Capítulo 07• Our past is
our conviction.
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Se
estaciona con su auto, un corvette blanco con una raya negra en medio en la
parte frontal, se desliza una mano entre su espeso cabello negro algo revuelto
por el aire que ha azotado en su cara, con paso lento y despreocupado se
dirigió hacia la entrada de la Galería ya abierta para los clientes lo más
seguro hace varias horas ya, Susie siempre se ha caracterizado por ser una
persona responsable en sus obligaciones, y esta era una de ellas.
El
lugar es bastante grande, muy amplio para poder tener por categorías los cuadros
de los diferentes autores, con un estilo muy propio suyo, bastante minimalista.
Algunas personas se encontraban apreciando algunas pinturas a lo lejos, con su
mirada busco a su amiga la cual imagino estaría en la oficina ya que la
recepción se encontraba vacía.
Antes
de dirigirse hacia allá saludo con una sonrisa a Rebecca, la asistente de
Susie, una chica de no más de 20 años, bastante simpática y risueña, la cual se
encontraba explicando brevemente a unos clientes interesados en algún cuadro,
su significado o lo más seguro los precios, la muchacha sonrió enorme al verlo,
para luego dirigir su mirada de nuevo a los clientes.
Como
suponía su agradable amiga se encontraba en la única oficina del local, por ser
única, bastante amplia, la cual se dividía en dos secciones muy bien
acomodadas, perteneciéndole una a él (la cual casi nunca ocupaba), la otra a su
amiga y asistente.
La
encontró como predijo en su sección, detrás del escritorio frente al ordenador,
sonrió para sus adentros cuando la chica no se percató de su presencia, como
siempre tan eficiente y concentrada en su labor, sabía que si no hacía algo
para llamar su atención, la rubia jamás se percataría del encantador pelinegro
a unos pasos de distancia mirándola risueño.
Se
acercó con paso lento y distendido hasta rodear a la rubia y luego acercar su
rostro al oído y soplar lentamente. Gerard a veces da la apariencia que camina
en el aire, como flotando, casi nunca se escuchaban sus pisadas discretas y
sutiles como todo en él, tiene un caminado bastante peculiar y hasta de cierto
modo sensual.
-¡Gerard!
eres un torpe -Salto del susto mirando impresionada a su amigo, el cual le
sonreía divertido, se acomodó las gafas y frunció el ceño distendiéndose del
asunto.
Susie
es una mujer de estatura promedio, ni muy alta ni muy baja, algo rellenita pero
no en exceso, sino de un cuerpo robusto que en ella luce bastante adorable. Luce
una cabellera rubia larga la cual casi siempre se mantiene trenzada hacia un
lado, ojos grises sobresalientes gracias a las tupidas pestañas.
Se
conocen con Gerard hace un par de años, amigos desde un día que se conocieron
en una importante exposición de arte, de un pintor reconocido y famoso, siendo
ambos amantes de la pintura y con tantos gustos en común, se hicieron
inseparables desde entonces, compañeros de universidad luego, y ahora socios de
la galleria. Es su mejor amiga a la cual le confiaría hasta el alma, por lo
cual ese tipo de acercamientos son tan habituales entre ellos y no alarman para
nada a la reservada rubia.
-¿Mucho
trabajo? –Pregunta Gerard halándole la trenza distraídamente mientras alza una
mano y coge la taza de café que yacía a un lado del ordenador de Susie.
-Algo,
lo normal diría –Sonríe al ver al oji-verde darle un sorbo enorme a su taza de
café-Rico el café ¿eh?.
-Sí,
mucho-Se lame el labio de abajo, mientras le guiña un ojo y se aparta para
sentarse en el escritorio cruzando las piernas sonriente –¿Me servirías una
taza?
-¡Ay
Gerard! tu no cambias –Rueda los ojos, negando y señalando un termo en un
mueble que se encontraba repleto de adornos de oficina.
-Pero
es que tú me odiarías si cambiara Sue –Le dice cogiendo el termo y sirviéndose
más de esa esencia negra que tanto le gusta- además nadie hace el café como tú.
-Bueno,
ese lo preparo Rebecca.
