jueves, 14 de marzo de 2013

Capitulo 2: Your Eyes



Capítulo 2; Your Eyes.


Lo que era una hermosa habitación se abría paso ante sus curiosos e inexpresivos ojos, dándole una mirada rápida termino de aceptar el buen gusto de su nuevo compañero.  El  estilo moderno en blanco y negro siempre ha sido de su agrado. Está seguro de nunca haber visto tanta exquisitez en una decoración, mucho menos tanto lujo para una sola persona. 
-Dime ¿qué te parece?–Una emocionada voz se escucha a lo lejos, más exacto a su lado izquierdo-¿Te gusta?-Se sorprende al sentir la voz del pelinegro rozándole la nuca, se ha quedado dormido, hechizado por la tenue vista y perdido entre un mar de pensamientos y recuerdos.
-Sí, no está mal –Su voz vacía se escucha neutral restándole importancia al asunto sin querer mostrar su verdadero asombro.
-El tapiz no me termina de convencer-Siente como la cercanía del pelinegro desciende, este se tira  a la cama quedando sentado, palmeando esta mientras una sonrisilla que no sabe en esos momentos como descifrar, se coloca en los rosados y delgados labios de su arrendador.  
-¿Quieres probar la cama?-Este se mueve minucioso arrugando un poco las sabanas acolchadas de encima- Esta suavecita-Confirma mirándole fijamente quizás. Como le gustaría poder ver sus ojos, poder apreciarlos a través de la gruesa capa negra de sus lentes. ¿Acaso es esta una insinuación? Como saberlo, el pelinegro podría resultar una cajita de sorpresas, que como un niño curioso estará más que gustosos por descubrir que trae adentro.
¡Sera interesante conocerte después de todo!
-Puedo notarlo-Eleva una ceja colocando una pequeña sonrisa sobre sus labios coquetos  -Ya tendré tiempo para probar –Lo último lo murmura lentamente, aprisionando su labio inferior, mordiéndolo levemente para dejarlo rojizo dejándole claro con esta acción que entendía muy bien sus indirectas y que no le era desagradable ese jueguito seductor.
Gerard solamente sonrió arrugando con sus dedos parte de las sabanas, ese pequeño actuar del castaño le dejo sin aliento. No podía quitarse de la mente ahora lo apetecibles que lucían esos pequeños labios rojizos, y lo mucho que se le antojaba tirar tan fuerte de ese aro plateado que adornaba su labio inferior. Ya tendría la oportunidad de hacerlo sangrar con sus dientes, todo era cuestión de esperar.  
Sin más se levantó caminando hacia la puerta, el nuevo inquilino lo más seguro querría privacidad para conocer mejor lo que sería de hoy en adelante su nuevo nidito de perdición desde su punto de vista.
-Te dejo a solas para que acomodes todo a tu gusto-Tomo la perilla de la puerta sin antes voltear a verlo de nuevo-Pediré la cena, como veraz iba de salida, cenaría afuera pero ya que no se pudo, te apetece ¿comida china?
-Bien, gracias Gerard ¿Pero no es mucha molestia? Si quieres puedes irte, por mí no hay problema.
-¡No! Como crees-Sonrió guiñándole un ojo-Aun no conoces del todo el departamento y aquí donde lo ves es bastante amplio, y no me sentiría bien dejándote solo y con hambre ¿Por qué tienes hambre ¡cierto!?
Para ser  yo un perfecto extraño, es muy confianzudo.
-Comida china me parece perfecto-Encogió sus hombros, tomando sus maletas para comenzar a desempacar.
Un “bien” fue lo último que alcanzo a escuchar cuando el sonido de la puerta al cerrarse le indico que por fin le dejaba solo.
Le da un vistazo una vez más a la habitación, tendría que acostumbrarse, hacerse la idea que esta se convertiría en su hogar por algún tiempo, su confidente entre él y sus pensamientos, su cómplice secreto que vería pasar cada uno de sus actos y quizás todas las noches que le regalaría a ese pelinegro molesto. Es demasiado risueño para su gusto. Muy confiado. De esas personas que piensan que todas las almas son puras, con buenas intenciones en todo lo que hacen. Que la maldad en los hombres no es más que un mito que se escucha en los periódicos sensacionalistas que exageran la realidad.
¡Ingenuo!
No lo conoce aún, pero por lo poco que lo ha tratado puede percibir la paz de su aura, tan contraria a la suya. Su ingenuidad. Se adueñara de ella, será divertido.

No sabes a quien has metido a tu casa Gerard.


~
-¿Diga?
-¿Dónde diablos estas? Llevo más de media hora esperándote ¿Qué te crees eh?
Sonríe al reconocer la voz de su amigo, le ha dejado tirado sin recordar que debía avisarle que no asistiría a su cita por obvias razones.
-¡Perdón!  Se me ha presentado una visita inesperada-Escucho como el otro bufaba al otro lado de la línea, pensando cosas erróneas lo más seguro-Y no es lo que tú crees-Se apresuró a decir.
-Si como no, ¿a mí me quieres ver la cara?-La voz se le escuchaba realmente molesta, mayormente este siempre bromeaba sobre la promiscuidad de su amigo, pero Gerard lo conocía demasiado bien como para enterarse de cuando este hablaba en serio –¿Tengo cara de pendejo o que Gerard?
-Si tú lo dices –Comienza a reír cuando escucha al otro maldecir en pleno restaurante-No soy yo el que lo está confirmando-Agrega burlón.
-No seas idiota…¿Con quién estas?

