sábado, 29 de marzo de 2014

Capítulo 05 •If you play, you play for keeps


Capítulo 05 •If you play, you play for keeps 


El cielo antes azulado, antes radiante por el sol, ahora se encontraba grisáceo, las nubes danzando y arremolinándose unas con otras, cada momento más oscuras,  dando a entender que una mortal tormenta caería sobre sus cabezas.
Dos chicos sumamente concentrados en una conversación que no llegaría muy lejos, a nada prácticamente siendo que uno pensaría que la paranoia del otro no es más que simple posesividad disfrazada de exagerada preocupación.

La mesera regreso con sus pedidos, obligándose a apartar sus miradas el uno del otro.

-Gracias-Murmura Gee cohibido, la mesera solo le guiña un ojo y se marcha.

-Lloverá-Afirma Saporta con su mirada puesta en el horizonte ahora negruzco, reflejando en su mirada un estado somnoliento, tranquilo, olvidándose momentáneamente del camino de la conversación anterior, deteniéndose un segundo a desviar su mirar, y divagar su mente antes de querer darle un coscorrón a su amigo por ser tan distraído y no poner verdadero interés al problema –Sera mejor que te apures esa malteada y las galletas, antes que comience a llover.

-Pero voy empezando apenas-Reniega el pelinegro para luego hacerle puchero batiendo su espesa bebida con una pajilla, mirando perplejo como su amigo devoraba las galletas y tragaba con suma rapidez su bebida -Tú como ya casi te atoraste el desayuno-Le reclama levemente sorprendido por el apetito voraz del latino.

-Eso es porque eres un lento, le pides permiso a tu boca para masticar  -Mira su reloj y luego frunce el ceño al poner su fastidiada mirada en el pelinegro de facciones hermosas, deteniéndose de nuevo a observarlo, la manera casi aniñada que tiene de jugar con su batido, cogiendo la pajilla con la punta impregnada en sustancia rosada para luego chuparla de la misma punta de una manera muy sugerente, y al final  fruncirla con un reproche fingido hacia su amigo.

Saporta gruñe molesto ¿Por qué tiene que perderse siempre en su rostro? ¿Por qué tiene que gustarle tanto ver esa boquita fruncida y hacerle perder la concentración para salirse siempre con la suya?!Maldito Gerard! Malditos sean sus rojizos labios y sobre todo esas ganas que tiene siempre de comerle la boca de un mordisco.

-Apresúrate Way no estoy bromeado, además me harás llegar tarde al trabajo.

-¡Perdón!-Le mira irónico- yo no fui quien interrumpió en mi casa y prácticamente me arrastro hasta acá, bien hubiese podido desayunar tranquilamente en mi depa y en compañía de Iero-Menciona en voz alta sin percatarse el efecto que pronunciar ese apellido tuvo en el otro.

-Que has dicho grandísimo ingenuo-Da un fuerte golpe contra la mesa con el puño cerrado, asesinándolo con la mirada -Solo eso me faltaba, preferís pasar tu tiempo con ese prácticamente completo desconocido, que conmigo, que te conozco de toda la vida y que siempre está AHÍ PARA VOZ-Le grita lo último sintiendo una corriente de furia subir por sus venas-Es el colmo contigo-Escupe con ácido cada palabra.

Gerard solo abre sus ojos en sorpresa, no se esperaba esa reacción tan brusca del siempre apacible y bromista Gabriel.

En realidad lo dijo sin pensarlo, solamente salió de su boca como un maldito vomito verbal, era cierto que lo pensaba, pero no como las historias exageradas que se hacía su amigo en la cabeza, no porque Iero fuera más importante, eso nunca sucedería, Gabriel es su mejor amigo y como tal tenía un grado bastante elevado de cariño y amor reservado solo para él, aparte de la admiración y confianza que guardaba secretamente Gee hacia ese celoso chico, que hasta rojo de la cólera se encontraba en esos momentos.  

Estaba caliente no lo iba negar, Frank despertaba en el ese instinto sexual animal que le hacía hervir la piel, perder la cordura un momento y desear con fervor y apetito ese sutil espécimen masculino. Maldición necesitaba cogérselo ya mismo, y sinceramente no tenía cabeza para otra cosa, no hasta que saciara ese lado oscuro que nace en lo más profundo, esa enfermiza e incontrolable sed. 
Más allá de eso no había nada, absolutamente nada y Gabe ya debería saberlo, lo conocía, por lo cual sus celos eran absurdos.