-Uh
–No le presto atención y siguió bebiendo café para luego voltearse y sonreírle
coqueto-Igual la niña lo prepara bien.
-Como
tú digas-Suspira quitando su vista de Gerard y regresándola a la pc. Mira los e-mail
de la gallería y le da abrir a uno en especial. Se muerde un labio al no saber
cómo decirle eso a Gerard. Sobre la orden de compra que le llego como anónimo
hace unas horas. Le ha estado dando vuelta al asunto, si solo darle borrar y
hacer de cuenta que nunca leyó ese e-mail, o contarle a Gerard y esperar su
reacción. Sabe que al pelinegro no le va sentar nada bien saber que cuadro
quieren comprar, por el valor sentimental que este acarrea y además que no está
en venta.
Cuando
levanta la mirada se topa con una verdosa y apenada, no sabe del porqué de esa
mirada, revisa el rostro del pelinegro en busca del porque la ve así. Le
pregunta con la mirada por lo que Gerard solo se ríe quedito para luego
restarle importancia encogiéndose de hombros.
-Tendrás
que decirle a Rebe que prepare más café.
-¿Te
tomaste todo el termo?
Pregunta
incrédula, es un termo grande y ella solo se había servido una taza, niega
porque su amigo es un adicto que no sabe cuánto liquido negro mete en su
cuerpo.
-Se
encontraba por la mitad-Se defiende con una sonrisita petulante en el rostro.
-Bien-Sonríe
porque es imposible no sonreírle a ese pelinegro ocioso y adorable- hay algo de
lo que quería hablarte-Se detiene cerciorándose de que Gerard le presta la
debida atención-Llego un e-mail hace unas horas y creo es necesario que tú
mismo lo leas.
Gee
asiente sin entender de qué trata el asunto, se mueve de su asiento
posicionándose a la par de Susie y luego mirando la pantalla con el e-mail
abierto.
“De:
Anomino
Asunto:
Compra.
Fecha:
10
de junio, 2013 10:41
Para:
Sr.
Way
Sr.
Way me complace saludarlo y al mismo tiempo me disculpo por no poder ir
personalmente ante usted y decirle cuanto admiro sus obras, como vera me
declaro fan de su trabajo, es usted un hombre excepcional de un indiscutible
talento para plasmar sentimientos tan reales y puros en sus pinturas.
Es
por esto que estoy interesado en una en particular, de la cual me sentiría
honrado de tener en mi poder si usted amablemente acepta vendérmela.
He
sabido de muy buenas fuentes que no está en venta, pero aun así insisto. Ponga
usted el precio que no reparare en comprarla.
Es
el cuadro sweet pandemónium de la obra be reborn.”
Gerard
se irguió rápidamente al releer varias veces el nombre del cuadro que el
misterioso cliente quería comprar.
Palideció
de inmediato apartándose de ahí para pasarse las manos por los cabellos negros
revolviéndolos en clara acción de nerviosismo.
“Eso no puede ser”
“no no no no no”
Se
repetía en la mente caminando de un lado a otro con la mirada perdida, ¿Quién
querría comprar ese cuadro? ¿Por qué? ¿Qué interés tenía en él?
-Gerard
cálmate- Susie se acercó tomándolo de los hombros para luego coger su rostro
entre sus manos, acunando con su mirada preocupada la verde ahora brillante por
las lágrimas que amenazaban por salir.
-No
tienes que hacerlo.
-Ya
lo sé-La mira aterrado por unos momentos-pero no es eso lo que me perturba
Sue-Susurra bajito para desviar la mirada hacia sus pies.
-El
cuadro no está en venta-Le sonríe Susie acariciando las pálidas mejillas-y tú
tienes que olvidar este mal rato.
Gerard
solo asiente, consciente de que Susie conoce casi toda la historia detrás de
esa obra tan personal y perjudicial.
Luego
de un rato y muchos vasos de agua la rubia le dejo ir de la oficina, Gerard sin
pensárselo mucho se dirigió hacia esa parte de la Galleria donde guardaba uno
de los cuadros de la docena de ellos que formaban la obra be reborn.
