sábado, 29 de marzo de 2014

Capítulo 07• Our past is our conviction.

Capítulo 07• Our past is our conviction.



Se estaciona con su auto, un corvette blanco con una raya negra en medio en la parte frontal, se desliza una mano entre su espeso cabello negro algo revuelto por el aire que ha azotado en su cara, con paso lento y despreocupado se dirigió hacia la entrada de la Galería ya abierta para los clientes lo más seguro hace varias horas ya, Susie siempre se ha caracterizado por ser una persona responsable en sus obligaciones, y esta era una de ellas.

El lugar es bastante grande, muy amplio para poder tener por categorías los cuadros de los diferentes autores, con un estilo muy propio suyo, bastante minimalista. Algunas personas se encontraban apreciando algunas pinturas a lo lejos, con su mirada busco a su amiga la cual imagino estaría en la oficina ya que la recepción se encontraba vacía.  

Antes de dirigirse hacia allá saludo con una sonrisa a Rebecca, la asistente de Susie, una chica de no más de 20 años, bastante simpática y risueña, la cual se encontraba explicando brevemente a unos clientes interesados en algún cuadro, su significado o lo más seguro los precios, la muchacha sonrió enorme al verlo, para luego dirigir su mirada de nuevo a los clientes.

Como suponía su agradable amiga se encontraba en la única oficina del local, por ser única, bastante amplia, la cual se dividía en dos secciones muy bien acomodadas, perteneciéndole una a él (la cual casi nunca ocupaba), la otra a su amiga y asistente.

La encontró como predijo en su sección, detrás del escritorio frente al ordenador, sonrió para sus adentros cuando la chica no se percató de su presencia, como siempre tan eficiente y concentrada en su labor, sabía que si no hacía algo para llamar su atención, la rubia jamás se percataría del encantador pelinegro a unos pasos de distancia mirándola risueño.

Se acercó con paso lento y distendido hasta rodear a la rubia y luego acercar su rostro al oído y soplar lentamente. Gerard a veces da la apariencia que camina en el aire, como flotando, casi nunca se escuchaban sus pisadas discretas y sutiles como todo en él, tiene un caminado bastante peculiar y hasta de cierto modo sensual.

-¡Gerard! eres un torpe -Salto del susto mirando impresionada a su amigo, el cual le sonreía divertido, se acomodó las gafas y frunció el ceño distendiéndose del asunto.
Susie es una mujer de estatura promedio, ni muy alta ni muy baja, algo rellenita pero no en exceso, sino de un cuerpo robusto que en ella luce bastante adorable. Luce una cabellera rubia larga la cual casi siempre se mantiene trenzada hacia un lado, ojos grises sobresalientes gracias a las tupidas pestañas.

Se conocen con Gerard hace un par de años, amigos desde un día que se conocieron en una importante exposición de arte, de un pintor reconocido y famoso, siendo ambos amantes de la pintura y con tantos gustos en común, se hicieron inseparables desde entonces, compañeros de universidad luego, y ahora socios de la galleria. Es su mejor amiga a la cual le confiaría hasta el alma, por lo cual ese tipo de acercamientos son tan habituales entre ellos y no alarman para nada a la reservada rubia.