Un fuerte suspiro escapa de sus labios, mirando serio a Gabe.

-No te entiendo, en serio que no logro entenderte.

Tal vez no debió levantar la voz, tal vez si exageraba un poquito con sus inseguridades y miedos, pero vale, los celos le estaban quemando las entrañas y eso que apenas conocía al tatuado.

Un Gerard serio, hablándole entre dientes, lo que menos quería era enfadarle, porque vaya que era todo un acontecimiento, un Gerard enojado sí que daba escalofríos. Contadas veces ha visto al siempre contento y enérgico moreno enojado, ese chico que siempre tiene una sonrisa para todo, una mirada juguetona y muchas veces pervertida pero siempre dulce y tranquila. Su lado agresivo solo lo ha conocido en la cama y se lo reserva como tal ya que fuera de ella sí que daba miedo.

-Sabes lo importante que eres para mí, así que mejor cierra esa boca pedazo de idiota, me rompen las bolas los celos y lo sabes.

-No son celos …Gerard yo…yo …!ah! maldición, es que ese sujeto  no me cae sabes, y siento que no es buena idea que lo tengas en tu casa tan cerca de ti-Respira rápido para luego morderse un labio y voltear su mirada hacia otro lado que no sean los ojos del pelinegro- no, no me fio de él, es todo.

-…..¿Seguro?

-¡Sí!

Y de nuevo el silencio hace acopio, dejando oír solo como Gerard se come sus galletas amenamente sin prestarle atención al grado de ansiedad que está alcanzando el más alto al tener una pregunta en la punta de la lengua y no saber cómo formularla y ser demasiado obvio, pero es que vamos, quiere saberlo, necesita saberlo.

-….Gee……tú y el anoche…-Gerard le mira y nota como aparta su mirada de él de nuevo, nervioso.

-No pasó nada-Responde seguro-Solo cenamos.

Odiaba mentirle de esa manera tan descarada a una de las personas más importantes en su vida, pero mierda, ni él sabía a ciencia cierta hasta donde habían llegado anoche, porque algo paso, aunque solo recuerde el cosquilleo impreso en sus labios.

-Entonces…-La sonrisa radiante de su amigo le hizo sentir más culpa, aunque no debería porque después de todo él es libre de hacer lo que se le plazca y si quiere coger con Iero, lo hará y punto-¿Me dirás porque decidiste alquilarle un cuarto? ….digo sé que amas tu privacidad y no tienes ninguna necesidad de dinero para obtener un pago extra.

-Ya te lo dije Gabe, es solo para ayudarlo y de paso a Matt.

-Gee…sé que me meto demasiado y tal vez te molestes pero…que sabes tú de Frank, digo ¿sabes a que vino a New York? No sé ¿qué hace por ejemplo?
-Jummm…

Gerard lo miro sin saber que decir, ahora que lo recordaba no sabía nada de Frank, pero era apenas el primer día, ya habría tiempo de conocerlo, ¿acaso debería también desconfiar de su amigo matt?

-…Ves que tengo razón en preocuparme.

-Gabe te haces demasiadas telarañas en tu cabeza, déjalo ya si, que ya sabré lo necesario de Iero, además no es como que quiera ser su mejor amigo, hacernos íntimos de la noche a la mañana y se convierta en alguien importante en mi vida, yo so..

-Solo quieres jodertelo, y que te joda a ti, eso ya lo sé.

Lo mira ceñudo mientras el otro solo niega con una pequeña sonrisa en sus labios, ¡mierda! Como es que lo conoce tan bien.

-Bueno no era eso lo que iba decir.

-sabes que es así Gerad, te conozco y no vas a dejar pasar esta oportunidad.
-Lo que digas-Se encoge de hombros.

-¡Hazlo!, hazlo de una maldita vez y así se te quita el interés y cuando eso pase querrás tener tu privacidad de vuelta y votaras al tatuado ese.

-¿Quieres? ya me llene.

Con una ceja levantada y antes de volverse a enojar con ese pelinegro despistado que para desgracia suya resultó ser su mejor amigo, que cambia de tema como si nada, coge el vaso casi más arriba de la mitad de sustancia rosada y se lo lleva a la boca. Pensaba reclamarle por comer tan poco, es por eso que esta tan flaco, lo bueno es que él puede hartarse hasta morir y la comida como si no le hiciese, porque sigue igual de flaco, y eso es genial. En cambio Gee debe mantener una dieta estricta ya que sabe que es muy susceptible con su aspecto y algo que detesta es subir de peso, recordándole sucesos en su niñez y pre-adolescencia dolorosos, por parte del desorden alimenticio que sufrió.

