sábado, 29 de marzo de 2014

Capítulo 10 • Bright lights been cast a shadow


Capítulo 10 • Bright lights been cast a shadow


Su respiración era lenta, muy calmada, tanto que si no acercara su cara a comprobar que verdaderamente se encontraba respirando, pensaría que el hombre acostado en esa enorme cama de sabanas acogedoras y suaves al tacto de algodón, es un cadáver. Su piel extremadamente blanca, que hacía que cada pequeño lunar en cualquier área del cuello y alrededores, resaltara y le invitara a sus ojos a apreciarlos por más de un minuto.

Se vio tentado de llevar la punta de la nariz hacia el pequeño anillo de lunares en la clavícula y luego dejar una marca rojiza con sus labios. El tiempo que ha tenido viviendo en ese departamento junto al pelinegro es poco, tanto que aún no ha tenido el tiempo de tener una intimidad más apropiada con el propietario de la gallería, más allá de lo que sucedió con ellos el día que decidió cortar la electricidad de ese complejo departamental.

Lo que sucedió esa noche cambio la perspectiva que se había creado sobre cómo abordar el plan a su manera, haciendo las cosas más sencillas y rápidas. Seguir el plan asignado por la cabeza de “Shades”, ese hombre que tan celosamente guardaba su identidad y que solo una sola vez le había visto la cara durante el tiempo que llevaba en la organización criminal, el hombre le hacía honor a ser la cabecilla, la mente sádica y  el cerebro de ese averno, era como la maldita sombra de la cual solo se oía hablar pero nadie sabía de su verdadera existencia. Esos ojos color amarillo como el ámbar, difícil de olvidar más no solo por el enigmático color pigmentado en sus irises, sino por el brillo hambriento de sangre que vio en ellos.

Desde un principio su mayor objetivo era ese, tener frente a frente a ese hombre. Y ahora el precio de ganarse un poco de la confianza de ese inmundo ser, residía en que cumpliera con la orden de acabar con el risueño pelinegro, pero tenía que hacerlo de forma lenta, siguiendo el condenado plan en el cual ganarse la confianza de Gerard, ese solo era el comienzo.

Pero desde esa noche cuando el deseo carnal se encargó de hacer todo su trabajo por sí mismo, sabía que seguir ese jodido plan se convertiría en su peor error. Después de todo en sus planes no entraba matarlo.

El pelinegro comenzó a moverse de un lado a otro como queriendo despertar de un mal sueño, los ojos de Frank le siguieron tentativamente sin dejar de preguntarse un sinfín de cuestionamientos y hacer más nudos confusos en su mente de los que ya tenía.

¿Qué fue lo que hiciste? ¿Por qué les interesas tanto? ¿Por qué te quieren muerto?

Los pardos ojos de Frank se achicaron al notar algo importante, debía averiguar que lazo unía a Gerard a esa organización, ¿debía haber algo oculto? Algo más allá de lo que sus ojos captaban. Luces que no estuvieran ocultas entre sombras, que brillaran y le dieran solución a todas las incógnitas sin salida.

Según la información que tenía sobre Gerard resultado de su propia investigación, el moreno de ojos verdes había perdido a sus padres en un incendio hace más de 10 años, al parecer fue un caso sin resolver porque según el informe forense, los cuerpos ya se encontraban sin vida horas antes.
Lo demás era información sin importancia, Gerard heredo la fortuna de sus padres muertos, vivió un tiempo con sus abuelos hasta que decidiera independizarse antes de tiempo.

Pero eso era poco o nada, debía saber más de Gerard, aparte de conocer su record de amantes, que era un casanovas rompecorazones. Podría asegurar que Gerard era un buen tipo y que no rompía ni un plato.

-Tu no sería capaz de matar ni a una mosca….-Dijo en voz baja observándolo detenidamente sin querer dejar un minúsculo espacio de piel sin admirar.

Pero…
Hay algo en ti….
Algo que me hace dudar en todo Gerard.
Tal vez el único que podría responder a todas sus interrogantes seria el mismo Gerard.
Quizá al final si quiero ganarme tu confianza.

El amigo del oji-verde, Gabriel se había marchado luego de dejar a Gerard dormido gracias a un calmante en su habitación y luego había dedicado su tiempo a fastidiarle con preguntas. El sujeto era suspicaz, desconfiado y para su mala suerte muy inteligente.  Si fuera un entrenador o profesor de la academia de policías le daría un +A, porque para ser agente se necesita desconfiar de todos y de todas. Solo esperaba que su intento de detective sucumbiera pronto y no metiera sus narices demás en donde no lo llamaban o sabía cómo terminaría. Si los de allá se daban cuenta que un cabo suelto entorpecería su trabajo estaba seguro de que manera lo mandarían a callar. Más sin embargo Frank no podía culparlo, el hombre solo estaba preocupado por su amigo, y como todo buen amigo solo quería cuidarlo.

Pero si Gabriel era astuto Frank lo era más, no había tenido que mentir mucho después de todo, si se encontraba en New York era por cuestiones de trabajo (Aunque sin especificar qué tipo de trabajo), su verdadero nombre si era Frank Iero, y si los contactos de Saporta llegaban hasta la base de datos policial, y sabía que como abogado del ministerio público los tenia, ahí no encontraría nada, Frank estaba más limpio que un sacerdote común.

Cuando sus ojos pardos volvieron a fijarse en el bello durmiente, este ya estaba despierto y le observaba con ojos somnolientos y confundidos.

-…eh.. ¿Hola?-Gerard sintió la voz pastosa por lo cual paso saliva por la garganta varias veces sintiéndola amarga, lo último que recordaba fue a Gabe abrazándolo mientras se dormía en un profundo sueño. Encontrar a Frank mirándolo tan fijamente le había tomado por sorpresa luego de despertarse.
-Hey…¿Te sientes mejor?

-..Ummm supongo… ¿Gabe?

-Se fue y me dejo ordenes muy estrictas respecto a ti-Le conto haciendo una mueca de burla y molestia al mismo tiempo-Tu amigo es un bribón rompeculos cuando se lo propone ¿sabes?

-..Algo se-Los ojos de Gerard se abrieron como si recordara algo para luego comenzar a negar con la cabeza avergonzado-¿Te estuvo molestando, no es así? …Ohh Frank no le hagas caso, el solo es muy exagerado y molesto.

-Si bueno, eso es lo de menos… al parecer te quiere mucho, por eso lo hace.

-Sí, a veces creo que demasiado.

-..¿Te molesta que se preocupe por ti?-Pregunto confundido.

-…No es que me moleste….es solo..-Se quedó callado un rato como asimilando sus palabras y ordenando sus pensamientos, luego de un rato respondió-Es solo que a veces es muy intenso.

-..¿Intenso?...no me lo tomes a mal Gerard, es normal que se preocupe por ti además….. no deberías de ser tan confiando respecto a mí.

-Acaso…¿Debo desconfiar de ti?... ¿Algo que deba saber?