-¿Mucho trabajo? –Pregunta Gerard halándole la trenza distraídamente mientras alza una mano y coge la taza de café que yacía a un lado del ordenador de Susie.
-Algo, lo normal diría –Sonríe al ver al oji-verde darle un sorbo enorme a su taza de café-Rico el café ¿eh?.
-Sí, mucho-Se lame el labio de abajo, mientras le guiña un ojo y se aparta para sentarse en el escritorio cruzando las piernas sonriente –¿Me servirías una taza?
-¡Ay Gerard! tu no cambias –Rueda los ojos, negando y señalando un termo en un mueble que se encontraba repleto de adornos de oficina.
-Pero es que tú me odiarías si cambiara Sue –Le dice cogiendo el termo y sirviéndose más de esa esencia negra que tanto le gusta- además nadie hace el café como tú.
-Bueno, ese lo preparo Rebecca. 
-Uh –No le presto atención y siguió bebiendo café para luego voltearse y sonreírle coqueto-Igual la niña lo prepara bien.
-Como tú digas-Suspira quitando su vista de Gerard y regresándola a la pc. Mira los e-mail de la gallería y le da abrir a uno en especial. Se muerde un labio al no saber cómo decirle eso a Gerard. Sobre la orden de compra que le llego como anónimo hace unas horas. Le ha estado dando vuelta al asunto, si solo darle borrar y hacer de cuenta que nunca leyó ese e-mail, o contarle a Gerard y esperar su reacción. Sabe que al pelinegro no le va sentar nada bien saber que cuadro quieren comprar, por el valor sentimental que este acarrea y además que no está en venta.
Cuando levanta la mirada se topa con una verdosa y apenada, no sabe del porqué de esa mirada, revisa el rostro del pelinegro en busca del porque la ve así. Le pregunta con la mirada por lo que Gerard solo se ríe quedito para luego restarle importancia encogiéndose de hombros.

-Tendrás que decirle a Rebe que prepare más café.
-¿Te tomaste todo el termo?
Pregunta incrédula, es un termo grande y ella solo se había servido una taza, niega porque su amigo es un adicto que no sabe cuánto liquido negro mete en su cuerpo.
-Se encontraba por la mitad-Se defiende con una sonrisita petulante en el rostro.
-Bien-Sonríe porque es imposible no sonreírle a ese pelinegro ocioso y adorable- hay algo de lo que quería hablarte-Se detiene cerciorándose de que Gerard le presta la debida atención-Llego un e-mail hace unas horas y creo es necesario que tú mismo lo leas.
Gee asiente sin entender de qué trata el asunto, se mueve de su asiento posicionándose a la par de Susie y luego mirando la pantalla con el e-mail abierto.

“De: Anomino
Asunto: Compra.
Fecha: 10 de junio, 2013 10:41
Para: Sr. Way

Sr. Way me complace saludarlo y al mismo tiempo me disculpo por no poder ir personalmente ante usted y decirle cuanto admiro sus obras, como vera me declaro fan de su trabajo, es usted un hombre excepcional de un indiscutible talento para plasmar sentimientos tan reales y puros en sus pinturas.  
Es por esto que estoy interesado en una en particular, de la cual me sentiría honrado de tener en mi poder si usted amablemente acepta vendérmela.
He sabido de muy buenas fuentes que no está en venta, pero aun así insisto. Ponga usted el precio que no reparare en comprarla.
Es el cuadro sweet pandemónium de la obra be reborn.”

Gerard se irguió rápidamente al releer varias veces el nombre del cuadro que el misterioso cliente quería comprar.
Palideció de inmediato apartándose de ahí para pasarse las manos por los cabellos negros revolviéndolos en clara acción de nerviosismo.

“Eso no puede ser” “no no no no no”

Se repetía en la mente caminando de un lado a otro con la mirada perdida, ¿Quién querría comprar ese cuadro? ¿Por qué? ¿Qué interés tenía en él?

-Gerard cálmate- Susie se acercó tomándolo de los hombros para luego coger su rostro entre sus manos, acunando con su mirada preocupada la verde ahora brillante por las lágrimas que amenazaban por salir.
-No tienes que hacerlo.
-Ya lo sé-La mira aterrado por unos momentos-pero no es eso lo que me perturba Sue-Susurra bajito para desviar la mirada hacia sus pies.
-El cuadro no está en venta-Le sonríe Susie acariciando las pálidas mejillas-y tú tienes que olvidar este mal rato.
Gerard solo asiente, consciente de que Susie conoce casi toda la historia detrás de esa obra tan personal y perjudicial.


Luego de un rato y muchos vasos de agua la rubia le dejo ir de la oficina, Gerard sin pensárselo mucho se dirigió hacia esa parte de la Galleria donde guardaba uno de los cuadros de la docena de ellos que formaban la obra be reborn.

