmo del otro. Sintiendo el aliento y el respirar de Gerard. Y simplemente se cansa, le parece aburrido.

Oh está muy borracho o no sabe dar un beso

Gee se aleja un poco, está por abrir sus ojos, pero el otro no le da  tiempo ni de respirar. Ahora es su turno.

-¡Ven aquí! – Susurra sobre sus labios, tomándolo con una mano de la nuca, lo atrae con fiereza a su boca. Sus labios vuelven a reconocerse enseguida, siendo penetrados intrépidamente por una humedad intrusa en su boca, la lengua de Iero recorre con ímpetu cada rincón de su cavidad, encontrando a su paso a su gemela, invitándola a danzar con la suya. Gerard no puede evitar gemir entre ese húmedo beso, siendo acallado por el otro. Es apasionado e intenso, Iero con descaro succiona y muerde sus labios, agitado intenta alejar la boca del otro. Necesita oxígeno.

-Es..spera –Posa sus manos en los hombros de Frank, este solo afianza sus dedos sobre su nuca, atrayéndolo a la fuerza para besarle nuevamente. Al final solo desliza su lengua por la comisura de los labios ya hinchados del pelinegro, hasta llegar al mentón y morder levemente este.

Es extremadamente delicioso, piensa Gerard, el contacto, el sabor. Un delirio para su mente atrofiada por el alcohol y se pregunta, por qué le causa tanto placer un simple beso.

El suyo fue simple, un pequeño reconocimiento, dulce y hasta tierno, en cambio al parecer al tatuado chico le gustan pasionales e incluso algo rudos.

Gerard sonríe satisfecho, abre su perlas verdes, que brillan hermosamente con la tenue luz que las alumbran,  se encuentra en la posición perfecta, frente a una lámpara que esta al piel del largo sillón, logrando posar sus rayos esplendorosos, sobre el fino rostro del pelinegro.

Está encantado, el beso ha sido perfecto. Vuelve a retribuirse sus acertados pensamientos cuando lo vio hoy apenas unas horas en la tarde. Parado afuera de su departamento con maletas en manos. No pudo evitar recorrerlo con sus ojos entero, el chico era perfecto, sumamente atractivo y atrayente. Aunque debía admitir que su fachada era muy por debajo nada parecido con los hombres que acostumbraba salir.  La mayoría eran chicos de su ámbito económico social, con clase y refinados. Siempre los conocía en reuniones que hacían sus amigos, alguna fiesta en yate, o exposiciones de arte.

Todos eran sin duda atractivos, hombres muy bellos pero según Gerard; aburridos. En cambio Iero poseía otro aire que emocionaba al pelinegro.

Frank tenía ese estilo de chico rebelde, misterioso, despreocupado. El piercing en su labio inferior y sus jeans rasgados le daban un toque rudo, que ha Gerard en secreto dejo fascinado. Sin contar el sin número de tatuajes que poseía y que a simple vista notaba. Maldito Matt que no le avisara tal cosa. 

Lo que si podía concluir era que ha dejado entrar a su casa a un perfecto amante.
Una sonrisa coqueta se hacía presente en el pelinegro, Frank le observa en silencio, concluyendo en que esos labios se ven más sabrosos así.  Hinchados y completamente rojos, luego de profanarlos con los suyos.

Las ganas sobran es esos momentos y Gerard se lo hace saber al acercarse de nuevo, posando sus labios sobre los suyos nuevamente, y besándolo con desesperación. El pelinegro lo desea ardientemente, y esa es una victoria silenciosa, sonríe satisfecho entre los besos arrebatados sintiendo como intrusas manos de Gerard le tocan bajo su camisa.

-Hazme tuyo, y se mío  -Susurra Gerard cerca de su boca, sin despegarse se sube encima suyo quedando sentado en su pelvis. Este le toma de las piernas jalándolo más hacia sí.

-¡Hey! Con calma vaquero.

Frank sabe que es muy pronto aún para acostarse con el oji-verde, necesita tiempo y conoce de las aventuras del mayor. Sabe que se aburre luego de haber pasado la línea de la intimidad.

No va permitir que Gerard se aburra de él, al contrario este tendrá que volverse loco por tenerlo, desearlo hasta sobrepasar los límites de la locura.

“Aun no es tiempo.”