Gerard lo pregunto achicando los ojos, de repente sintiéndose incomodo con la mirada que le ofrecía Frank cuando menciono eso último. Lo miraba tan intensamente con un brillo lleno de…. ¿misterios?, como si su mirada lo llamara a que descubriera todos sus secretos y le indicara que él conocía los suyos. Como si le dijeras que temiera y corriera, que escapara y se escondiera.

Pero ¿qué temiera a qué?

Y se escondiera ¿de quién?

Aunque nada de eso tenía sentido, a lo mejor se estaba imaginando cosas y la mirada del castaño no era más que fuerte y algo intimidante, aun se sentía algo mareado por la pastilla que le había hecho beber Gabe, a lo mejor su propio cansancio le hacía ver cosas, con la voz bajita y sintiéndose repentinamente tímido le pregunto -..¿Pasa algo Frank?

-….No, nada… -Lo miro un momento antes de desviar la mirada y levantarse solo para tomar una cajita en la mesita de noche al lado de su cama y luego llenar un vaso con un jarro de agua fresca que el mismo Frank había traído hace poco -Lo que te dije anteriormente solo es una observación-le dijo colgando una sonrisa burlesca en su rostro antes de entregarle el vaso con agua.

-…Gracias-Susurro mirando con ganas el agua, de repente fue consciente de lo seca que tenía la boca, se tomó todo el vaso de agua y se negó a la pastilla.

-Bien, no has comido nada y tu amigo me dejo claro que debía alimentarte y luego darte este calmante, pero primero déjame prepararte algo.

-..No tengo mucha hambre, pero una taza de café estaría bien-Gerard hizo el intento de levantarse pero un pequeño mareo le sobrevino por lo cual Frank lo tomo de la cintura pegándolo a él.

-Nada de café Gerard, te preparare algo nutritivo para que te devuelva las fuerzas por no comer como se debe -Le reprendió Frank al sentir que el pelinegro era tan manejable como un muñeco, para su contextura y altura no pesaba mucho, era bastante delgado y algo le decía a Frank que el pelinegro debía tener problemas con llevar una dieta y alimentación adecuada.

Sin replicas por parte del moreno, Frank se lo llevo a la ducha y decidido salirse antes de que la tentación se hiciera irresistible y terminara quemándose entre las piernas de ese hombre.
~

Estaba terminando de colocar la mesa con todo los alimentos que había preparado el tatuado hombre cuando Gerard ingreso, llevaba mejor cara que cuando se levantó, con sus ojos verdes llameando en emociones vivaces y una sonrisita agradecida en su rostro al ver la comida que le había preparado, llevaba el cabello ya seco al parecer gracias a la secadora, y una vestimenta casual de jeans viejos desteñidos y una camiseta negra.

Gerard se quedó sin palabras al ver la comida preparada, tenía que admitir que todo se veía muy bien y además olía exquisito. A pesar que siempre había sido de comer poco y últimamente sentía un gran nudo en el estómago que no le dejaba pasar los alimentos luego de aquel dichoso e-mail, ahora podía decir que sentía la necesidad de probar esos manjares.

-Todo se ve muy bien Frank, gracias.

-Espero que su sabor también sea de tu agrado -le dijo Frank con orgullo, siempre le había gustado cocinar además que de pequeño esto era más que una necesidad; una obligación- Son rollos de pollo rellenos de espinaca con queso crema y una ensalada clásica-dijo antes de que Gerard preguntara que eran-Adelante, sírvete.
Al final el moreno solo tomo dos rollos de pollo y una soda, no quiso probar la ensalada diciendo que no era muy amigo de los vegetales y no hizo caso de la sugerencia de Frank que era más saludable tomar un vaso de agua o un zumo de frutas antes que una cola. Terminaron comiendo en la sala mirando un tonto programa de dibujos animados porque a Gerard le gustaban.

-Vamos hombre, si los padrinos mágicos son divertidos-Agrego Gerard riéndose luego de una tontería que hacían el hada risueña de pelo verde y el niño de gorrita rosa y dientes de ratón.

-A mí me parecen muy torpes, pero si a ti te gustan-Se encogió de hombros sintiéndose repentinamente contagiado de la alegría que trasmitía el risueño oji-verde, era tan aniñado a veces, que a Frank le causaba una especie de ternura y algo más que no sabía cómo descifrar.

-….Bueno, si quieres podemos ver algo más…..ehh caliente.

-..¿Cómo? –Pregunto con la guardia baja, por estar sumergido ante el descubrimiento de nuevas emociones por culpa de ese atrevido oji-verde.

-Ya sabes, tengo varias porno que podríamos ver… homos, heteros, trios, orgias…algo de bondage- Gerard se mordió el labio interior al decir lo último.

“joder” pensó Frank con el pulso alterado.

Frank casi se atoro con la saliva.. ¿orgias? ¿bondage?  Vale y el que pensaba que el sujeto era aniñado y tenía una sonrisa inocente, lo que son las apariencias pensó, el pelinegro era un depravado cuando de sexo se trataba y Frank debía tener eso bien claro, lo que lo ponía más confundido era el llamado en respuesta de su propio cuerpo ante las sugerencia mencionadas por Gerard. Ese calor interior y el engrosamiento en su entrepierna solo significaban una cosa.

No lo dejo responder cuando ya le estaba dando play a una de esas películas, eran dos hombres los que salían al inicio hablando sobre el capítulo anterior en cockyboys o algo así, según se reproducía el capítulo las escenas variaban, y Frank sentía como comenzaba a sudar al sentir que Gerard se había sentado demasiado cerca de él. En el plasma las imágenes iban y venían, luego de toqueteos entre chicos jóvenes bailando y haciendo striptease al público, la escena cambio a algo mucho más íntimo y caliente. 

A Iero no se le grabaron los nombres que aparecían en televisión de las estrellas porno incluso dejo de prestar atención cuando los muchachos comenzaron a jugar entre ellos y las cámaras hacían acercamientos a sus virilidades erguidas y lubricadas.

-¿Sabes Frank?…creo que estoy demasiado duro para no entrar en acción también, así que…

El sonido del zíper bajándose le advirtió a Frank a que se refería ese pervertido pelinegro, cuando lo volteo a ver, Gerard ya agitaba su mano dentro de sus calzoncillos, con la boca abierta sorprendido por la audacia y picardía del moreno, Frank le miro perplejo.

Sí; ellos ya habían estado juntos y sí; esa noche lo hicieron más de una vez, pero de alguna u otra forma, una cosa había llevado a la otra, sin dejar cabida a la razón dejaron que sus cuerpos deseosos se complacieran, sintiendo que todo lo que hacían estaba bien, sin embargo ahora se sentía como si algo hubiera cambiado, sintiéndose algo cohibido al principio. Tal vez fue la sorpresa, lo arrebatadamente atrevido y sensual que era su arrendador y que no se esperaba el camino que tomaría una tranquila tarde entre ambos.

Si eso era, no podía ser otra cosa.

Frank en esos momentos se preguntaba si podía haber algo más erótico que ver ese cuerpo esbelto tirado en el sofá, con la camisa negra subida dejando ver el tenso abdomen, los pantalones caídos a la mitad de la nalga, dejando la punta rosada del pene duro como una piedra envuelto en los largos dedos alrededor, hacían la gloriosa vista, junto con el apretado saco debajo.