Muy bien ubicado de una manera estratégica en un lugar no muy concurrido, fuera del alcance de los curiosos desdeñosos pero no de los más interesados en una especie de arte más oscuro. Ahí se encontraba esa pintura, que muy a su pesar tenía y guardaba en sus dibujos tantos recuerdos, lágrimas, tristezas. Memorias ya olvidadas de un pasado trágico y macabro. De su pasado.

Lo observo detenidamente sin querer recordar todos los sentimientos que lo desquiciaban cuando lo pinto, cuando quiso deshacerse de todo ese dolor que le apretaba como grilletes punzando con aplastarle el corazón. Frunce el ceño al sentir el estómago apretado al pensar porque alguien se interesaría en una pintura que derrocha melancolía, odio, y muerte. Recuerda que al terminar los doce cuadros y encontrar un nuevo camino lleno de luz en su alma, guardo cada uno en distintos sitios, unos lejos otros cerca, porque al final ese pasado formaba parte de su vida y no podría nunca deshacerse de ellos.
Lamentable hecho que ahora amenazaba con hundirlo de nuevo.

~

Hace unas horas que Gerard salió del departamento, el desorden de la sala ha sido recogido y ordenado, el castaño detesta el desorden y sin pensarlo dos veces se dio tal tarea.

No había mentido al decirle a Way que debía salir, era cierto, en su vida personal también había ciertos problemas que debía resolver, como por ejemplo los constantes mensajes de una de sus ex novias, al parecer esta era más persistente e insoportable que las demás. Ya cansado de leer los mensajes y de sentir su móvil vibrando cada dos minutos dentro del bolsillo derecho, lo cogió y miro con sorna la pantalla brillante avisando un nuevo mensaje.

“Donde te metiste, estoy hace horas tocando a la puerta y no sales”
Lee el mensaje y luego otro.

“No seas maleducado, ábreme la puerta”

Y otro.

“Yo sé que estás ahí”

Otro más.

“¿Por qué no me quieres abrir?”

-Sera porque no estoy en mi departamento-Murmuro sin creer la cantidad de veces que le preguntaba lo mismo, ¿Podía ser más insoportable e idiota?–Mujer estúpida-Bufo.

“contéstame el celular, deja de ignorarme”

Se preguntaba cómo es que había conseguido este número de celular, si los cambiaba constantemente y no recuerda haberle otorgado ese número.

“Ya sé lo que pasa”

Levanta una ceja esperando a que conclusión llego la mujer que le sirvió durante un tiempo para descargarse entre sus piernas y nada más.

“Estas con otra, es ESO” “Maldito hijo de perra”

Sonríe ante la impertinencia de su ex amante, levantando la vista y recordando la apasionada y movida noche que había tenido gracias a un apetecible moreno de ojos verdes.

“No me puedes hacer esto, yo te amo Johan, te amo”

-¿Me amas? –Se asquea y niega con la cabeza irritado, si hay algo que detesta es toda esa mierda del romanticismo y meterse con mujeres, es que estas siempre exageran y dramatizan las cosas, por una noche de sexo y ya se creen dueñas de su vida.

-No hagas que te mate Jamia…-Murmura para sí mismo apagando el móvil negando lo impertinente que se había vuelto su última relación.

“Johan” “Joshep” “Luis” “Angello” “Kyle” “Brian” “Martin”

Han sido muchos nombres los que ha tenido para una vida tan corta, piensa. Burlándose internamente de todas aquellas personas que engaño con algo tan sutil y pequeño como un nombre. Pero con este trabajo cambiarse de nombre es solo un hobby, lo más sencillo de su tarea, sobre todo cuando otros lo hacen por vos. Documentos e identidades falsas, todo llega a sus manos sin tener que mover un solo dedo. 

Tanto en este como en su otro trabajo.

~

Aun perturbado por aquel extraño e-mail, se dispuso a olvidarse de todo aquello, a despejarse la mente de la mejor y única manera que conoce. Sin rumbo llego a ese bar, y sin esperárselo mucho luego de algunos tragos, salió acompañado de ese lugar, dispuesto a olvidarse de la mierda que comenzaba de nuevo a perseguirlo, de ese pasado que se suponía ya estaba enterrado en algún lugar recóndito de su mente.