 Gabe sin darse cuenta de lo que hace y de la manera en que le pone al otro su manera nada inocente y atrevida de chupar la pajilla, tomarla entre sus dedos y deslizar la lengua como un niño por la abertura de abajo donde el líquido escurre.

-Deja de hacer eso-Le reclama con la mirada molesta, algo perturbada.

-¿El qué?

Parpadea confundido sin comprender.

-¡Eso!-Gruñe-Con tu boca-Repite sintiendo la respiración pesada del moreno.
Gabe sonríe comprendiendo esa mirada, sintiendo ese asqueroso cosquilleo recorriendo toda su columna al notar la reacción del otro.

-Y qué pasa si no quiero dejar de hacerlo-Se ríe burlón-Solo estoy saboreando la bebida, no seas obsceno y saca tus ojos lujuriosos de mis labios que no obtendrás nada.

Gerard le lanza una mirada curiosa y juguetona, intercalando su mirada notando como sus ojos cambian y se oscurecen impregnados de deseos en segundos.
-Te lo advertí- Sonríe malicioso.

~

El cubículo del baño es pequeño y tal vez no sea el mejor lugar respecto al olor a cloro y desinfectante que se cuela por sus narices haciéndole sentir nauseas al más alto, pero esto dura poco, cuando el moreno lo pega contra la puerta cerrándola y chocando su espalda con rudeza sin darle tiempo a observar nada más que no sea él, y como si quisiera hacerlo, cuando lo único que quiere ver y sentir es siempre ese impertinente pelinegro que en esos momentos le susurra cosas obscenas al oído para luego dejar salir su escurridiza lengua y lamerle el lóbulo haciéndolo temblar, más cuando siente esos curiosos y largos dedos metiéndose por dentro de la camisa haciendo su propio recorrido, y ya está, cayo redondito otra vez, atento y dispuesto a complacer los capricho de su amigo, de su cachondo y siempre caliente Gee.

No lo soporta, pone las manos en sus muslos apretando y sintiendo ya la dureza del moreno chocar contra su pierna izquierda, sonríe satisfecho al sentir como la suya propia comienza a responder ante los estímulos del más bajo, endureciéndose ante su toque, ante su presencia y como si no fuera suficiente estimulo el sentirlo así, restregándose contra su pierna caliente y puesto. Sin más dirige una mano hacia la cintura de Gee y la otra la deja en un muslo, para levantarlo y hacerlo que pegue su rodilla a la altura de su cintura en la puerta, para comenzar a rozarse fuerte entrepierna contra entrepierna, elevando un poco más a Gerard para que alcance, y el contacto se siente electrizante, tanto que no puede evitar jadear y elevar la cabeza hacia atrás, mientras siente la lengua de Way en su barbilla, deslizándose impetuosa,  dejando la piel brillosa en humedad para luego mordisquearle una mejilla.

“Ahh  joder G..ee”

Suelta queriendo más, el otro hace un pequeño ronroneo que lo enciende aún más, y como si pudiera ponerse más duro y sentirse correr en muy poco tiempo como bendito crio hormonal que no soporta nada, pero es que vamos, es Gerard y con él estas cosas siempre le pasan.

Con la respiración pesada Gerard le toma con la mano que tenía a un lado de la cabeza de Saporta, del pelo, brusco lo jala hacia abajo buscando demándate la boca del otro, un beso con mucha saliva, mordiscos, lenguas, dientes, gruñidos, parecen animales con demasiadas ganas y ansias de comerse la boca mutuamente.

En la mente de Gabe no cabe otra cosa más que eso, que su Gerard.
Siempre lo desea, siempre se entrega a lo más que da, tratando de seguirle el paso al otro. En cambio Gee sabe lo que le gusta, sabe complacer y demanda que se le complazca igual, se entrega al deseo propio, al insano, sin tener nada más en su mente que sexo crudo y desinteresado.