Y la televisión dejo de existir junto con los sonidos ahogados de los muchachos, el único sonido que su oído decidió captar fue la respiración agitada de Gerard, los tímidos gemidos que salían de vez en cuando y pudo ver como este se estremecía ante su mirada que no dejaba de barrerlo entero, esa era una preciosa imagen, tan nítida y erótica que sería un sacrilegio interrumpirla y participar en ella, aunque sus propios pantalones estuvieran a punto de reventar ante lo excitado que se encontraba y la boca salivara en exceso.

Frank lo único que decidió hacer fue poner su mano y apretarse el abultado miembro que palpitaba ansioso, y comenzar a hablarle al pelinegro para que se corriera para él, dejando de lado los estúpidos nervios que sintiera al principio.

-Tócate más fuerte -le gruño al ver que Gerard utilizaba su otra mano para apretarse los huevos y masajearlos -Eso es hermoso, lo haces muy….muy bien-Le dijo alentándolo, notando que su voz tenía un efecto delirante y morboso en el pelinegro que lo hacía estremecerse en placer –Deberías de verte, eres tan exótico y placentero Gerard, muy muy caliente -….gimió ronco al sentir como su propio orgasmo se formaba solo con esa majestuosa visión.

Y fue suficiente para que sus ojos se encontraran y el climax se llevara la razón de Gerard, se sacudiera en un delicioso y demoledor orgasmo, abriera la boca y gimiera fuerte cuando sus manos se mancharon de su esencia pegajosa y blanquecina..

-¡Oh! ¡Mierda!…eso..eso fue….wow -Fue lo único que alcanzo a decir Gerard cuando su respiración se volvía normal, y lo último que Frank escucho antes que abandonara la sala, rumbo al baño.

No quería que Gerard lo mirara, se sentía algo avergonzado de admitir que lo único que había necesitado para correrse fue apretarse un poco el pene y mirarlo, eso era muy muy malo.

Capítulo 09 : The lucidity hidden deep in sweet pandemonium

Capítulo 09 : The lucidity hidden deep in sweet pandemonium


-Claro, no te preocupes, al final la corte dictaminara que fue asesinato no premeditado.

Suspiro al sentir un constante repiqueteo en las sienes, se llevó unos dedos ahí para darse leves masajes circulares.

-Si señora Robinsón no se preocupe, a lo mucho serán 15 años de cárcel.

Rueda los ojos al escuchar el escandaloso llanto en el que cae la mujer de edad avanzada, no quiere enojarse, en verdad que no quiere, porque al final esa pobre mujer no tiene la culpa de que su único hijo al final sea un vulgar hombre acusado de asesinato en segundo grado, al dejarse influenciar por malas compañías y al final terminara cometiendo el error peor de su vida.

-Bueno a la orden, la espero mañana en la corte para la última sesión.

Con molestia surcando su rostro cansado dejando entre ver unas ligeras ojeras por no dormir bien, colgó el teléfono. Tomo un vaso de agua y una pastilla tal vez ayudara un poco a menguar el dolor de cabeza y el estrés acumulado.

Ese último caso que la fiscalía le hubiese asignado, hasta el momento había sido uno de los más tediosos y complicados que en toda su carrera como abogado defensor del estado de  New York,  tuviera que defender. Pero más por el hecho que le había tocado defender al malo, al culpable, no al inocente. Desde un principio no había casi nada que hacer, las pruebas hablaban solas por sí mismas y no había podido estar más contento con perder un caso, se había hecho justicia. Aunque al final lograra que le quitaran muchos más años de cárcel encima de los que le darían al sujeto.

Gabriel suspiro confuso, habían día que no podía evitar odiar su profesión o al menos no poder hacer nada cuando le tocaban este tipo de casos.

Con paso firme  se dirigió a la salida, llevándose una enorme y agradable sorpresa al toparse con su moreno amigo sentado fuera en un mueble en el salón de espera, tenía una taza de café en sus manos y la cabeza levemente agachada, como si hubiese algo interesante en el mundo de sus zapatos.

-Gerard-le llamo con una sonrisa sincera surcándole el rostro, este se sobresaltó y levanto la cabeza para mirarle, llevaba sus tan inseparables lentes negros puestos por lo que se privó de la verde mirada.

-…Gabe –Menciono con la voz algo ronca, fastidiado carraspeo arrugando graciosamente la nariz- Tu asistente es muy eficiente, mira lo que me dio-Levanto sus manos enseñando la humeante taza de café.

-Eso está bien-Sonrió sentándose a su lado-Hace mucho que estas esperando, le hubieses dicho a la eficiente asistente que me avisara.

-No quería molestar.

-Tú no molestas Gerard, eso ya lo sabes-Le miró fijamente para luego posar una de sus manos en la espalda de su mejor amigo-¿Cómo te encuentras?

Y he aquí la pregunta del año, la que no quería escuchar. Con un largo sorbo a su café para aparentar su fétido estado de ánimo, dibujo una sonrisa que fue más una mueca mal hecha en su rostro de finas facciones.

-…Susie te conto, cierto- Musito en voz bajita, la mirada oscura y determinante de Gabriel se lo confirmo-Estoy bien, supongo.

La sonrisa tierna y simple de Gabe le tranquilizo bastante, sabiendo que no era prudente surcar más el tema, conocía lo necesario y eso por los momentos era suficiente.

~

Con sumo recelo miraba el enorme plato repleto de pasta enrollada, la cual revolvía con un tenedor sin mucha prisa de llevarse el primer bocado a la boca.
-Seguirás jugando con la comida, o quieres que te la de yo personalmente –Molesto su amigo con un pequeño tono de reproche impregnada en la voz.

Luego de salir del despacho y enterarse de la poca comida ingerida por el oji-verde en 24 horas, se dispuso llevarlo el mismo a su restaurante favorito y asegurarse de que ingiriera toda la comida.

-No tengo mucha hambre.

-Deja de bromear-Le increpo comenzando a molestarse de la falta de interés que ponía Gerard en su propia alimentación-Vos mismo me contaste que lo único que has comido fue el desayuno que preparo ese sujeto que vive de arrimado contigo.

-Se llama Frank.

-Ya sé cómo se llama-Entorno lo ojos acusadoramente mientras el pelinegro pasaba de él mirándolo indiferente- Por cierto hiciste muy mal en comerle algo a ese “Frank” –Gruño el nombre al final.

-Solo fue amable, no hay porque ser tan precavido Gabe.

-Siempre hay que serlo Gerard-Le miro molesto, era increíble, a veces odiaba que su amigo fuera tan inocente e ingenuo con respecto a lo malo y psicópatas que pueden llegar a ser algunas personas-Y aunque te molestes conmigo y llámame sobreprotector y todo lo que tú quieras, pero averiguare por mi cuenta todo sobre ese hombre.

-Haz lo que quieras.