Un movimiento sincronizado comienza entre los roces de sus pelvis, el beso les ha excitado, el acercamiento ha logrado despertar un fuego que necesita extinguirse ahora mismo. Sus crecientes erecciones palpitan haciendo su aparición al sentir la deliciosa fricción, otro gemido sale de los labios de Gerard que son aprisionados fuertemente por los dientes de Frank. 

Este posa sus manos bajo el trasero para apretarlo fuertemente, el deseo está presente y sabe que no es bueno. Sin más da una última lamida a esos deliciosos labios, quitando restos de su saliva, saboreando el amargo veneno que emana de su boca. Sin ningún reparo le da un empujón brusco, quitando a Gerard de encima.
Sabe que este va a protestar, rápidamente aprovechando que Gerard ha caído tendido al suelo, ahora es su turno para subirse encima de él.

-No me lo tomes a mal-Habla sobre sus labios-Pero estoy seguro que mañana ni lo vas a recordar-Le mira a los ojos, esos bellos ojos color jade- Y no es eso lo que quiero-Termina con un beso corto.

El otro se queda desconcertado, no dice ni replica nada. Algo es cierto. Su grado de borrachera no le permite formular una respuesta coherente. Solo se queda ahí, hasta que el sueño lo termina venciendo.

Gerard no sabe, pero el oji-avellana sabe más de él, de lo que este quisiera. 







Capitulo 2: Your Eyes



Capítulo 2; Your Eyes.


Lo que era una hermosa habitación se abría paso ante sus curiosos e inexpresivos ojos, dándole una mirada rápida termino de aceptar el buen gusto de su nuevo compañero.  El  estilo moderno en blanco y negro siempre ha sido de su agrado. Está seguro de nunca haber visto tanta exquisitez en una decoración, mucho menos tanto lujo para una sola persona. 
-Dime ¿qué te parece?–Una emocionada voz se escucha a lo lejos, más exacto a su lado izquierdo-¿Te gusta?-Se sorprende al sentir la voz del pelinegro rozándole la nuca, se ha quedado dormido, hechizado por la tenue vista y perdido entre un mar de pensamientos y recuerdos.
-Sí, no está mal –Su voz vacía se escucha neutral restándole importancia al asunto sin querer mostrar su verdadero asombro.
-El tapiz no me termina de convencer-Siente como la cercanía del pelinegro desciende, este se tira  a la cama quedando sentado, palmeando esta mientras una sonrisilla que no sabe en esos momentos como descifrar, se coloca en los rosados y delgados labios de su arrendador.  
-¿Quieres probar la cama?-Este se mueve minucioso arrugando un poco las sabanas acolchadas de encima- Esta suavecita-Confirma mirándole fijamente quizás. Como le gustaría poder ver sus ojos, poder apreciarlos a través de la gruesa capa negra de sus lentes. ¿Acaso es esta una insinuación? Como saberlo, el pelinegro podría resultar una cajita de sorpresas, que como un niño curioso estará más que gustosos por descubrir que trae adentro.
¡Sera interesante conocerte después de todo!
-Puedo notarlo-Eleva una ceja colocando una pequeña sonrisa sobre sus labios coquetos  -Ya tendré tiempo para probar –Lo último lo murmura lentamente, aprisionando su labio inferior, mordiéndolo levemente para dejarlo rojizo dejándole claro con esta acción que entendía muy bien sus indirectas y que no le era desagradable ese jueguito seductor.
Gerard solamente sonrió arrugando con sus dedos parte de las sabanas, ese pequeño actuar del castaño le dejo sin aliento. No podía quitarse de la mente ahora lo apetecibles que lucían esos pequeños labios rojizos, y lo mucho que se le antojaba tirar tan fuerte de ese aro plateado que adornaba su labio inferior. Ya tendría la oportunidad de hacerlo sangrar con sus dientes, todo era cuestión de esperar.  
Sin más se levantó caminando hacia la puerta, el nuevo inquilino lo más seguro querría privacidad para conocer mejor lo que sería de hoy en adelante su nuevo nidito de perdición desde su punto de vista.
-Te dejo a solas para que acomodes todo a tu gusto-Tomo la perilla de la puerta sin antes voltear a verlo de nuevo-Pediré la cena, como veraz iba de salida, cenaría afuera pero ya que no se pudo, te apetece ¿comida china?
-Bien, gracias Gerard ¿Pero no es mucha molestia? Si quieres puedes irte, por mí no hay problema.
-¡No! Como crees-Sonrió guiñándole un ojo-Aun no conoces del todo el departamento y aquí donde lo ves es bastante amplio, y no me sentiría bien dejándote solo y con hambre ¿Por qué tienes hambre ¡cierto!?
Para ser  yo un perfecto extraño, es muy confianzudo.
-Comida china me parece perfecto-Encogió sus hombros, tomando sus maletas para comenzar a desempacar.
Un “bien” fue lo último que alcanzo a escuchar cuando el sonido de la puerta al cerrarse le indico que por fin le dejaba solo.
Le da un vistazo una vez más a la habitación, tendría que acostumbrarse, hacerse la idea que esta se convertiría en su hogar por algún tiempo, su confidente entre él y sus pensamientos, su cómplice secreto que vería pasar cada uno de sus actos y quizás todas las noches que le regalaría a ese pelinegro molesto. Es demasiado risueño para su gusto. Muy confiado. De esas personas que piensan que todas las almas son puras, con buenas intenciones en todo lo que hacen. Que la maldad en los hombres no es más que un mito que se escucha en los periódicos sensacionalistas que exageran la realidad.
¡Ingenuo!
No lo conoce aún, pero por lo poco que lo ha tratado puede percibir la paz de su aura, tan contraria a la suya. Su ingenuidad. Se adueñara de ella, será divertido.