Y  la única manera que conocía de apagarse completamente era en aquel sitio, ese lugar que tantas veces había servido de refugio, donde la inspiración se recreaba de la tristeza, donde las lágrimas podían salir libres y escandalosas sin ser juzgadas ni detenidas.

Su auto paro al llegar, subieron unas escaleras, y entre arrumacos y besos húmedos llegaron al pequeño local, saco con algo de torpeza las llaves de su bolsillo para abrir la puerta, tardándose más de lo común en lograr meter la llave en la pequeña hendidura del cerrojo. Todo gracias a unas inquietas manos que no paraban de tocarlo por todos lados, unos inquietos labios que se paseaban húmedos y cosquillan tés por el pálido cuello.

Entre risitas estúpidas y uno que otro tropezón lograron llegar a la cama, Gerard lo empujo dejando caer el cuerpo de aquel muchacho rubio que no había parado de lanzarle miradas indiscretas  durante toda su estadía en ese bar.

-¿A dónde vas? –Pregunta el rubio-ven aquí moreno.
Gerard soltó una risita tonta, desapareciendo de la escaza visión del chico, el lugar se encontraba en penumbras, y el aroma era algo penetrante y molesto, un olor bastante particular, olía a pinturas y químicos, movió sus ojos en busca de algo que le indicara donde se encontraban.

¿Acaso debía preocuparse? no conocía a ese chico de asombrosa cabellera negra y atrapantes ojos esmeralda, bien podría ser un demente, un loco, un sádico, mira que en estos tiempos abundan.

Una carcajada abandono su boca, era ridículo, pero tampoco exagerado, él lo sabía, una persona como él debía poner en dudas cualquier acontecimiento extraño, desconfiar de todos era su trabajo, pero vamos quien lo manda a ser un patán casanovas.
Si claro; como si alguien pudiese resistirse al nocivo sabor  que emana la lujuria, y ese moreno representaba al pecado mismo en persona, así que bienvenido sea el peligro, recibiría con excesivo placer su condena.
Con ojos deseosos y fieros lo busca, una silueta cerca a la izquierda, tan solo observándolo, un pequeño juego preliminar.

-¿Porque me trajiste a este lugar?-Pregunta, la garganta seca y la voz ronca- ¿Qué planeas moreno?

La luz se enciende, dejándolo cegado durante breves segundos, varios parpadeos después, visualiza una habitación, bastante grande y espaciosa, mas esta se encuentra casi vacía, siendo ocupada solo por un enorme mesón a unos metros, este cubierto de todo tipo de instrumentos de pintar, hojas sueltas y demás utensilios para lo mismo.

-Deja de llamarme así-Le dice Gerard con una ceja alzada  y una sonrisita coqueta se acerca dejándose caer en el colchón.

-Dime tu nombre entonces…-Sonríe intentando tomarle de la cintura, Gerard se deja un momento abrazar por los tatuados brazos, por el calor que desprende el ajeno cuerpo, el olor que emana ese cuerpo apetecible ante sus ojos verdes hambrientos de deseo.

 -Arg…Cállate rubio-Le dice empujándolo y dejándolo a su merced.
Una carcajada sale de los labios curvados del oji-azul, la cual se convierte al final en un jadeo placentero al sentir los finos dientes de Gerard clavándose fuertes en su vientre.

Siente la boca salivar en exceso de repente, dejando la resequedad olvidada, se lame los labios al observar la fina nariz del pelinegro trazando una línea hacia abajo siguiendo la hilera de bellos que lo conducirían al paraíso. Con dedos agiles y largos le desabotona el pantalón, tomando luego los bordes de los mismos, Gerard le lanza una mirada indescifrable llena de deseo, cohibiendo sus movimientos, quedando perdido por unos segundos ante los ojos del pelinegro que lo poseen desviando así su atención de las pálidas manos, antes de darle tiempo siquiera de un respiro, Gerard muerde de nuevo la tibia piel y de un tirón brusco saca los apretados pantalones con todo y bóxer.