Fue desconcertante que el moreno se diera por vencido tan pronto y lo dejara tener la última palabra, conocía lo voluntarioso e insistente que era su risueño amigo, siempre le gustaba tener la última palabra. Sorprendido aun por la falta de ánimo que sin dudas se notaba de lejos en Gerard, lo escruto con la mirada mirando la fachada desprolija  y  la mirada tristona que llevaba el siempre vivaz oji-verde, el cabello lo llevaba revuelto, varios mechones negros cubrían parte del fino rostro, ahora no eran los lentes los que cubrían sus ojos, si no el pelo. Sin disimulo alguno paso sus descarados ojos por el cuerpo del chico frente a él, estaba tan delgado, el torso, los brazos, las piernas, por lo menos parte de ellas, lo que la  mesa no tapaba y alcanzaba a su escrutinio. Desde que lo conoció Gerard había sido delgado, pero también vivió una parte en la que sufrió sobre graves problemas alimenticios, llegando hasta el hecho de tener nauseas cada vez que mirara un plato de comida y gracias a ello fuerzas nulas hasta para sostenerse en pie, pero gracias a la ayuda de profesionales, la de él, Susie, Matt y de todos lo que lo quieren, salió de ese problema, es por ello que cada vez que este se resiente con la comida no puede evitar preocuparse.  

Además del frágil estado emocional que lo caracteriza, el correo del que le hablo Susie, ese comprador, todos los recuerdos del pasado, sabe muy bien que lo está afectando y lo que menos quiere Gabe es ver a su amigo en un estado tan vulnerable y depresivo por causa de ese oscuro pasado que tiene que ver con su familia fallecida. 

-Encontraste algo de tu interés-Levanto la mirada y Gerard le miraba con la nariz arrugada, no pudo evitar alzar una ceja y brindarle una sonrisita coqueta.
-Tú que crees, guapo.

-En estos momentos puedo ser todo menos verme guapo-Murmuro desdeñoso sin ocultar el leve enfado en su voz.

-Pues aunque lleves el delineador levemente corrido, siempre te verás guapo-Le guiño un ojo y comenzó a reír al ver la cara toda abochornada de Gerard, que en un rápido movimiento volvía a ponerse los lente para sol cubriendo su deplorable estado, con las mejillas sonrojadas y murmurando algo como que no debería habérselos quitado desde un principio.

-Vamos hombre, deja el bochorno y comete toda esa comida, que quiero ver todo ese plato vacío, luego te llevare a mi casa, tomaras una ducha y luego a dormir.

Sonrió complacido al ver como el pelinegro comenzaba a comerse los fideos.

-¿Por qué a tu casa?

-Porque quiero asegurarme que descanses.

-Lo puedo hacer en mi depa también, te quedas a dormir y listo.

-Ya lo veremos.

Gabriel se lo pensó un momento, no quería tener que toparse con aquel sujeto tatuado que tan mal vibra le daba, pero al mismo tiempo podía utilizar ese tiempo para enfrentarlo, tal vez y con suerte averiguara algunas cosas antes de tiempo.

-Voy a averiguar quién es ese comprador fantasma-Le dijo una vez que salieron del restaurante- Todo va estar bien Gee, ya veraz que no es más que otro comprador interesado en tu arte, solamente eso.

Gerard solamente asintió serio, sabía que Gabe tenía muchos contactos importantes y si decía que averiguaría solo para que él se sintiera mejor, sabía que lo haría, podía confiar ciegamente en su mejor amigo.

~


Un hombre alto, de mirada fría y oscura como el carbón al igual que su cabello rizado largo un poco más debajo de los hombros el cual llevaba amarrado en una cola alta, llevaba una camisa de manga corta negra dejando ver los hombros anchos y brazos torneados en gruesos músculos muy bien trabajados, el ceñido jean estrecho a las caderas dejando ver los fuertes muslos como se tensaban al igual que las líneas torneadas en el vientre al caminar. Caminaba de forma firme por los oscuros pasillos iluminados apenas por una luz amarillenta, algunos focos comenzaban a fallar titilando, creando una leve sombra como si conocieran el alma fría y oscura de su sanguinario poseedor. Sin perturbarse en voltear escucho unos desorbitantes gritos que venían de una de las tantas salas de ese marchito lugar, los gritos eran aterradores, desgarrados con fuerza, dejando todas las cuerdas vocales en ellos, reconoció que eran de una mujer. Suspirando molesto se voltio para ir a callar a esa escoria pensando que de nuevo sus chicos se encontraban jugando con el trabajo, con las víctimas. Pero rápidamente se dio cuenta que los gritos provenían de la sala que denominaban “Ejecuciones” una satisfactoria sonrisa burlesca se posó en sus duras facciones, prosiguiendo su camino, después de todo no tenía ganas de ver como torturaban a esa mujer hasta llevarla a la indudable muerte.

Prosiguió su camino hasta llegar a unas escalones para subir a la primer planta, con cada paso que daba menos escuchaba los lamentos de la mujer, al salir del subterráneo y cerrar la escotilla todo fue silencio.

Era sorprendente como cambiaba el lugar de uno lúgubre apestoso a sangre y muerte hasta uno sofisticado y fino.

-Por fin se calló la perra.

Murmuró sonriente, siguió su camino hasta llegar a una de las habitaciones donde sabía que se encontraba el, sabia para que lo estaba llamando así que toco la puerta y luego entro, no se sorprendió ante la escena que sus carboníferos orbes observaran.

En una amplia cama de dos plazas se encontraba encorvado con un cigarrillo en una mano mirando su indudable creación, su jefe. En el alfombrado piso ahora color carmín gracias a los surcos de sangre que salían de un delgado cuerpo tirado ya sin vida, era solo uno de los tantos juguetes de su jefe, sabía que si lo había matado es porque ya se había aburrido de él, o simplemente por sádica e insana diversión.

-Haz dejado el mensaje.

Marco se sobresaltó un poco al oír la fría voz de su jefe, se había quedado apreciando al joven ya sin vida en el piso, pensaba que se veía grotesca tanta sangre ensuciando los finos aposentos.
-Sí, Iero recibió el mensaje y no va ser tan idiota de volver a desobedecer.
Su jefe enfrente se acomodó mejor en la cama, irguiéndose y posando en el esos fríos y latentes ojos de color ámbar, los cuales brillaban con morbosa maldad escrutándolo fijamente. Algunos mechones oscuros se atrevían a posarse sobre las facciones que si eran finas también eran muy masculinas y muy bien delineadas.

-Angel ven aquí.

Sin quitar la dura mirada de la oscura de marco, llamo a otro jovencito que se encontraba al otro lado de la cama con la mirada perdida y lágrimas secas en las  delicadas mejillas.

El jovencito se acercó sin poder evitar temblar, se puso de rodillas a un lado de las piernas de su amo y poso la mejilla en el fuerte muslo del hombre de mirada ambarina.

-Buen chico-Marco miro como una cruel sonrisa se dibujaba en las finas facciones aun sin quitar la intensa mirada en su persona-Dime una cosa, ¿confías en que Iero haga ahora bien su trabajo?

-La verdad, sigo pensando que debió haberme enviado a mí a hacer ese trabajo y no al novato ese, pero si valora su asquerosa vida hará las cosas según lo establecido.

Hablo despectivo. Marco no confiaba en Frank, ni Frank en él, ambos se odiaban a muerte, y ese duelo no era ningún secreto para nadie de la organización.

