Capítulo 09 : The lucidity hidden deep in sweet pandemonium
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-Claro, no te preocupes, al final la corte dictaminara
que fue asesinato no premeditado.
Suspiro al sentir un constante repiqueteo en las
sienes, se llevó unos dedos ahí para darse leves masajes circulares.
-Si señora Robinsón no se preocupe, a lo mucho serán
15 años de cárcel.
Rueda los ojos al escuchar el escandaloso llanto en el
que cae la mujer de edad avanzada, no quiere enojarse, en verdad que no quiere,
porque al final esa pobre mujer no tiene la culpa de que su único hijo al final
sea un vulgar hombre acusado de asesinato en segundo grado, al dejarse
influenciar por malas compañías y al final terminara cometiendo el error peor
de su vida.
-Bueno a la orden, la espero mañana en la corte para
la última sesión.
Con molestia surcando su rostro cansado dejando entre
ver unas ligeras ojeras por no dormir bien, colgó el teléfono. Tomo un vaso de
agua y una pastilla tal vez ayudara un poco a menguar el dolor de cabeza y el
estrés acumulado.
Ese último caso que la fiscalía le hubiese asignado, hasta
el momento había sido uno de los más tediosos y complicados que en toda su
carrera como abogado defensor del estado de
New York, tuviera que defender.
Pero más por el hecho que le había tocado defender al malo, al culpable, no al
inocente. Desde un principio no había casi nada que hacer, las pruebas hablaban
solas por sí mismas y no había podido estar más contento con perder un caso, se
había hecho justicia. Aunque al final lograra que le quitaran muchos más años
de cárcel encima de los que le darían al sujeto.
Gabriel suspiro confuso, habían día que no podía
evitar odiar su profesión o al menos no poder hacer nada cuando le tocaban este
tipo de casos.
Con paso firme
se dirigió a la salida, llevándose una enorme y agradable sorpresa al
toparse con su moreno amigo sentado fuera en un mueble en el salón de espera,
tenía una taza de café en sus manos y la cabeza levemente agachada, como si
hubiese algo interesante en el mundo de sus zapatos.
-Gerard-le llamo con una sonrisa sincera surcándole el
rostro, este se sobresaltó y levanto la cabeza para mirarle, llevaba sus tan
inseparables lentes negros puestos por lo que se privó de la verde mirada.
-…Gabe –Menciono con la voz algo ronca, fastidiado
carraspeo arrugando graciosamente la nariz- Tu asistente es muy eficiente, mira
lo que me dio-Levanto sus manos enseñando la humeante taza de café.
-Eso está bien-Sonrió sentándose a su lado-Hace mucho
que estas esperando, le hubieses dicho a la eficiente asistente que me avisara.
-No quería molestar.
-Tú no molestas Gerard, eso ya lo sabes-Le miró
fijamente para luego posar una de sus manos en la espalda de su mejor
amigo-¿Cómo te encuentras?
Y he aquí la pregunta del año, la que no quería
escuchar. Con un largo sorbo a su café para aparentar su fétido estado de
ánimo, dibujo una sonrisa que fue más una mueca mal hecha en su rostro de finas
facciones.
-…Susie te conto, cierto- Musito en voz bajita, la
mirada oscura y determinante de Gabriel se lo confirmo-Estoy bien, supongo.
La sonrisa tierna y simple de Gabe le tranquilizo
bastante, sabiendo que no era prudente surcar más el tema, conocía lo necesario
y eso por los momentos era suficiente.
~
Con sumo recelo miraba el enorme plato repleto de
pasta enrollada, la cual revolvía con un tenedor sin mucha prisa de llevarse el
primer bocado a la boca.
-Seguirás jugando con la comida, o quieres que te la
de yo personalmente –Molesto su amigo con un pequeño tono de reproche
impregnada en la voz.
Luego de salir del despacho y enterarse de la poca
comida ingerida por el oji-verde en 24 horas, se dispuso llevarlo el mismo a su
restaurante favorito y asegurarse de que ingiriera toda la comida.
-No tengo mucha hambre.
-Deja de bromear-Le increpo comenzando a molestarse de
la falta de interés que ponía Gerard en su propia alimentación-Vos mismo me
contaste que lo único que has comido fue el desayuno que preparo ese sujeto que
vive de arrimado contigo.
-Se llama Frank.
-Ya sé cómo se llama-Entorno lo ojos acusadoramente
mientras el pelinegro pasaba de él mirándolo indiferente- Por cierto hiciste
muy mal en comerle algo a ese “Frank” –Gruño el nombre al final.