No sabes a quien has metido a tu casa Gerard.


~
-¿Diga?
-¿Dónde diablos estas? Llevo más de media hora esperándote ¿Qué te crees eh?
Sonríe al reconocer la voz de su amigo, le ha dejado tirado sin recordar que debía avisarle que no asistiría a su cita por obvias razones.
-¡Perdón!  Se me ha presentado una visita inesperada-Escucho como el otro bufaba al otro lado de la línea, pensando cosas erróneas lo más seguro-Y no es lo que tú crees-Se apresuró a decir.
-Si como no, ¿a mí me quieres ver la cara?-La voz se le escuchaba realmente molesta, mayormente este siempre bromeaba sobre la promiscuidad de su amigo, pero Gerard lo conocía demasiado bien como para enterarse de cuando este hablaba en serio –¿Tengo cara de pendejo o que Gerard?
-Si tú lo dices –Comienza a reír cuando escucha al otro maldecir en pleno restaurante-No soy yo el que lo está confirmando-Agrega burlón.
-No seas idiota…¿Con quién estas?

¿Acaso había una pizca de celos ahí? ¿Le estaba reclamando acaso?
-Luego te cuento Gabe, no seas metiche.
Antes de escuchar una protesta más le colgó. Gabriel Saporta era su mejor amigo, también su mejor acoston. Entre ellos siempre las cosas estuvieron claras. Nada destruiría su amistad, las relaciones amorosas eran muy complicadas. No nacieron para atarse a esas ridiculeces. Es mejor, la amistad con ventajas.  Estar siempre en las buenas y las malas, dándose apoyo mutuo, y porque no mimos y caricias un tanto intensas. Placer mutuo cuando el otro lo necesitara. Así lo veían ellos, por lo cual le parecía ridículo que este, a estas alturas le reclamara algo.  