-Confías demasiado.

-¿Cómo?

-Por la forma que tiene de moverse y lo poco que he visto diría que no es tan novato como parece-Corto bajando su mirada hasta posarla en el sumiso jovencito que posaba una mejilla tímidamente en una de sus piernas, llevo una de sus manos para comenzar a jugar con los cabellos negros y lisos de Angel para luego enterrar las uñas ahí y jalar de los azabaches cabellos hacia arriba haciéndolo gemir levemente y a sus ojos ámbar brillar de sadismo-Vigílalo personalmente Marco y si comete un nuevo erros….mátalo.
~

La patrulla se movió rápido al escuchar el llamado que se hiciera a la estación, esta vez el jefe de la unidad de homicidios del FBI había decidido ir por el mismo a la morgue luego que su unidad averiguara por la policía del estado en que habían encontrado el cuerpo de una mujer tirado en una zona baldía, ya este era el tercer cuerpo en el mismo mes, y por más que el levantamiento del cuerpo fue rápido, era de esperarse que algunos medios lo captaran y comenzaran hablar sobre el incidente. Por la similitud de la mutilación de ese cuerpo con los otros dos, no querían que la población de esa ciudad comenzara a hablar e inventar historias sobre un asesino a sueldo matando mujeres indefensas.

Al llegar a la morgue el encargado lo recibió con una extenuante sonrisa y mirada cansada, eran altas horas de la noche ya, pero el deber llamaba y el hombre rubio había decidido ver el cuerpo esta vez por cuenta propia.

-Detective McCracken –Lo saludo el doctor para luego llevarlo hacia donde tenían el cadáver.
-Hey Ray, que te he dicho de que me llames solo Bert.

El hombre de cabellera rizada solo se encogió de hombros y se apresuró a destapar el cadáver.

Bert arrugo el entrecejo ante lo que vio, el cuerpo de una mujer completamente mutilado, tenía la cara irreconocible, le hacía falta un pezón y ni hablar de las demás partes del cuerpo. 
“Maldición…” 


Capítulo 08 • Got you in my sights

Capítulo 08
Got you in my sights

Un dolor de cabeza y unas ganas tremendas de vomitar son los  achaques que reciben a Gerard por la mañana. Luego de una aspirina y un baño reparador, el daño en su estómago y el mal aspecto en su rostro pálido no desaparecen ni de broma, haciéndole sentirse fatal al recordar por qué se encuentra en tal estado.
Luego de ir a ese bar y tomar como condenado a muerte, pasar un rato con un sujeto de flamantes ojos azules y sonrisa burlona, el resto de la noche fue imposible parar los recuerdos que como demonios le susurraban al oído, unos cuantos tragos más, llorar un rato para desahogarse…dormir un par de horas y luego despertar mal humorado, tomar el auto y regresarse a las 4:15 am de la madrugada al departamento y dormir lo que restaba de sueño. No fue una buena combinación teniendo en cuenta que lo único solido que había ingerido era el desayuno que Frank preparo ese día en la mañana.

“Necesito café”
 “café, café, café y estaré mejor”  

Una taza de café negro y el cuerpo desamigado tirado en la silla con la cabeza de lado, encima de la mesa con la mirada puesta en ningún sitio en particular, perdida entre todas esas lagunas mentales que alguna vez tendrá que descubrir y dejarlas salir.

-….Mala noche …

Un brinco y el pelinegro casi bota con sus manos lánguidas la taza humeante que se encontraba a unos centímetros sobre su cabeza.

-¡Maldición!, a ti te gusta asustarme o es un nuevo deporte que estas practicando. –Alego sin ánimos el pelinegro que veía por primera vez con un dejo de fastidio en su mirada al hombre tatuado frente a él.

Este se encontraba recargado en la encimera, amabas manos a los lados, tomándola por los bordes, las piernas cruzadas una encima de la otra, Gerard no puedo evitar detallar el vaquero desteñido que cubría las fuertes piernas y la camiseta negra sin mangas que dejaba ver la sinuosidad de los tatuajes encima de sus músculos de los brazos. Su expresión era seria, detallando el estado amínico de su compañero de departamento.

-Bueno, no es mi culpa que no hayas reparado en mi presencia hace unos minutos, cuando entraste como zombie a tomar café que YO, ya había preparado-Apunto achicando las avellanas, queriendo leer las pálidas facciones.
-¿De qué hablas?
-….¿De verdad no prestaste atención? …vaya todo un caso de distracción fatal tenemos aquí-Molesto Iero, queriendo disuadir el aura pesada que se formaba alrededor del moreno de rústicos ojos verdes, los cuales se notaban cansados, hinchados, molestos con muchas recriminaciones en sus iris, y eso removió la incertidumbre de Frank.
-Me estas jodiendo-remilgo molesto Gerard, levantándose de la mesa y retirándose luego hacia su recamara.

~

Luego de una ducha con agua caliente, 5 tazas de café encima recordó que hoy debía impartir clases en la escuela. Con una cara de pocos amigos salió del departamento no sin antes echarle un vistazo a Frank que se lo quedo viendo con una mirada indescifrable desde la sala. Ya tendría tiempo después de disculparse por su mal comportamiento en la mañana pensó aprehensivo Gerard.
~
Frank se quedó observando como el pelinegro desaparecía de su vista, con cierta picazón por saber qué fue lo que le paso a Gerard para que se cargara tan mal genio esa mañana.

Algo grave tuvo que ser, pensó. No por nada ese comportamiento, con el poco tiempo que lleva compartiendo con el pelinegro, ha podido leer entre líneas su manera de ser, su personalidad extrovertida, seductora y alegre. Con esa sonrisita petulante que logra sacar de quicio a Frank, de maneras perturbadoramente diferentes, por un lado le dan ganas de borrársela de un golpe y por otra de estamparlo a la pared y comerle la boca.

Se dirigió hacia la sala y contesto el móvil, dirigiéndose al gran ventanal el cual brindaba una formidable vista del cielo azul, despejado a esas horas de nubes y sus edificios vecinos se encontraban de manera simétrica dejando ver a lo lejos la playa en su total esplendor, con una ceja alzada se quedó mirando un punto entre todo ese baraje de edificios y concreto. Por alguna razón los demás edificios le llamaban la atención.

-¿Quién habla?-Su voz sonó fuerte y decidida, el numero salía como privado y podía hacerse una idea de quien se trataba esa llamada.
Una risa de fondo hizo un desagradable sonido garboso y la respiración de cerdo bastante pesada, Frank no tuvo que deshacerse pensando mucho para saber de quien se trataba.

-Marco –Afirmo entre dientes sintiendo su propia voz más grave de lo normal, ni nada más ni nada menos que uno de los asesinos a sueldos más buscados de la zona por el FBI. Enumerando las listas y también encabezando a los pocos hombres de confianza de “Shades”; un grupo, organización, o como se le quiera llamar, donde la criminalidad es solo un sinónimo de lo que verdaderamente se hace ahí. 