Los roces cada vez son más fuertes, con movimientos de caderas sincronizados,  rápidamente Gabe como puede desbrocha su cinturón bajando la cremallera y dejándola con todo y bóxer hasta sus rodillas, lo que menos quería era correrse y mojarse el pantalón con su semen. Gee solo le mira con una risilla colgando de sus delgados y comestibles labios, llevando su mano hasta su pene y tomándolo fuerte de la base, gime por el apretón para luego sentir sus rodillas temblar cuando Gerard comienza a follarselo con la mano, no es mucho lo que dura así, más cuando sus ojos se topan con los oscuros y dilatados de su amigo.

“ohh mierda” grita cuando se corre fuerte y rápido manchando parte de su cadera y mano del pelinegro.

Su respiración alterada es la única que se escucha en ese lapso de tiempo en el que su cerebro deja de funcionar y el placer se lo come vivo.

-Humm …..-interrumpe el moreno sacando al otro de su estado feliz –Gabe y ahora donde me limpio.

La voz algo aguda de Way que siempre sorprende al otro ya que la suya está completamente ronca, sale inocente mirándole a los ojos, con esa sonrisita perversa brillando en su cara.

Es un descarado y así lo demuestra llevándose uno de sus dedos manchados de la esencia del otro hacia su boca para luego ahuecar las mejillas y chuparlo como si de una paleta deliciosa se tratase.

-…Ge..gerar no hagas eso-Se atraganta volteando su rostro sonrojado para otro lado, esa imagen es demasiado para su propio morbo, y es que el pelinegro siempre lo supera.

-Salado y amargo, me gusta.

-¡Oh por Dios!

Gee solo se ríe, sentándose en el inodoro con el tapadero cerrado, solo esperando y mirándolo con sus pupilas que comienzan a regresar a la normalidad pero cierta parte de su cuerpo está exclamando atención y Gabe lo sabe, así que sin preguntar nada, se arrodilla en el suelo para dirigir sus dedos hacia el cinturón de Gee, con agilidad desabotona  el pantalón negro ceñido y lo baja con urgencia con los bóxer del mismo color al mismo tiempo.

Lo toma con fuerza, esta sonrojado y caliente, húmedo en la punta y sin darse cuenta su boca saliva más de lo normal, se muere por probarlo y metérselo todo de una en la boca y rasgarse la garganta por lo grande y grueso que es. Esta tan húmedo, que inconscientemente se lame los labios antes de llevárselo a la boca. Así lo hace, más cuando escucha el gruñido inconforme del oji-verde moviéndose inquieto por su toque. Su mano se dirige a la base, imprimiendo la suficiente fuerza en su agarre  mientras da primero una lamida a la punta para ver la reacción de Gee  y es más de lo que soporta, gime antes de ponerse duro otra vez por esa gloriosa imagen y se lo mete entero, sintiendo la textura y el sabor, comenzando a meterlo y sacarlo con precisión y a sentir las caderas del otro como se elevan hacia arriba, ansioso de galoparle la boca.

 “umm ca..bron dale…!dale!...más rápido…umm”

Obedece yendo más deprisa, rasgando un poco con los dientes, las vibraciones en el cuerpo caliente del otro le avisan que le gusta lo que le hace, que lo está disfrutando, y vaya que el también.

“Bien, así…oh mierda….un..poco más gab..!ah!”

Gime ronco desde el fondo de su garganta al sentir el pene palpitante de Way, se va correr en cualquier momento y no le importa que lo haga en su boca así que sin más se lo saca para succionar solo en la punta y matarlo de placer, sabe que es más que suficiente cuando siente los espasmos del otro y el líquido caliente salir disparado, se corre largo tendido, echando la cabeza hacia atrás y dejando la alucinante visión del largo cuello blanco con una delgada capa de sudor brillando.
Cierra los ojos un momento antes de escupir lo poco que resta de la esencia de su mejor amigo al piso.

-¡Trágatelo!

Gerard le observa desde arriba con esa mirada tan oscura y lujuriosa, se lo traga solo mirando sus ojos, esos que se vuelven tan cínicos, tan morbosos, tan irreales.
En silencio se suben los pantalones, se arreglan un poco el cabello, secan el sudor transpirado en sus pieles demostrando con pruebas fehacientes el acto en el que acaban de ser partícipes los dos.

No puede evitar el impulso, quiere besarlo, necesita hacerlo. Sentir sus labios contra los suyos una vez más, ese efímero acercamiento para tener su mirada puesta en él y que ese vacío que le queda siempre después de estar con él, no se lo trague vivo y sea más fácil y llevadero.