Muy
bien ubicado de una manera estratégica en un lugar no muy concurrido, fuera del
alcance de los curiosos desdeñosos pero no de los más interesados en una
especie de arte más oscuro. Ahí se encontraba esa pintura, que muy a su pesar
tenía y guardaba en sus dibujos tantos recuerdos, lágrimas, tristezas. Memorias
ya olvidadas de un pasado trágico y macabro. De su pasado.
Lo
observo detenidamente sin querer recordar todos los sentimientos que lo desquiciaban
cuando lo pinto, cuando quiso deshacerse de todo ese dolor que le apretaba como
grilletes punzando con aplastarle el corazón. Frunce el ceño al sentir el
estómago apretado al pensar porque alguien se interesaría en una pintura que
derrocha melancolía, odio, y muerte. Recuerda que al terminar los doce cuadros
y encontrar un nuevo camino lleno de luz en su alma, guardo cada uno en
distintos sitios, unos lejos otros cerca, porque al final ese pasado formaba
parte de su vida y no podría nunca deshacerse de ellos.
Lamentable
hecho que ahora amenazaba con hundirlo de nuevo.
~
Hace unas horas que Gerard salió del
departamento, el desorden de la sala ha sido recogido y ordenado, el castaño
detesta el desorden y sin pensarlo dos veces se dio tal tarea.
No
había mentido al decirle a Way que debía salir, era cierto, en su vida personal
también había ciertos problemas que debía resolver, como por ejemplo los constantes
mensajes de una de sus ex novias, al parecer esta era más persistente e
insoportable que las demás. Ya cansado de leer los mensajes y de sentir su
móvil vibrando cada dos minutos dentro del bolsillo derecho, lo cogió y miro
con sorna la pantalla brillante avisando un nuevo mensaje.
“Donde te metiste,
estoy hace horas tocando a la puerta y no sales”
Lee
el mensaje y luego otro.
“No seas
maleducado, ábreme la puerta”
Y
otro.
“Yo sé que estás
ahí”
Otro
más.
“¿Por qué no me
quieres abrir?”
-Sera
porque no estoy en mi departamento-Murmuro sin creer la cantidad de veces que le
preguntaba lo mismo, ¿Podía ser más insoportable e idiota?–Mujer estúpida-Bufo.
“contéstame el
celular, deja de ignorarme”
Se
preguntaba cómo es que había conseguido este número de celular, si los cambiaba
constantemente y no recuerda haberle otorgado ese número.
“Ya
sé lo que pasa”
Levanta
una ceja esperando a que conclusión llego la mujer que le sirvió durante un
tiempo para descargarse entre sus piernas y nada más.
“Estas
con otra, es ESO” “Maldito hijo de perra”
Sonríe
ante la impertinencia de su ex amante, levantando la vista y recordando la
apasionada y movida noche que había tenido gracias a un apetecible moreno de
ojos verdes.
“No me puedes hacer
esto, yo te amo Johan, te amo”
-¿Me
amas? –Se asquea y niega con la cabeza irritado, si hay algo que detesta es
toda esa mierda del romanticismo y meterse con mujeres, es que estas siempre
exageran y dramatizan las cosas, por una noche de sexo y ya se creen dueñas de
su vida.
-No
hagas que te mate Jamia…-Murmura para sí mismo apagando el móvil negando lo
impertinente que se había vuelto su última relación.
“Johan” “Joshep” “Luis” “Angello” “Kyle” “Brian”
“Martin”
Han sido muchos nombres los que ha tenido para una
vida tan corta, piensa. Burlándose internamente de todas aquellas personas que
engaño con algo tan sutil y pequeño como un nombre. Pero con este trabajo
cambiarse de nombre es solo un hobby, lo más sencillo de su tarea, sobre todo
cuando otros lo hacen por vos. Documentos e identidades falsas, todo llega a
sus manos sin tener que mover un solo dedo.
Tanto en este como en su otro trabajo.
~
Aun
perturbado por aquel extraño e-mail, se dispuso a olvidarse de todo aquello, a
despejarse la mente de la mejor y única manera que conoce. Sin rumbo llego a
ese bar, y sin esperárselo mucho luego de algunos tragos, salió acompañado de
ese lugar, dispuesto a olvidarse de la mierda que comenzaba de nuevo a
perseguirlo, de ese pasado que se suponía ya estaba enterrado en algún lugar
recóndito de su mente.