Da un suspiro antes de hallarse desnudo para abajo, sin pensárselo mucho se quitó la camisa arrancando uno que otro botón por la ansiedad.     
Gerard lo observa complacido, con ojos dilatados y una capa de sudor cubriendo parte de su frente.

Con lascivia se acerca, posando sus labios en los ajenos y abriendo su boca para permitirle a la escurridiza lengua de su acompañante entrar a explorar un rato.
La humedad se extiende por la barbilla, el cuello, manos adentrándose en su ropa, retirándole rápidamente esta, y sintiéndolo luego por todas partes. Las agiles manos tomando su pene duro y erguido, luego la humedad de unos labios justo ahí, y no lo soporta, se le nubla la razón y lo toma del pelo, lo acerca y lo empotra penetrándolo lentamente pero con determinación.

Poniendo la mente en blanco al sentir la plenitud del orgasmo, el placer golpeando imparable en sus paredes, apretándolo y sintiéndole correrse dentro del latex del condón.

Sudados, vaporosos, pegajosos caen dormidos luego de la acción.
Las horas pasan y Gerard se despierta asustado, aun sin terminar de recordar cómo es que llego ahí. No está en su acogedora habitación de exótico decorado en blanco y negro, todo gracias a sus miedos, a su inseguridad porque al final aún no ha terminado de superar su trágico pasado.

Se levanta aun desnudo acercándose hasta un amplio espejo tapado con una sábana blanca como todos sus lienzos y caballetes, toma una esquina y lo destapa, dejándose observar unos momentos su grácil figura. Sus  piernas son largas y estilizadas, se encuentra tan delgado y pálido, que se pregunta qué es lo que terminan de ver en él, para que tantos lo quieran de esa forma, su cabello enmarañado dándole el aspecto de un  tipo recién follado, y es que así es. Su rostro tan fino y perfecto como imperfecto es, sus verdes ojos rodeados por unas delicadas ojeras haciéndole resaltar más el color de sus ojos, sus labios algo resecos y finos, tan besables y deseados.

Se pregunta si es de esta manera que lo miran todas esa personas que han pasado por su cama, se pregunta si estas son capaces de ver más allá de lo atrayente que es y de su físico. Se pregunta si alguna vez han notado el vacío que esconde esa mirada tan hermosa y brillante, si acaso ese brillo se debe a las lágrimas que son contenidas con plenitud, buscando anhelantes que alguien descifre sus temores, que alguien quite esa mascara de indiferencia y mentiras.

Una tímida lágrima se abre paso en su mejilla sin percatarse, molesto la aparta con brusquedad de su cara, mirando de nuevo su reflejo, cogiendo una sonrisa falsa en la cara. El espectáculo debe continuar se dice a si mismo.

Se mueve hacia donde se encuentra su ropa tirada, busca el móvil encontrándolo en una esquina del colchón.
Con curiosidad se acerca tomándolo, no recuerda haberlo dejado ahí, de hecho no recuerda mucho, solo que el tipo con el que paso la noche ya no está.
Suspira recordando al rubio que tuvo entre sus piernas bombeando dentro de él, hace solo unas horas atrás.
Busca la hora en su cel, pero al encenderlo le aparece una nota, la cual lee sin poder creer el atrevimiento de ese sujeto.
Negando con una pequeña sonrisita, quita la vista del aparato dejándolo caer en la cama, mientras comienza a vestirse.

La pase bien rico nene, gracias por tan esplendido rato
Te dejo mi número, sería una pena no volver a verte.
Por lo menos para saber cómo te llamas, ya sabes, llámame ;)
Besos, Bert.

-Lo malo es que a mí no me gusta repetir mis conquistas –Murmura poniendo cara de pena fingida y luego dejando salir una pequeña carcajada. Recordando al hombrecito tatuado en su casa, porque Iero es una excepción a la regla.



No hay comentarios:

Publicar un comentario