~

-Se mira apetitoso-Comento Frank mirando la comida.
En la sala, en una pequeña mesita de cristal fino acomodo lo que eran dos platos con Tallarines fritos revueltos en trocitos de carne, los palillos chinos a cada lado. Y algo de alcohol para beber.  Un vino tinto fue el elegido por ambos.
Los dos sentados en la alfombra crema con la tenue luz de solo algunas lámparas encendidas.
-¡Así es! Buen provecho –Dijo Gerard antes de llevarse el primer bocado a la boca.
-¿No te vas a quitar los lentes?
Tenía mucha curiosidad por ver el color de estos, ni el mismo entendía ¿por qué? Sólo quería verlos, conocerlos.
No es más que curiosidad-se dijo a sí mismo.
-¡Oh! Cierto, perdón-Comenzó a reír de sí mismo-Pensaras que soy raro por utilizar lentes de sol, a estas horas de la noche-Se acomodó algunos mechones de cabello avergonzado.
En realidad si lo pensaba, el tipo era raro. Para Frank todo un desafío el conocerlo.
-No pasa nada-Tomo sus dos palillos, enredando un poco de fideos en estos para llevarlos hasta su boca, en el acto lo hizo mientras subía su vista para mirar como Gerard por fin dejaba de lado los lentes oscuros y por fin darle una clara visión del mar verdoso al que se acostumbraría más adelante.
-Estoy acostumbrado a usarlos sin importarme la hora- Frank se quedó por un momento solo mirándole sin habla, sin importarle todas las palabras que salían de la boca de ese hombre –Según mis amigos soy un adicto a usar toda clase de lentes- comenzó a reír de nuevo achicando sus ojos con esta acción.
Sus ojos son un delirio. Hechizantes por naturaleza y provocativos a simple vista. Eran de un muy bello pero raro a la vez, tono. Un verde esmeralda. Estos eran enmarcaban por unas  gruesas y largas pestañas negras. Dándole si se podía, aún más belleza al delicado rostro.
Lo admitía, poseía el ingenuo chico un punto a su favor. No era para nada feo, de hecho muy atractivo. Pero no cualquier belleza si no una muy peculiar. Su andrógeno compañero merecía que le apreciara por unos minutos más.
¡Que lastima!

 -¿Pasa algo?-Frank por alguna razón se había quedado callado, solo mirándole en silencio. Y si había algo que Gerard detestara era el silencio-Hay algo malo en mi cara-se llevó una mano al rostro, palpándose, tal vez sin querer se había  embarrado de salsa.
-……Nada-Respondió al cabo de un rato, masticando tranquilamente la comida, desviando la mirada hacia esta-Que podría estar mal con tu cara, nada-Tomo la botella sirviéndose un poco de vino-¿Te sirvo?
-Claro –Dejo de tocarse la cara para recibir su copa, brindando por llegar a ser buenos amigos, según palabras del mismo Gerard. Frank solo se limitó a asentir y sonreír forzadamente.

La cena fue bastante amena, Gerard no dejaba de hablar y contar chistes, ahora en sus manos solo se encontraban latas de cerveza, estas remplazaron el vino hace algunas dos horas. Frank ya se sentía un poco mareado por tanta palabrería del ojiverde.
Es que nunca se calla.
-Sabes de que tengo ganas en este momento –Ambos se encontraban sentados a lo largo de la alfombra, sosteniendo sus cuerpos recostados en los enormes muebles, Gerard se le había acercado peligrosamente invadiendo su espacio personal, muy pocas veces permitía que alguien tan siquiera soñara con esto, pero este alguien era otra cosa.
-¡No sé! Cuéntame Gerard. –Hablo despacio susurrando sobre los labios delgados del pelinegro, mirando como los orbes verdes cambiaban de color con la iluminación de las lámparas ¿Cómo se verán a la luz del día? Bueno, ya tendría el tiempo para apreciarlas.
-¡Bésame!-Y el murmullo de sus pensamientos se cortó en ese preciso instantes. El aliento tibio de Gerard se sintió agradable contra su boca.
Porque no. Tendría una excusa para callar esa boquita parlante.
Será un placer hermoso moreno,







Capitulo 1: Welcome to my life




Capítulo 1: Welcome to my life



-¡Oye! de veraz, gracias por dejarme  quedar en tu departamento- sonrió casual intentando terminar de convencer a su nuevo arrendador.

-No agradezcas- sonrió alegremente volteando a verlo –suenas como si no fuera  a cobrarte el alquiler-Alza una ceja- que vivas conmigo, en mi departamento no es gratis-Le guiña un ojo terminando de verlo escéptico.

Gerard Way es un hombre de 24 años, a su corta edad ya había logrado muchos de sus objetivos personales. Es un pintor reconocido. Graduado en la prestigiosa universidad de New York de Bellas Artes.  Tenía una gallería en el centro de la cuidad, donde siempre mostraba su talento al público, haciendo exhibiciones de su trabajo.