-El mismo-Una voz igual de grave que no tendría nada que envidiarle a la de Frank se dejó escuchar-Debo sentirme alagado de que me conozcas tan bien como para reconocer mi risa-Frank podía figurarse la cara de perro burlona que tendría en esos momentos, y agradeció estar lejos porque si había algo que detestara, era verle el cinismo en las duras facciones de ese hombre y las ganas de romperle todos los dientes de la boca estaban presentes siempre en los ánimos caldeados de Frank.

-Yo que tú, me preocuparía-Le respondió Frank firme-¿Y ahora si me vas a decir a que debo tan desagradable llamada?

La risa garbosa se dejó escuchar de nuevo dejando en Frank una mueca de desagrado.

-Tengo un mensaje para ti, al parecer no tienes muy contento al jefe.

-No me digas, y desde cuando te utiliza a vos para decir las cosas-Le espeto Frank comenzando a molestarse-A perdón se me olvidaba, si vos no sos más que una perra arrastrada, que le lame las bolas al jefe terminando el trabajo sucio para mantenerlo contento 

¿Decime una cosa? ¿Tan buena es la paga que hasta dejas que te rompa el culo cuando se le antoje? ¿huh? –Sin dejar que el otro argumentara siguió con su cínico  discurso- El otro día se te vio renqueando, acaso ¿la perrita se portó mal?, por eso no podía caminar-Afirmó-¿Tan duros son los castigos? –Se burló con una risa estrangula e irónica.

-Hijo de perra-Dijo entre dientes.

Frank comenzó a carcajearse del odio que desprendía el sujeto ese hacia él.
-Cuando te agarre hijo de puta-Lo escucho decir.

-¿Qué? ¿Qué me vas hacer?-Siguió molestando- Vos no podes tocarme ni un huevo idiota, así que te aguantas maricon de mierda, ahora te vuelvo a preguntar ¿Para qué me llamaste?

Ahora fue turno de Marco de comenzar a reírse al sentir el coraje cargado en la voz de Iero, era tan fácil sacarlo de quicio como también era de tenerle mucho cuidado.

-Pero si seguís portándote mal, ¿quién crees que va recibir el castigo Iero? –Pregunto con un tono característico de crudo sarcasmo y burla, dándole vuelta al humor negro del chico tatuado-Ya sabemos que fuiste vos quien causo el fallo eléctrico en ese edificio, ¿Qué planeabas ah? ¿Cargarte a Way antes de tiempo?, eres un imbécil si pensabas que no nos íbamos a enterar-Frank se tensó al oír eso último- El mensaje del “Jefe” es que no hagas nada estúpido, sigue el plan Iero, eres un eslabón fuerte sería una  verdadera lástima perderte-Lo escucho chasqueando la lengua al decir lo último terminando el mensaje-¿Pero sabes qué?, por mi podes meterte ese plan por donde te quepa, y cuando eso suceda, te cazare mariposita.
La respiración de Frank se truncó un poco, sintiendo como la furia comenzaba a llenarlo entero, era obvio, como fue tan idiota, ingenuo. Tanto entrenamiento tirado por la borda, mira que venir a fallar en algo tan fácil.  Debió suponer que lo estarían vigilando, ¿que confiaba en él?, patrañas. Y lo que menos necesita es que el “jefe” desconfié de él.

Además Marco es un sujeto de tenerle mucho cuidado y no llevársela de bribón con este último.

-No te confundas Marco, que aquí el único que caerá de los dos va ser otro -Sonrió con malicia en la voz al solo imaginarse ese día-Dile que todo es parte de la estrategia y que yo sé cómo hacer mis cosas-Apretó los dientes al final.
-Te estaré vigilando Iero, y al primer descuido te cazare.

-Vete a la mierda-Escupió tirando el celular al sofá con fuerza.

Comenzó a caminar de un lado a otro calmando la respiración que la sentía entrar y salir quemando su garganta. Se encontraba furioso al sentirse observado, eso solo traería serios problemas para sus verdaderos planes, lo que suponía andarse con mucha más cautela.

-Gerard, Gerard, Gerard-Murmuro mirando hacia fuera del ventanal-¿qué fue lo te sucedió ayer?-“Tengo que saberlo” pensó.

Tendría que vigilar más de cerca al pelinegro, nada podía escapársele de las manos.

Se tiro en un sofá una vez ya calmado, ideando una manera de acercarse mejor al moreno de ojos verdes. Esa noche no todo salió mal, si había desacatado una orden del cerdo ese, pero vamos al final los resultados fueron muy buenos.
Se relamió los labios recordando la adrenalina lujuriosa que recorría su piel esa noche.

>Flashback<

Se encontraba sin camisa, solo con un vaquero desalichado de las rodillas y de las puntas, el cabello algo revuelto, acaba de tomar una ducha. Tomo su móvil mirando el tiempo, ya era casi la hora en que esperaba, el pelinegro arribara a su cueva. Abrió su bolso, y saco una hermosa navaja, con ese brillo tan característico del metal recién pulido y afilado. Paso la punta por un dedo haciéndose un leve corte en el anular, sacando un leve surco de sangre.

“Perfecto” pensó.

Esa noche ya lo tenía decidido, cortaría la energía eléctrica del edificio y acecharía a su presa entre la oscuridad, se olvidaría del malévolo plan que se le había asignado, no había necesidad de seguirlo. Querían muerto a Way, sí. Pero la forma en que lo planteaban era descabelladamente sádica. No entendía para que tanta mierda, si lo querían matar, que importaban las maneras, de una u otra forma era lo mismo.

Solo que Frank tenía otros planes y tal vez entre ellos no se encontraba el hecho de que Iero lo quisiera muerto completamente.

Mirando la navaja una sonrisa lobuna se formó en su rostro, si ya antes había engañado a la misma muerte, porque no podría hacerlo con ellos también. Después de todo, no matarlo, o matarlo de la forma que él quiere significaba un suicidio de todas formas, pero podría arriesgarse.

Se colocó la cuchilla en la parte de atrás, entre sus nalgas de forma estratégica, sosteniéndola con el mismo pantalón y los músculos de esa zona, dejando el lado afilado de manera que no rozara su piel.

Sintió llegar a Gerard al departamento, con agiles pasos se dirigió hacia donde suponía encontraría a su presa. La tormenta le daba un magnetismo espectacular a la oscuridad del living, pudiéndose notar como los relámpagos alumbraban la penumbra dejando ver la delgada silueta de Way, ese delicioso moreno con tan poca suerte.

“Una pena no probarte una última vez”

Cuando pensaba acercarse por detrás y sorber del aroma que se desprendía natural de la melena negra del oji-verde, su móvil comenzó a sonar, no pudo evitar quedarse tieso ante ese hecho.

¿Quien putas puede ser a esta maldita hora, joder?”

Con una mueca desfigurando su rostro tomo el endemoniado objeto, mirando incrédulo quien le estaba echando el plan a perder.

“Calling Jamia.”-Decía en la pantalla encendida de su cel.
¿Jamia? ¿Jamia?

