Capítulo 1: Welcome
to my life
-¡Oye!
de veraz, gracias por dejarme quedar en
tu departamento- sonrió casual intentando terminar de convencer a su nuevo arrendador.
-No
agradezcas- sonrió alegremente volteando a verlo –suenas como si no fuera a cobrarte el alquiler-Alza una ceja- que
vivas conmigo, en mi departamento no es gratis-Le guiña un ojo terminando de
verlo escéptico.
Gerard
Way es un hombre de 24 años, a su corta edad ya había logrado muchos de sus
objetivos personales. Es un pintor reconocido. Graduado en la prestigiosa
universidad de New York de Bellas Artes.
Tenía una gallería en el centro de la cuidad, donde siempre mostraba su
talento al público, haciendo exhibiciones de su trabajo.
Su
prestigio le costó caro, pasó de retratar rostros en las calles a exponer sus
obras a precios muy bajos en alguna
feria. El no necesitaba dinero, era
heredero de una cuantiosa fortuna por parte de sus padres, quienes al morir le
traspasaron todos sus bienes a su nombre. Así que no era por dinero que pasase
por trabajos tan duros.
Su
meta. Vivir de sus trabajos, de sus creaciones, de sus pinturas que tenían
tanto que contar con echarles una mirada. Empezar de cero y luego vanagloriarse
al decir que por su talento llego tan lejos. No por su dinero.
Hoy
en día, con las cuentas bancarias llenas en parte por su fortuna heredada y por
su trabajo, podría decirse que se sentía realizado.
Pero
mentiría si lo hiciera.
Algo
faltaba.
Y
es que su personalidad risueña y nada sería le hacía olvidar por momentos ese
vacío en su interior, haciéndosele invisible cuando su adicción se hacía
presente.
Y
es que el hermoso pelinegro exitoso y adinerado solo tenía un defecto.
Uno
muy pequeño y sin muchas complicaciones
Era
adicto al sexo sin complicaciones, para
ser más exactos al sexo gay
¿¡Bueno
a quien no le gusta el sexo!?
Es
algo natural, normal.
Pero
en Gerard nada es normal.
Gerard
reside en un departamento
bastante amplio y lujoso, en el centro
de New York. No necesitaba tener un
inquilino en su recinto, como muchos para costearse la renta, pero un muy buen
amigo suyo, Matt le había pedido el
favor. Unos de sus amigo necesitaba hospedaje siendo nuevo en la ciudad, este
andaba en busca de una habitación para alquilar, porque no podía costearse algo
muy caro. Y que él no lo podía recibir por “x” razón.
En
realidad no le interesaba saber los motivos.
Desde
que le vio, dejaron de impórtale muchas cosas. Es más, en ese preciso momento
solo tenía claro una cosa.
El
chico le gustaba, y se lo llevaría a la cama así este fuera Hetero.
Además
Él
vivía solo, así que, porque no permitir que alguien más le hiciera compañía.
Siendo
el hombre
y..
con necesidades..
¿Porque
no?
-Lo
sé, Matt me comento que no necesitabas un compañero de departamento. Por eso te
lo agradezco.
-¡Oh!
Eso…. no te preocupes… emm –el pelinegro ladeo la cabeza hacia un lado como
queriendo recordar algo, arrugo la nariz y se mordió el dedo índice, pensativo,
a Frank le causo gracia esa mueca- ¿cómo te llamabas? – lo miro indeciso
rascándose la cabeza.
-Iero,
Frank Iero- sonrió, vivir en ese lugar
no sería tan malo después de todo. El pelinegro le causaba confianza, aunque el
desconfiado debería ser otro.
Nunca se debe dejar entrar a un desconocido en
casa.
Nunca se sabe que podría pasar.
-Bien
Frank, déjame te muestro el lugar – le hizo una seña para que lo siguiera y se
dio media vuelta comenzando a caminar adelante- y me dices que te parece.
Frank
no contesto, simplemente lo siguió
observando neutral el lugar, le saldría bastante cara la hospedada ahí,
pensó. Después de todo era un departamento con muchos lujos.
Su
decorado era bastante exótico y delicado, color crema y caoba según podía
apreciar al llegar a lo que sería el living, habían exactamente tres muebles de
tres plazas cada uno, ambos totalmente blancos, con cojines blancos también, con
simples detalles de cuadros a escala color gris. Una alfombra fina de un color pardo hacia armonía de
colores con el resto de accesorios, esta pasaba debajo de los muebles,
tapizando casi todo el espacio del lugar. Enfrente un gran ventanal,
prácticamente alrededor de toda la sala, estas hacían de paredes completamente
de cristal que dejaba ver las hermosas arquitecturas de los demás edificios
vecinos en la ciudad. Creando una vana ilusión, un panorama estupendo. El piso de madera, relumbraba de limpio, daba
como molestia pararse en él y no admirar el acabado de la madera. Diversos
cuadros y maceteros muy bien ubicados le daban un toque único. Sobre todo las
pinturas que lo más seguro eran pintadas por el mismo. En el techo colgaba un
bonito candelabro de cristales en forma de lluvia, la iluminación era perfecta
creando una agradable vista.
Quería
seguir deleitándose con la belleza que poseía ese lugar, pero la voz suave y
aguda de Gerard lo saco de sus pensamientos.
-Esta
es la sala como te habrás dado cuenta – comento con obviedad- déjame mostrarte
lo más importante, donde dormirás –Una pequeña risilla se dejó escuchar del
pelinegro. Frank no le prestó atención.
Gerard
se dirigió hacia uno de los pasillo, de seguro ahí estaban ubicadas las
habitaciones.
Esperaba
se encontraran la una a la otra. Eso facilitaría su trabajo.
Iero
le siguió de cerca, observando cauteloso los pasos que daba su arrendador, no
pudo evitar mirarlo minucioso, detenidamente su espalda y bajar lentamente por
sus caderas.
Hizo
un análisis mental, tenía una muy buena retaguardia y piernas largas.
Buen
cuerpo.
Sin duda eso facilitaría todo.
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