Y la única manera que conocía de apagarse
completamente era en aquel sitio, ese lugar que tantas veces había servido de
refugio, donde la inspiración se recreaba de la tristeza, donde las lágrimas
podían salir libres y escandalosas sin ser juzgadas ni detenidas.
Su
auto paro al llegar, subieron unas escaleras, y entre arrumacos y besos húmedos
llegaron al pequeño local, saco con algo de torpeza las llaves de su bolsillo para abrir la puerta,
tardándose más de lo común en lograr meter la llave en la pequeña hendidura del
cerrojo. Todo gracias a unas inquietas manos que no paraban de tocarlo por
todos lados, unos inquietos labios que se paseaban húmedos y cosquillan tés por
el pálido cuello.
Entre
risitas estúpidas y uno que otro tropezón lograron llegar a la cama, Gerard lo
empujo dejando caer el cuerpo de aquel muchacho rubio que no había parado de
lanzarle miradas indiscretas durante
toda su estadía en ese bar.
-¿A
dónde vas? –Pregunta el rubio-ven aquí moreno.
Gerard
soltó una risita tonta, desapareciendo de la escaza visión del chico, el lugar
se encontraba en penumbras, y el aroma era algo penetrante y molesto, un olor
bastante particular, olía a pinturas y químicos, movió sus ojos en busca de
algo que le indicara donde se encontraban.
¿Acaso
debía preocuparse? no conocía a ese chico de asombrosa cabellera negra y
atrapantes ojos esmeralda, bien podría ser un demente, un loco, un sádico, mira
que en estos tiempos abundan.
Una
carcajada abandono su boca, era ridículo, pero tampoco exagerado, él lo sabía,
una persona como él debía poner en dudas cualquier acontecimiento extraño, desconfiar
de todos era su trabajo, pero vamos quien lo manda a ser un patán casanovas.
Si
claro; como si alguien pudiese resistirse al nocivo sabor que emana la lujuria, y ese moreno
representaba al pecado mismo en persona, así que bienvenido sea el peligro,
recibiría con excesivo placer su condena.
Con
ojos deseosos y fieros lo busca, una silueta cerca a la izquierda, tan solo
observándolo, un pequeño juego preliminar.
-¿Porque
me trajiste a este lugar?-Pregunta, la garganta seca y la voz ronca- ¿Qué
planeas moreno?
La
luz se enciende, dejándolo cegado durante breves segundos, varios parpadeos
después, visualiza una habitación, bastante grande y espaciosa, mas esta se
encuentra casi vacía, siendo ocupada solo por un enorme mesón a unos metros,
este cubierto de todo tipo de instrumentos de pintar, hojas sueltas y demás
utensilios para lo mismo.
-Deja
de llamarme así-Le dice Gerard con una ceja alzada y una sonrisita coqueta se acerca dejándose
caer en el colchón.
-Dime
tu nombre entonces…-Sonríe intentando tomarle de la cintura, Gerard se deja un
momento abrazar por los tatuados brazos, por el calor que desprende el ajeno
cuerpo, el olor que emana ese cuerpo apetecible ante sus ojos verdes
hambrientos de deseo.
-Arg…Cállate rubio-Le dice empujándolo y
dejándolo a su merced.
Una
carcajada sale de los labios curvados del oji-azul, la cual se convierte al
final en un jadeo placentero al sentir los finos dientes de Gerard clavándose
fuertes en su vientre.
Siente
la boca salivar en exceso de repente, dejando la resequedad olvidada, se lame
los labios al observar la fina nariz del pelinegro trazando una línea hacia
abajo siguiendo la hilera de bellos que lo conducirían al paraíso. Con dedos
agiles y largos le desabotona el pantalón, tomando luego los bordes de los
mismos, Gerard le lanza una mirada indescifrable llena de deseo, cohibiendo sus
movimientos, quedando perdido por unos segundos ante los ojos del pelinegro que
lo poseen desviando así su atención de las pálidas manos, antes de darle tiempo
siquiera de un respiro, Gerard muerde de nuevo la tibia piel y de un tirón
brusco saca los apretados pantalones con todo y bóxer.