“Mujer estúpida” Escupió en su mente, maldita la hora en la que se metió con esa mujerzuela maniática. Es que no podía estarlo jodiendo en cualquier otro momento.
Pudo ver como Gerard se asustaba ante el sonido del celular, sin percatarse al ver la indefensa silueta de ese moreno que cada minuto que pasaba a su lado le era imposible dejar de observarlo, prácticamente escrutarlo con la mirada. Queriendo meterse en su piel, en su mente, ¿Saber que había hecho, porque lo querían muerto?

Sin darse cuenta ¿Cómo? cuando menos lo espero sus pies lo llevaron hasta posarse cerca del pelinegro, mirando cómo una vez más parecía polilla atraída por la luz. Su celular volvió a sonar y Gerard pego un brinco mortal mirándose más pálido de lo normal junto a esto un trueno y vaya una película de terror hecha.

Escucho como Gerard le reclamaba, luego de calmarse encendieron una vela dejándole observar el color profundo que adquirían las esmeraldas de Way ante la opaca luz amarillenta de una vela, un olivo más oscuro y sólido,  ensimismado en esta nueva novedad y en la voz extrañamente ronca, que se introdujo por todos los poros de su piel, una cosa llevo a la otra y cuando se vino a dar cuenta, tenía los fríos labios de Way haciendo presión en los propios.

Sin perder más tiempo los envolvió con los suyos en caricias suaves para luego hacerse más fuertes y demandantes.

La lengua no se hizo esperar, adentrándose a su cavidad sintiéndola hasta la campañilla, tenía que admitir que Gerard sabía muy bien como besar, como dar y recibir placer, el maldito era un experto en el tema. Sobre todo porque esta vez no se encontraba borracho. Un gemido ahogado se dejó escuchar de entre sus labios, Gerard ahora lo mordía y pasaba su lengua por sus dientes.
Sonrió entre el beso, él tampoco era un completo pelele en las artes amatorias, de hecho siempre le había gustado de una manera brusca y directa y se lo iba hacer saber.

Sintió como Gerard lo abrazaba por la espalda, por lo cual decidió que ya era hora de tomar el control, puso una mano en la cintura sujetándolo fuerte y otra en su nuca, acariciando y subiendo por el cabello algo húmedo por la lluvia, pero aun así lacio y sedoso a sus dedos, con su mano lo tomo del cabello agarrando fuerte un buen puñado de pelo, para luego jalarlo, eso provoco un gemido de sorpresa inicial en Gerard, cuando de este modo se desprendía del beso.

Sonrió lascivo mirando la barbilla y esos labios brillosos por la saliva.

Saco su lengua y delineo con ella la mandíbula subiendo por un lado derecho a la mejilla hasta llegar al oído, el cual lamio y mordió.

-Me gusta el sabor de tu piel-Le dijo con la voz ronca más de lo normal, respirándole en el oído a Gerard, dejando que su aroma se transpire en su piel, que su olfato lo esnifé, recorriendo el cuello el cual lamio y luego mordió cerca de la nuca –Pero quiero probar más –Gerard gimió ante estas palabras.

Frank envuelto en su propio placer no noto cuando las manos de Gerard bajaban por sus costados hasta posarse en sus dos respingadas nalgas, las cuales procedió a apretar.

Para cuando Frank se vino a acordar de la navaja situada en medio de su culo, Gerard ya lo había empujado cayendo los dos en el sofá más grande.
Sintió los labios del  oji-verde recorriendo su cuello, momento que aprovecho para actuar, sacando las manos del moreno de entre su cuerpo, tomando sus muñecas hacia atrás juntas sobre su propia espalda, sujetándolo luego con una la cintura y la otra las muñecas, le dio una vuelta brusca, quedando ahora encima.

Los ojos de Gerard brillaron libidinosos al verse en tal posición, con Frank encima sujetando sus muñecas tras su espalda, sin dejarlo moverlas sintiendo el amarre fuerte, sus dos piernas abiertas, Frank entre ellas, caderas y entrepiernas rozándose.
-Estas acorralado a mi completa merced- Frank sonrió de lado como todo un hijo de perra sin quitar su mirada igual de lasciva de los ojos de Gerard, llevo su mano libre y saco la navaja con mucho cuidado, sin perderse detalle de la sonrisa traviesa que adquirían los jugosos labios de ese lujurioso moreno.

Empezó un vaivén lento pero profundo, con todo y pantalones puestos aun, sintiendo como comenzaba su propio miembro a tomar grosor y rasparse en la propia tela del pantalón. Al sentir tal delicia comenzó con movimientos más rápido y erráticos, hasta sentirse por parte de ambos completamente duros y calientes.
Gerard jadeaba pasándose la lengua por los labios seduciendo a Frank, manteniéndolo hechizado con la brillante mirada de ese color tan mortal. Se acercó a besarlo de nuevo pero esta vez con completa autoridad y control, metiendo su lengua e invadiendo la cavidad de su boca. Levanto la mano con la navaja y la paso sigilosa por uno de los costados de Gerard. Sería tan fácil ensartarla en la carne, hundirla y dejar fluir ese hermoso liquido carmesí.

El moreno ensimismado en su propio placer no se daría ni cuenta de que fue lo que le paso, solo despertaría unas semanas después en una sala de hospital pero sin saber cómo llego ahí.
Pero su cuerpo funciona solo y de nuevo desobedeció su orden, quitando su mano con el objeto punzante y llevándolo bajo el mueble, metiéndolo ahí, donde Gerard no lo pudiera ver.

-Suéltame-Fue la ahogada suplica que le llego de Gerard entre sus labios-Vamos Frank, quiero..quie..quiero –Gimió de nuevo envolviendo sus piernas a la cintura de Frank, moviéndose al mismo ritmo que el tatuado.

-¿Qué quieres Gerard? –le mordió el cuello respirando profundo, los pantalones le apretaban y su adolorido miembro palpitaba por ser liberado.

-….Tocarte

Y eso fue suficiente para Iero.

Se quitó de encima con la intensión de bajarse los pantalones ya que era lo único que llevaba puesto y luego desnudar al pelinegro.

Pero Gerard no pensaba lo mismo, al solo verse liberado, se paró urgido subiéndose en Frank por la cintura lo que llevo al otro a sostenerlo por los glúteos, pero debido a la gravedad de los cuerpo Frank no pudo sostenerse, trastabillo hacia atrás enredándose en sus propios pies, ambos cayeron al suelo dejando solo un sonido de cosas quebrándose al caer sobre la mesita de la sala.

Frank solo ahogo un quejido de dolor, la espalda fue la afectada, a esto sumándole el peso de Gerard, este último en vez de disculparse comenzó a reírse haciéndole cosquillas en el cuello.

Negando sin poder creerlo y sintiendo los vestigios del placer aun, Frank lo tomo de las caderas fuertemente y se dieron vuelta de nuevo, y así comenzaron a rodar entre besos y mordidas por todo el living hasta llegar a un extremo de una pared.
Gerard quedo encima, se sentó sobre las caderas de Frank, mirándolo con extremo deseo y dibujando esa sonrisita traviesa en su rostro, por lo cual tiro de la camiseta, quitándosela para luego desabrocharse los pantalones propios y luego los de Frank, dándose cuenta que este último no llevaba ropa interior, sonrió tomando entre una de sus manos  el latente y húmedo pene de Frank. Lo saco del pantalón agarrándolo entre toda su mano, sintiendo la textura y el grosor, llevando el pulgar a apretar la cabeza, acariciando en círculos y apretando la pequeña hendidura del urinario.