Su prestigio le costó caro, pasó de retratar rostros en las calles a exponer sus obras  a precios muy bajos en alguna feria.  El no necesitaba dinero, era heredero de una cuantiosa fortuna por parte de sus padres, quienes al morir le traspasaron todos sus bienes a su nombre. Así que no era por dinero que pasase por trabajos tan duros.
Su meta. Vivir de sus trabajos, de sus creaciones, de sus pinturas que tenían tanto que contar con echarles una mirada. Empezar de cero y luego vanagloriarse al decir que por su talento llego tan lejos. No por su dinero.  
Hoy en día, con las cuentas bancarias llenas en parte por su fortuna heredada y por su trabajo, podría decirse que se sentía realizado.
Pero mentiría si lo hiciera.
Algo faltaba.
Y es que su personalidad risueña y nada sería le hacía olvidar por momentos ese vacío en su interior, haciéndosele invisible cuando su adicción se hacía presente.
Y es que el hermoso pelinegro exitoso y adinerado solo tenía un defecto.
Uno muy pequeño y sin muchas complicaciones
Era adicto  al sexo sin complicaciones, para ser más exactos al sexo gay
¿¡Bueno a quien no le gusta el sexo!?
Es algo natural, normal.
Pero en Gerard nada es normal.

Gerard reside en un departamento bastante amplio y lujoso,  en el centro de New York.  No necesitaba tener un inquilino en su recinto, como muchos para costearse la renta, pero un muy buen amigo suyo, Matt  le había pedido el favor. Unos de sus amigo necesitaba hospedaje siendo nuevo en la ciudad, este andaba en busca de una habitación para alquilar, porque no podía costearse algo muy caro. Y que él no lo podía recibir por “x” razón.
En realidad no le interesaba saber los motivos.
Desde que le vio, dejaron de impórtale muchas cosas. Es más, en ese preciso momento solo tenía claro una cosa.
El chico le gustaba, y se lo llevaría a la cama así este fuera Hetero.
Además
Él vivía solo, así que, porque no permitir que alguien más le hiciera compañía.
Siendo el hombre
y.. con necesidades..
¿Porque no?

-Lo sé, Matt me comento que no necesitabas un compañero de departamento. Por eso te lo agradezco.
-¡Oh! Eso…. no te preocupes… emm –el pelinegro ladeo la cabeza hacia un lado como queriendo recordar algo, arrugo la nariz y se mordió el dedo índice, pensativo, a Frank le causo gracia esa mueca- ¿cómo te llamabas? – lo miro indeciso rascándose la cabeza.
-Iero, Frank  Iero- sonrió, vivir en ese lugar no sería tan malo después de todo. El pelinegro le causaba confianza, aunque el desconfiado debería ser otro.

Nunca se debe dejar entrar a un desconocido en casa.
Nunca se sabe que podría pasar.

-Bien Frank, déjame te muestro el lugar – le hizo una seña para que lo siguiera y se dio media vuelta comenzando a caminar adelante- y me dices que te parece.

Frank no contesto, simplemente lo siguió  observando neutral el lugar, le saldría bastante cara la hospedada ahí, pensó. Después de todo era un departamento con muchos lujos.
Su decorado era bastante exótico y delicado, color crema y caoba según podía apreciar al llegar a lo que sería el living, habían exactamente tres muebles de tres plazas cada uno, ambos totalmente blancos, con cojines blancos también, con simples detalles de cuadros a escala color gris. Una alfombra  fina de un color pardo hacia armonía de colores con el resto de accesorios, esta pasaba debajo de los muebles, tapizando casi todo el espacio del lugar. Enfrente un gran ventanal, prácticamente alrededor de toda la sala, estas hacían de paredes completamente de cristal que dejaba ver las hermosas arquitecturas de los demás edificios vecinos en la ciudad. Creando una vana ilusión, un panorama estupendo.  El piso de madera, relumbraba de limpio, daba como molestia pararse en él y no admirar el acabado de la madera. Diversos cuadros y maceteros muy bien ubicados le daban un toque único. Sobre todo las pinturas que lo más seguro eran pintadas por el mismo. En el techo colgaba un bonito candelabro de cristales en forma de lluvia, la iluminación era perfecta creando una agradable vista.
Quería seguir deleitándose con la belleza que poseía ese lugar, pero la voz suave y aguda de Gerard lo saco de sus pensamientos.