Aunque eso nunca pasa y cada vez se hunde más.

Un Gerard con el ceño fruncido le mira con ojos palpitantes

“Sabes que no me gustan” luego con asco “demás te tragaste mi semen”
Un suspiro y la decepción latente en su pecho.

Conoce las reglas del juego, desde un comienzo lo supo y decidió jugarlo.

Es solo que cada día cuesta más y duele más llevarle el juego.

~

-¡Oh! Maldición está lloviendo –el puchero en la cara de Gee le causa gracia y ternura al mismo tiempo, pero vamos que él tenía la culpa por haberlo entretenido tanto en el baño, si no fuera tan ganoso ya estuvieran cada uno en sus distintos trabajos.

-Es tu culpa.

-Vale, que yo no te vi que opusieras resistencia allá dentro.

-Puede ser, ahora me tocara llevarte a tu trabajo.

-¡Uff! Que caballeroso eres, quieres que te de las gracias también.

-No hace falta, bella dama.

La carcajada risueña de Gee le dice que no le ofendió que lo llamara así, de hecho el pelinegro era toda una princesa cuando quería.

-¿Darás clases hoy?

El oji-verde asiente y él tiene que hacer una mueca de disgusto.  Desde hace unos meses que ha conseguido este trabajo como educador en un centro público, artes plásticas y arte contemporáneo son las asignaturas que imparte y sabe que lo hace porque le gusta, es como un hobby que lo relaja, el más que nadie sabe de antemano que Gee podría vivir muy anima mente y con todos los lujos que se le ocurriesen por el resto de su vida sin tener que trabajar, tiene una gallería de arte en la cual cada vez que hace una exposición de sus pinturas son un éxito rotundo. En su corta edad es un artista reconocido en la ciudad, sumándole la herencia familiar, ¡maldición! Qué necesidad hay de gastarse enseñando a mocosos calientes que poco les importa aprender. Pero dile eso a Gerard y te lo echas de enemigo, además sabe que el muy idiota adora enseñar y compartir como siempre le dice, sus conocimientos y hacerles ver a sus alumnos lo divertido y maravilloso que es el arte, además que en poco tiempo se ha encariñado con todos esos diablillos que tiene por alumnos. Se los imagina con la cara de babosos cada vez que ven llegar al joven profesor a dar clases…!puff! ya hubiera querido tener tanta suerte de chico.

-¿En qué piensas?

-…!eh!..en que solo desperdicias tiempo con los mocosos esos.

-Ya lo hemos hablado Gabe, los chicos son geniales-Una enorme sonrisa se formó en su cara, con un rotundo orgullo cuando hablaba de los diablillos a quienes enseñaba-Si vieras el potencial que tienen.

-Lo imagino-Rodo los ojos.

-Bien, vamos entonces que no quiero llegar tarde.

~

El taxi lo deja cerca de las puertas del edificio, ha sido un día lluvioso y precisamente en esos momentos llueve a cantaros gigantescos, los truenos se escuchan a metros de distancias haciendo ese aterrador ruido lanzándole descargas de imperceptibles escalofríos en el cuerpo, gruñe  cuando sale del taxi y los vellos de los brazos se le erizan al sentir las frías gotas de agua impactando en su pálida piel, corre las apenas dos cuadras hasta estar seguro bajo el techo del edificio, el cual se encuentra más oscuro de lo normal. Observa mejor una vez adentro y se da cuenta que la única iluminación del lobby son apenas unas cuantas lámparas.

-¿Que ha pasado Rubén?

Pregunta al portero del edificio, un hombre de mediana edad y encargado de la seguridad del conjunto de departamentos.

-Hemos tenido problemas con la electricidad, al parecer se dañó uno de los generadores y según tengo informado el problema estará resuelto hasta mañana o posiblemente en la madrugada, ya están trabajando en ello.

Lo cual significaba que tendría que usar las escaleras para llegar a su piso.

Genial, maravilloso piensa sarcástico. Vaya suerte la suya.

Ha sido un día agotador, luego de dar clases en el instituto se dio una vuelta por la gallería, donde Susie una muy buena amiga y colega, era la encargada de mantenerla abierta y bueno hacerse cargo de todo el mantenimiento, de las relaciones, de los eventos, en fin. ¿Qué haría sin Susie? ya que Gerard ama pintar pero para lo demás es demasiado desorganizado y   desinteresado.