¿Acaso había una pizca de celos ahí? ¿Le estaba reclamando acaso?
-Luego te cuento Gabe, no seas metiche.
Antes de escuchar una protesta más le colgó. Gabriel Saporta era su mejor amigo, también su mejor acoston. Entre ellos siempre las cosas estuvieron claras. Nada destruiría su amistad, las relaciones amorosas eran muy complicadas. No nacieron para atarse a esas ridiculeces. Es mejor, la amistad con ventajas.  Estar siempre en las buenas y las malas, dándose apoyo mutuo, y porque no mimos y caricias un tanto intensas. Placer mutuo cuando el otro lo necesitara. Así lo veían ellos, por lo cual le parecía ridículo que este, a estas alturas le reclamara algo.  

~

-Se mira apetitoso-Comento Frank mirando la comida.
En la sala, en una pequeña mesita de cristal fino acomodo lo que eran dos platos con Tallarines fritos revueltos en trocitos de carne, los palillos chinos a cada lado. Y algo de alcohol para beber.  Un vino tinto fue el elegido por ambos.
Los dos sentados en la alfombra crema con la tenue luz de solo algunas lámparas encendidas.
-¡Así es! Buen provecho –Dijo Gerard antes de llevarse el primer bocado a la boca.
-¿No te vas a quitar los lentes?
Tenía mucha curiosidad por ver el color de estos, ni el mismo entendía ¿por qué? Sólo quería verlos, conocerlos.
No es más que curiosidad-se dijo a sí mismo.
-¡Oh! Cierto, perdón-Comenzó a reír de sí mismo-Pensaras que soy raro por utilizar lentes de sol, a estas horas de la noche-Se acomodó algunos mechones de cabello avergonzado.
En realidad si lo pensaba, el tipo era raro. Para Frank todo un desafío el conocerlo.
-No pasa nada-Tomo sus dos palillos, enredando un poco de fideos en estos para llevarlos hasta su boca, en el acto lo hizo mientras subía su vista para mirar como Gerard por fin dejaba de lado los lentes oscuros y por fin darle una clara visión del mar verdoso al que se acostumbraría más adelante.
-Estoy acostumbrado a usarlos sin importarme la hora- Frank se quedó por un momento solo mirándole sin habla, sin importarle todas las palabras que salían de la boca de ese hombre –Según mis amigos soy un adicto a usar toda clase de lentes- comenzó a reír de nuevo achicando sus ojos con esta acción.
Sus ojos son un delirio. Hechizantes por naturaleza y provocativos a simple vista. Eran de un muy bello pero raro a la vez, tono. Un verde esmeralda. Estos eran enmarcaban por unas  gruesas y largas pestañas negras. Dándole si se podía, aún más belleza al delicado rostro.
Lo admitía, poseía el ingenuo chico un punto a su favor. No era para nada feo, de hecho muy atractivo. Pero no cualquier belleza si no una muy peculiar. Su andrógeno compañero merecía que le apreciara por unos minutos más.
¡Que lastima!

 -¿Pasa algo?-Frank por alguna razón se había quedado callado, solo mirándole en silencio. Y si había algo que Gerard detestara era el silencio-Hay algo malo en mi cara-se llevó una mano al rostro, palpándose, tal vez sin querer se había  embarrado de salsa.
-……Nada-Respondió al cabo de un rato, masticando tranquilamente la comida, desviando la mirada hacia esta-Que podría estar mal con tu cara, nada-Tomo la botella sirviéndose un poco de vino-¿Te sirvo?
-Claro –Dejo de tocarse la cara para recibir su copa, brindando por llegar a ser buenos amigos, según palabras del mismo Gerard. Frank solo se limitó a asentir y sonreír forzadamente.

La cena fue bastante amena, Gerard no dejaba de hablar y contar chistes, ahora en sus manos solo se encontraban latas de cerveza, estas remplazaron el vino hace algunas dos horas. Frank ya se sentía un poco mareado por tanta palabrería del ojiverde.
Es que nunca se calla.
-Sabes de que tengo ganas en este momento –Ambos se encontraban sentados a lo largo de la alfombra, sosteniendo sus cuerpos recostados en los enormes muebles, Gerard se le había acercado peligrosamente invadiendo su espacio personal, muy pocas veces permitía que alguien tan siquiera soñara con esto, pero este alguien era otra cosa.
-¡No sé! Cuéntame Gerard. –Hablo despacio susurrando sobre los labios delgados del pelinegro, mirando como los orbes verdes cambiaban de color con la iluminación de las lámparas ¿Cómo se verán a la luz del día? Bueno, ya tendría el tiempo para apreciarlas.
-¡Bésame!-Y el murmullo de sus pensamientos se cortó en ese preciso instantes. El aliento tibio de Gerard se sintió agradable contra su boca.
Porque no. Tendría una excusa para callar esa boquita parlante.
Será un placer hermoso moreno,







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