Un Gemido ronco casi un grito dejo la garganta de Frank.
Si definitivamente Gerard sabía cómo dar placer. Y Frank lo estaba comprobando y vaya de qué manera.

Gerard rego el pre semen que humedecía el glande del duro pene de Frank, con su dedo pulgar, su toque no era suave sino todo lo contrario, sintió como el cuerpo del chico tatuado se estremecía ante las bruscas caricias de sus dedos, sin verlo venir tenía la mano de Frank en su cabello, tomándolo con fuerza y acercándolo a su boca, tragándose el aliento caliente del otro,  dejo que le abriera la boca y jugara con su lengua un rato. De nuevo dieron un giro brusco quedando Frank encima y sin prevenirlo este le bajo los pantalones con todo y boxer de un tirón brusco dejando que su nada pequeño pene rebotara en su abdomen.

-Pórtate bien –Medio gruño Frank quitando las mano de Gerard de su entrepierna y llevándola hasta su cabeza donde la sujeto junto con la otra, con las piernas abrió las de Gerard dejándole los muslos abiertos, tomándole la cintura le dio vuelta, dejando a Gerard boca abajo, aun con su mano alrededor de la cintura lo levanto hacia arriba dejando las apetitosas nalgas a su total disposición-Estate quieto ¡maldición!

Gerard gruño descontento en la posición que el castaño lo estaba colocando, sintiendo un molesto hormigueo en el vientre y un tirón en los huevos al escuchar la demandante voz de su compañero de departamento.

Frank puso rápidamente una mano en la asimétrica espalda, ancha y fuerte, la acaricio hasta llegar a la nuca la cual sujeto fuerte, dejando que el oji-verde solo posicionara su cabeza dejando la mejilla contra la alfombra.

Con la mano que sostenía las manos arriba de la cabeza de Gerard, hizo una leve presión en estas, diciéndole en una muda invitación que las dejara en esta posición.
Luego bajo la mano, le dio una tenue caricia a las nalgas, se escupió entre los dedos, y sin más los llevo hasta la entrada del pelinegro, empujando un dedo con fuerza para atravesar los anillos de músculos de su ano, luego de entrar hasta al fondo y escuchar el leve quejido del muchacho al cual prácticamente tenia sometido a su voluntad, metió el otro dedo, y luego otro, con tres dedos en su interior Gerard siseo al sentir el ardor inicial.

Con fuerza arremetía los dedos, sintiendo lo estrecho y cálido de ese lugar.
“La gloria” –Pensó Frank extasiado.

La respiración de Gerard se truncó al sentir como Frank comenzaba a invadirlo por dentro, el muy hijo de perra por lo menos lo hizo suavemente, dejando ir toda la longitud de su gordo pene.
Un gemido ronco de Frank se camuflo con la fuerte tormenta que comenzaba a caer, si definitivamente era el cielo, estar dentro de ese moreno.
Lo sentía tan caliente, tan estrecho, las paredes se pegaban a su eje de manera majestuosa, sin poder resistirse por más tiempo a que Gerard se acostumbrara a su invasión.

Gerard sintió como el castaño respiraba entrecortado al igual que él, en su lado más oscuro, debía admitir que toda esa rudeza con que Frank lo trataba lo excitaba de manera casi enfermiza, siempre era el quien solía llevar el control de la situación con todos sus amantes, pero esta vez dejaría que su voluntad se viera truncada, dejándose llevar por el placer que le invadía el ser penetrado por Frank de esa manera, tan cruda.

Con forme arremetía cada vez más profundo y certero, los jadeos de Gerard se convirtieron en gemidos, llegando al punto G donde el máximo placer se expandía por cada terminación nerviosa del pelinegro, haciéndolo gritar prácticamente.
Frank sonrió maldito, con la traspiración vistiendo su espalda en pequeñas gotitas que resbalaban por la sinuosa piel.

-Más rápido maldición-Escucho la ansiosa voz de Gerard, y complaciéndolo gustoso le hizo caso, sin detenerse a pensar en que la lujuria del momento hizo que ninguno se percatara que habían olvidado utilizar protección.  

Al sentirse casi llegar al climax, Gerard que hasta ese momento mantenía sus manos empuñadas aun sobre su cabeza, las llevo hacia las nalgas de Frank, metiéndole las uñas, queriéndolo sentir incluso más adentro, pidiéndole entre jadeos más fuerte.
Frank también estaba a punto, acelero sus arremetidas contra el culo de Gerard y llevo una mano a su pene, encontrándolo completamente empapado, unas caricias fuerte a lo largo y un dedo en el glande, y Gerard se dejó ir, manchando su mano y el alfombrado piso.

Dos embestidas más y también eyaculo con fuertes chorros de semen dentro del oji-verde, lo que lo mantuvo aun dentro, dejándose caer en la espalda de Gerard y calmando la errática respiración.

Así permanecieron varios minutos, en los que solo escuchaban como la tempestad afuera se calmaba y ellos se sentían completamente renovados, Frank se removió un poco sintiendo como el flácido pene se salía de esa cálida cavidad.

Escucho como una risita contagiosa escapa del moreno debajo de él, sin entender bien el porqué de esta, llevo su cara al cuello, el cual beso para subir a la mejilla, llevando una mano a la cabellera de Gerard y metiendo sus dedos ahí, siendo ya casi imposible mantener alejados sus dedos de los sedosos cabellos, ahora algo húmedos por el sudor.

-¿Que es tan gracioso?-Pregunto en un susurro que a Gerard le pareció insinuante y que se le antojaba mucho, al escuchar lo rota que se escuchaba su vos.
-Umm esto-Susurro Gerard igual-Tu, yo, así.

-¿Así como?

-Bueno al principio casi me matas de un susto-Le recrimino-Siempre me ha gustado vivir solo ¿sabes? Pero hoy por alguna razón me alegre internamente que estuvieras aquí.

-¿Cómo?

-….no sé cómo explicarlo, es solo que al entrar al departamento, sentí un mal presentimiento, no se-Se quedó callado un momento-tenía algo de miedo-Luego de eso de nuevo la risita de burla en su propia voz-Es estúpido lo sé.

-No, nada de eso, tener miedo no es estúpido-Finalizo Frank, sintiendo algo extraño en su cuerpo, tensando al descubrir el bien acertado miedo del pelinegro. Porque el peligro lo estaba acechando demasiado cerca, respirándole prácticamente al oído.

Luego de un silencio para nada incomodo, Gerard decidió romperlo de nuevo, con un comentario fuera de lugar, con connotación sexual.

-¿Repetimos?

Fue la escueta pregunta, solo vasto unos segundos para que ese fuego recorriera de nuevo su cuerpo, y el deseo lo encegueciera completamente haciendo temblar cada partícula de su cuerpo.


Y así terminaron parados con el acorralando a Gerard en una pared, este con una pierna en su cintura y el de nuevo probando su perdición entre las nalgas de su adonis.