Da
un suspiro antes de hallarse desnudo para abajo, sin pensárselo mucho se quitó
la camisa arrancando uno que otro botón por la ansiedad.
Gerard
lo observa complacido, con ojos dilatados y una capa de sudor cubriendo parte
de su frente.
Con
lascivia se acerca, posando sus labios en los ajenos y abriendo su boca para
permitirle a la escurridiza lengua de su acompañante entrar a explorar un rato.
La
humedad se extiende por la barbilla, el cuello, manos adentrándose en su ropa,
retirándole rápidamente esta, y sintiéndolo luego por todas partes. Las agiles
manos tomando su pene duro y erguido, luego la humedad de unos labios justo
ahí, y no lo soporta, se le nubla la razón y lo toma del pelo, lo acerca y lo
empotra penetrándolo lentamente pero con determinación.
Poniendo
la mente en blanco al sentir la plenitud del orgasmo, el placer golpeando
imparable en sus paredes, apretándolo y sintiéndole correrse dentro del latex
del condón.
Sudados,
vaporosos, pegajosos caen dormidos luego de la acción.
Las
horas pasan y Gerard se despierta asustado, aun sin terminar de recordar cómo
es que llego ahí. No está en su acogedora habitación de exótico decorado en
blanco y negro, todo gracias a sus miedos, a su inseguridad porque al final aún
no ha terminado de superar su trágico pasado.
Se
levanta aun desnudo acercándose hasta un amplio espejo tapado con una sábana
blanca como todos sus lienzos y caballetes, toma una esquina y lo destapa,
dejándose observar unos momentos su grácil figura. Sus piernas son largas y estilizadas, se encuentra
tan delgado y pálido, que se pregunta qué es lo que terminan de ver en él, para
que tantos lo quieran de esa forma, su cabello enmarañado dándole el aspecto de
un tipo recién follado, y es que así es.
Su rostro tan fino y perfecto como imperfecto es, sus verdes ojos rodeados por
unas delicadas ojeras haciéndole resaltar más el color de sus ojos, sus labios
algo resecos y finos, tan besables y deseados.
Se
pregunta si es de esta manera que lo miran todas esa personas que han pasado
por su cama, se pregunta si estas son capaces de ver más allá de lo atrayente que
es y de su físico. Se pregunta si alguna vez han notado el vacío que esconde
esa mirada tan hermosa y brillante, si acaso ese brillo se debe a las lágrimas
que son contenidas con plenitud, buscando anhelantes que alguien descifre sus
temores, que alguien quite esa mascara de indiferencia y mentiras.
Una
tímida lágrima se abre paso en su mejilla sin percatarse, molesto la aparta con
brusquedad de su cara, mirando de nuevo su reflejo, cogiendo una sonrisa falsa
en la cara. El espectáculo debe continuar se dice a si mismo.
Se
mueve hacia donde se encuentra su ropa tirada, busca el móvil encontrándolo en
una esquina del colchón.
Con
curiosidad se acerca tomándolo, no recuerda haberlo dejado ahí, de hecho no
recuerda mucho, solo que el tipo con el que paso la noche ya no está.
Suspira
recordando al rubio que tuvo entre sus piernas bombeando dentro de él, hace
solo unas horas atrás.
Busca
la hora en su cel, pero al encenderlo le aparece una nota, la cual lee sin
poder creer el atrevimiento de ese sujeto.
Negando
con una pequeña sonrisita, quita la vista del aparato dejándolo caer en la
cama, mientras comienza a vestirse.
La
pase bien rico nene, gracias por tan esplendido rato
Te
dejo mi número, sería una pena no volver a verte.
Por
lo menos para saber cómo te llamas, ya sabes, llámame ;)
Besos, Bert.
-Lo
malo es que a mí no me gusta repetir mis conquistas –Murmura poniendo cara de
pena fingida y luego dejando salir una pequeña carcajada. Recordando al
hombrecito tatuado en su casa, porque Iero es una excepción a la regla.
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