-Esta es la sala como te habrás dado cuenta – comento con obviedad- déjame mostrarte lo más importante, donde dormirás –Una pequeña risilla se dejó escuchar del pelinegro. Frank no le prestó atención.
Gerard se dirigió hacia uno de los pasillo, de seguro ahí estaban ubicadas las habitaciones.
Esperaba se encontraran la una a la otra. Eso facilitaría su trabajo.
Iero le siguió de cerca, observando cauteloso los pasos que daba su arrendador, no pudo evitar mirarlo minucioso, detenidamente su espalda y bajar lentamente por sus caderas.
Hizo un análisis mental, tenía una muy buena retaguardia y piernas largas.
Buen cuerpo.
Sin duda eso facilitaría todo.






Introduccion


Tema: Sweet Treason; It’s a Dangerous Love Affair
Género: Drama, suspenso, tragedia.
Clasificación: + 18
Advertencias: Relaciones Slash(Hombre-Hombre), Muerte de Personajes.  
Parejas: Frank Iero/Gerard Way.
Disclaimer: Los personajes de MCR no me pertenecen, son personas reales que se pertenecen a sí mismos, solo la historia y la trama en sí, me pertenecen. 

Nota: este es una novela Frerard, su contenido es algo fuerte asi que ya saben si quieren arriesgarse a leer.

Resumen: 

Un nuevo compañero de apartamento cambia su habitual y seductora vida, dejándole indefenso ante ese misterioso y tatuado chico.
Nunca se debe dejar entrar a un desconocido a tu casa
Mucho menos a tu vida.
Podrías llevarte una sorpresa.



Sweet treason:  It's a dangerous love affair

Introducción

La traición puede ser el elemento principal para atraer ese sentimiento detonante de tanta amargura y dolor para darle paso lentamente a la desolación y al punzante odio.

Nunca entendí tus verdaderas razones, siempre me parecieron injustificadas y verdaderamente estúpidas. 

Ahora que se toda la verdad, no sabes mi amor como te desprecio. Odio todo lo que te rodea, tus ojos, tu boca, hasta tu forma de hablar y de suplicarme te perdone, rogar por  que deje de verte así: con tanto desprecio y desilusión impregnada en mis irises.

¿Desde cuándo mis besos te parecieron deliciosos?

¿Desde cuándo comenzaste a desearme de verdad?

 ¿Desde cuándo dejaste de aparentar?

En mi mente explotan las preguntas, la incertidumbre gobierna cada rincón, ¿cómo creer que es verdad?, cuándo la única verdad que conocía hace instantes la destruiste.

Mentiras, Engaños ¿Qué es real? 
                                                                            
Mis ojos te gustan, te deslumbran, te enloquecen. Lo sé.

¿Me amas? Nada me lo asegura, pero aun así creo en ti ciegamente. “Idiota” vuelve a resonar en mi cabeza por tu culpa. Eres mi debilidad más grande, no debo sucumbir de nuevo, pero aun así me pregunto vagamente:

¿Cuánto harías por mí? ¿Cuánto estarías dispuesto a sacrificar?

Venganza es lo único que se lee en mis ojos ahora, ya no están llenos de inocencia y picardía.  Ya no son puros ni se llenan de expectativa al verte. Gracias a ti perdieron esa característica.

Y ahora los tuyos, tus bellos ojos colmados de lágrimas  vislumbran esa rabia interna que te ahoga y la única manera de sacarla es cediendo. Dejando que tu instinto haga lo que mi boca pide, lo que mis ojos desean, lo que mi corazón destrozado aclama.

Lo sabes, al fin lo comprendes.

La amarga realidad golpea tu rostro tan fuerte, que te aferras de mis piernas al sentir como tu alma te abandona.

Aquí no soy el único al que le han roto el corazón, triturado el orgullo y escupido su amor.

Sonrió amargamente mientras más lagrimas surcan mis mejías, cansado de verte como un despojo humano pidiendo migajas de mi atención, como un mendigo le pide  a un rico migajas de pan.

Lo comprendo;

Estamos enfermos

El uno del otro.

 Enfermos de odio. Enfermos de venganza. Enfermos de amor.

 ¿Sabes que es lo peor?

Que a pesar de todo, maldito imbécil te sigo amando.

Ahora al final solo queda una cosa por hacer.

Pero primero dime mi amor….

¿Qué estarías dispuesto a dar y hacer por mí?