En momentos como estos es que detesta vivir en una de las últimas plantas del edificio, agradece que se preocuparan por alumbrar con algunas lámparas recargables el lugar, si no hace rato que se hubiese tropezado porque más allá no se ve nada.

Llega a su piso, el número 39 para ser más exactos.

Saca las llaves y abre, con una única cosa en mente, caer muerto en la cama sin posibilidades de despertar en dos días.

El lugar está completamente en penumbras, no se ve absolutamente nada, suspira recargado en la puerta ya cerrada para luego dirigirse por las paredes hasta su habitación. Conoce su departamento como la palma de su mano, así que no es mucho problema el chocar con algunas mesitas o maceteros por el pasillo, los enormes ventanales por donde se filtra un poco la serena luz, no de la luna ya que esta oculta por las negras nubes que causan los caudales de agua, si no por los relámpagos y luego algunos rayos que se ven en el horizonte como culebras haciendo un glorioso y resplandeciente recorrido por el cielo hasta descender al suelo. Una escalofriante vista si le preguntan.

Camina lo suficiente para colarse en medio de la sala, entre los enormes muebles crema, asegurándose de que las ventanas de cristal estén cerradas, algunas cortinas aún abiertas y las gotas de lluvia chocando contra el cristal con rudeza.
A pesar del tintineo de la lluvia y el ruido de los truenos su oído capta el sonido de un celular, no es la melodía de una canción ni nada, si no esa clásica melodía que los teléfonos traen, suena una y otras vez. Frunce el ceño sacando su móvil el cual se encuentra sin batería y cuando quiere alumbrar con él se apaga.

¡Oh! Genial bufa, se restriega los ojos por un leve mareo que lo agobia por la intromisión de luz a sus ojos, los relámpagos iluminan por leves segundos la sala, para luego dejarlo en completas penumbras de nuevo, el sonido ha parado un momento.  En esos cortos instantes en los que otro trueno se deja escuchar luego la luz del relámpago, un parpadeo de sus ojos, y una sombra detrás de un mueble.
Un nuevo escalofrió lo recorre, y el corazón palpita más fuerte.

-…¿Fr..an..nk? –carraspea molesto, detestando que su voz salga así,  es estúpido sentirse así de ansioso, nervioso, solo son truenos y está todo oscuro y en compañía de un extraño, ¿porque debería sentir ese estúpido escalofrió en su cuerpo.?

-¿Frank eres tú?

Claro quien más podría ser, de repente se sintió idiota por su pregunta, pero este no contesta y eso se le hace extraño.

Tal vez salió ¿a esas horas de la noche? Bueno no le conocía y quizás sea de esos tipos que les gusta amanecer fuera, o probablemente trabaje de noche, maldición porque ahora tenía que venir a darse cuenta que no sabe nada del otro, no han hablado y bueno lo único que ha hecho desde que le conoció fue comerle la boca la otra noche. Porque si, ya recordó el beso y vaya que beso.

Se muerde los labios por los pensamientos tan exagerados que tiene esa noche, pero estaba seguro que había visto una sombra y de un hombre.

Y qué tal que se había metido un ladrón. ¡Maldición! ¡Maldición! lo más probable es que lo ataría, violaría, y mataría para que no abra la boca al verle la cara. Y ¿porque violaría? bueno sencillo; quien se resistiría a él, o dulce modestia, la vanidad en persona. ¡Oh! muchas películas para Gerard Way  y su gran imaginación.

Y mientras se encuentra perdido en sus raros pensamientos comiéndose el labio inferior y que tal vez si el ladrón es guapo no pasa nada, el sonido de un nuevo trueno le sorprende sin dejarle tiempo a anticipar otra cosa, siente una respiración pesada detrás de él, luego el sonido de ese endemoniado celular de nuevo, lo cual le provoca un brinco hacia delante, un escalofrió que le encalambra toda la medula espinal y un susto de muerte.

-Hola Gee.

Esa voz. PUTO IERO Y LA QUE LO PARIO.

-¡MIERDA FRANK! –lo voltea a ver cabreado y toda vía más pálido de lo normal- Quieres contestar ese puto celular de una vez.

El celular vuelve a sonar en las manos tatuada del castaño el cual lo apaga inmediatamente.

-Es matt-Miente descaradamente-nada importante.

