jueves, 14 de marzo de 2013

Capitulo 1: Welcome to my life




Capítulo 1: Welcome to my life



-¡Oye! de veraz, gracias por dejarme  quedar en tu departamento- sonrió casual intentando terminar de convencer a su nuevo arrendador.

-No agradezcas- sonrió alegremente volteando a verlo –suenas como si no fuera  a cobrarte el alquiler-Alza una ceja- que vivas conmigo, en mi departamento no es gratis-Le guiña un ojo terminando de verlo escéptico.

Gerard Way es un hombre de 24 años, a su corta edad ya había logrado muchos de sus objetivos personales. Es un pintor reconocido. Graduado en la prestigiosa universidad de New York de Bellas Artes.  Tenía una gallería en el centro de la cuidad, donde siempre mostraba su talento al público, haciendo exhibiciones de su trabajo.

Su prestigio le costó caro, pasó de retratar rostros en las calles a exponer sus obras  a precios muy bajos en alguna feria.  El no necesitaba dinero, era heredero de una cuantiosa fortuna por parte de sus padres, quienes al morir le traspasaron todos sus bienes a su nombre. Así que no era por dinero que pasase por trabajos tan duros.
Su meta. Vivir de sus trabajos, de sus creaciones, de sus pinturas que tenían tanto que contar con echarles una mirada. Empezar de cero y luego vanagloriarse al decir que por su talento llego tan lejos. No por su dinero.  
Hoy en día, con las cuentas bancarias llenas en parte por su fortuna heredada y por su trabajo, podría decirse que se sentía realizado.
Pero mentiría si lo hiciera.
Algo faltaba.
Y es que su personalidad risueña y nada sería le hacía olvidar por momentos ese vacío en su interior, haciéndosele invisible cuando su adicción se hacía presente.
Y es que el hermoso pelinegro exitoso y adinerado solo tenía un defecto.
Uno muy pequeño y sin muchas complicaciones
Era adicto  al sexo sin complicaciones, para ser más exactos al sexo gay
¿¡Bueno a quien no le gusta el sexo!?
Es algo natural, normal.
Pero en Gerard nada es normal.

Gerard reside en un departamento bastante amplio y lujoso,  en el centro de New York.  No necesitaba tener un inquilino en su recinto, como muchos para costearse la renta, pero un muy buen amigo suyo, Matt  le había pedido el favor. Unos de sus amigo necesitaba hospedaje siendo nuevo en la ciudad, este andaba en busca de una habitación para alquilar, porque no podía costearse algo muy caro. Y que él no lo podía recibir por “x” razón.
En realidad no le interesaba saber los motivos.
Desde que le vio, dejaron de impórtale muchas cosas. Es más, en ese preciso momento solo tenía claro una cosa.
El chico le gustaba, y se lo llevaría a la cama así este fuera Hetero.
Además
Él vivía solo, así que, porque no permitir que alguien más le hiciera compañía.
Siendo el hombre
y.. con necesidades..
¿Porque no?

-Lo sé, Matt me comento que no necesitabas un compañero de departamento. Por eso te lo agradezco.
-¡Oh! Eso…. no te preocupes… emm –el pelinegro ladeo la cabeza hacia un lado como queriendo recordar algo, arrugo la nariz y se mordió el dedo índice, pensativo, a Frank le causo gracia esa mueca- ¿cómo te llamabas? – lo miro indeciso rascándose la cabeza.
-Iero, Frank  Iero- sonrió, vivir en ese lugar no sería tan malo después de todo. El pelinegro le causaba confianza, aunque el desconfiado debería ser otro.

Nunca se debe dejar entrar a un desconocido en casa.
Nunca se sabe que podría pasar.

-Bien Frank, déjame te muestro el lugar – le hizo una seña para que lo siguiera y se dio media vuelta comenzando a caminar adelante- y me dices que te parece.

Frank no contesto, simplemente lo siguió  observando neutral el lugar, le saldría bastante cara la hospedada ahí, pensó. Después de todo era un departamento con muchos lujos.
Su decorado era bastante exótico y delicado, color crema y caoba según podía apreciar al llegar a lo que sería el living, habían exactamente tres muebles de tres plazas cada uno, ambos totalmente blancos, con cojines blancos también, con simples detalles de cuadros a escala color gris. Una alfombra  fina de un color pardo hacia armonía de colores con el resto de accesorios, esta pasaba debajo de los muebles, tapizando casi todo el espacio del lugar. Enfrente un gran ventanal, prácticamente alrededor de toda la sala, estas hacían de paredes completamente de cristal que dejaba ver las hermosas arquitecturas de los demás edificios vecinos en la ciudad. Creando una vana ilusión, un panorama estupendo.  El piso de madera, relumbraba de limpio, daba como molestia pararse en él y no admirar el acabado de la madera. Diversos cuadros y maceteros muy bien ubicados le daban un toque único. Sobre todo las pinturas que lo más seguro eran pintadas por el mismo. En el techo colgaba un bonito candelabro de cristales en forma de lluvia, la iluminación era perfecta creando una agradable vista.
Quería seguir deleitándose con la belleza que poseía ese lugar, pero la voz suave y aguda de Gerard lo saco de sus pensamientos.

-Esta es la sala como te habrás dado cuenta – comento con obviedad- déjame mostrarte lo más importante, donde dormirás –Una pequeña risilla se dejó escuchar del pelinegro. Frank no le prestó atención.
Gerard se dirigió hacia uno de los pasillo, de seguro ahí estaban ubicadas las habitaciones.
Esperaba se encontraran la una a la otra. Eso facilitaría su trabajo.
Iero le siguió de cerca, observando cauteloso los pasos que daba su arrendador, no pudo evitar mirarlo minucioso, detenidamente su espalda y bajar lentamente por sus caderas.
Hizo un análisis mental, tenía una muy buena retaguardia y piernas largas.
Buen cuerpo.
Sin duda eso facilitaría todo.






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