-¡hug!, sabes que casi me has infartado del susto.

-Lo lamento, no quise hacerlo.

La voz grave pero calmada de Frank lo distiende un poco más, dejando de lado sus estúpidos pensamientos y miedos, no es de esos chicos cobardes que no saben defenderse si se viera en una situación similar, pero las circunstancias, el panorama, la oscuridad, lo rayos, hicieron que los nervios se le dispararan. Además demasiadas películas de asesinos seriales que cortan la electricidad y agreden a sus víctimas en total oscuridad y con una tormenta endemoniada como esa de escenario.

Otro relámpago y este deja que mire el rostro serio de Iero, sus facciones duras, sus tatuajes oscuros, lleva solo una camiseta de manga corta café por lo que pudo distinguir, unos pantalones de chándal cómodos, va descalzo.

En la oscuridad sobresale ese brillo fiero de sus ojos, se ven rojizos, hipnotizan tés, cautivantes. El café brillando más que nunca, lo miran directamente, tan intensos, que de nuevo siente ese escalofrió rondarle el cuerpo.

~

El día había estado tranquilo para Iero, demasiado fácil, hasta el momento así ha sido, y así tiene que ir.

Dejar que el tiempo pase lento, dejar que el tiempo pase rápido, quien sabe. Quiere terminar esto, ganarse la confianza de ese ser, pero si lo hace rápido se enfadara por no cumplir el objetivo como debía llevarse a cabo. Al final el cumplirá, lo sabe; pero no sabe si será suficiente para que el otro confié ciegamente en él.

Sobre todo por la forma tan siniestra en que se tiene que llevar a cabo, aun no se decide a cumplir esa parte del juego porque después de todo él tiene otro fin, otra causa.  Y su interior ruge por venganza y justicia, pero no quiere errores. Habiendo otras formas, sobre todo si en ese círculo vicioso, en ese juego sucio y siniestro se encuentra metido ese pelinegro que lo mira de esa forma tan sucia (de la mejor manera), tan juguetona, lujuriosa, pero al mismo tiempo sus ojos demuestran más, y esa ternura no debería estar ahí.

Es un día lluvioso, la suerte está a su favor.

Lo hará ese mismo día, acabará con esto de una buena vez.

No tiene por qué importarle, después de todo no es la primera vez que debe matar.
No lo disfruta, es un deber, con un objetivo, dar algo para recibir algo como todo en esta asquerosa vida.

Acaba de llegar, acaba de conocerlo y el plan no era este, no lo cumplirá y él se enfadara, pero vamos por primera vez algo muy adentro le dice que no debe involucrarse más, no es tan malvado para jugar así.

Se lo jugara el todo por el todo. Esta noche, rápido como siempre le ha gustado trabajar.
Pero lo malo es que las cosas nunca salen como uno quiere.

~
-¿Frank que traes ahí?

-…Hum es una candela, pensé que necesitaría una para alumbrar un poco.
-Me parece bien, pongamos una aquí en la sala, otra en mi habitación y otra en la tuya.

Gee saca un encendedor de su bolsillo, siempre a la mano para emergencias como esas, bueno es un adicto al cigarrillo que se puede hacer contra eso.

Encienden la vela, los tatuados dedos la sostienen y la luz amarilla le da un toque tétrico a su rostro, a sus avellanas. Y Gerard no puede reprimir las ganas que le tiene, con sus esmeraldas derretidas y las largar pestañas rodeándolas hermosas, haciendo sombras  en sus lagrimales, Frank le mira.

Tiene que admitir que la imagen lo impacta, es un hombre demasiado bello y siente lastima por lo que hará.

Gee siente de nuevo ese escalofrió rondándolo al observar directamente esa orbes hipnóticas. Decidiendo que le gusta esa sensación, es nueva y sin entender se deja llevar por lo que es.

-Te besare ahora mismo.

La suave voz resuena decidida y  precisa, no preguntando afirmando lo que hará lo que desea, una orden y Frank tiene que abrir los ojos en sorpresa. 

Más cuando siente la cálida presión en sus labios y la vela encendida cae al suelo apagándose al instante, cuando sus manos buscan desesperadas las caderas del otro.

Sarcástica ruleta rusa, gracioso y cruel destino, pobre Way no sabe en el peligroso juego que se está metiendo, pero tampoco Iero sabe que podría quedar atrapado en su propio juego.







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