-Solo fue amable, no hay porque ser tan precavido
Gabe.
-Siempre hay que serlo Gerard-Le miro molesto, era
increíble, a veces odiaba que su amigo fuera tan inocente e ingenuo con
respecto a lo malo y psicópatas que pueden llegar a ser algunas personas-Y
aunque te molestes conmigo y llámame sobreprotector y todo lo que tú quieras,
pero averiguare por mi cuenta todo sobre ese hombre.
-Haz lo que quieras.
Fue desconcertante que el moreno se diera por vencido
tan pronto y lo dejara tener la última palabra, conocía lo voluntarioso e
insistente que era su risueño amigo, siempre le gustaba tener la última
palabra. Sorprendido aun por la falta de ánimo que sin dudas se notaba de lejos
en Gerard, lo escruto con la mirada mirando la fachada desprolija y la
mirada tristona que llevaba el siempre vivaz oji-verde, el cabello lo llevaba
revuelto, varios mechones negros cubrían parte del fino rostro, ahora no eran
los lentes los que cubrían sus ojos, si no el pelo. Sin disimulo alguno paso
sus descarados ojos por el cuerpo del chico frente a él, estaba tan delgado, el
torso, los brazos, las piernas, por lo menos parte de ellas, lo que la mesa no tapaba y alcanzaba a su escrutinio.
Desde que lo conoció Gerard había sido delgado, pero también vivió una parte en
la que sufrió sobre graves problemas alimenticios, llegando hasta el hecho de
tener nauseas cada vez que mirara un plato de comida y gracias a ello fuerzas
nulas hasta para sostenerse en pie, pero gracias a la ayuda de profesionales,
la de él, Susie, Matt y de todos lo que lo quieren, salió de ese problema, es
por ello que cada vez que este se resiente con la comida no puede evitar
preocuparse.
Además del frágil estado emocional que lo caracteriza,
el correo del que le hablo Susie, ese comprador, todos los recuerdos del
pasado, sabe muy bien que lo está afectando y lo que menos quiere Gabe es ver a
su amigo en un estado tan vulnerable y depresivo por causa de ese oscuro pasado
que tiene que ver con su familia fallecida.
-Encontraste algo de tu interés-Levanto la mirada y
Gerard le miraba con la nariz arrugada, no pudo evitar alzar una ceja y
brindarle una sonrisita coqueta.
-Tú que crees, guapo.
-En estos momentos puedo ser todo menos verme guapo-Murmuro
desdeñoso sin ocultar el leve enfado en su voz.
-Pues aunque lleves el delineador levemente corrido,
siempre te verás guapo-Le guiño un ojo y comenzó a reír al ver la cara toda
abochornada de Gerard, que en un rápido movimiento volvía a ponerse los lente
para sol cubriendo su deplorable estado, con las mejillas sonrojadas y
murmurando algo como que no debería habérselos quitado desde un principio.
-Vamos hombre, deja el bochorno y comete toda esa
comida, que quiero ver todo ese plato vacío, luego te llevare a mi casa,
tomaras una ducha y luego a dormir.
Sonrió complacido al ver como el pelinegro comenzaba a
comerse los fideos.
-¿Por qué a tu casa?
-Porque quiero asegurarme que descanses.
-Lo puedo hacer en mi depa también, te quedas a dormir
y listo.
-Ya lo veremos.
Gabriel se lo pensó un momento, no quería tener que
toparse con aquel sujeto tatuado que tan mal vibra le daba, pero al mismo
tiempo podía utilizar ese tiempo para enfrentarlo, tal vez y con suerte
averiguara algunas cosas antes de tiempo.
-Voy a averiguar quién es ese comprador fantasma-Le
dijo una vez que salieron del restaurante- Todo va estar bien Gee, ya veraz que
no es más que otro comprador interesado en tu arte, solamente eso.
Gerard solamente asintió serio, sabía que Gabe tenía
muchos contactos importantes y si decía que averiguaría solo para que él se
sintiera mejor, sabía que lo haría, podía confiar ciegamente en su mejor amigo.
~
Un hombre alto, de mirada fría y oscura como el carbón
al igual que su cabello rizado largo un poco más debajo de los hombros el cual
llevaba amarrado en una cola alta, llevaba una camisa de manga corta negra
dejando ver los hombros anchos y brazos torneados en gruesos músculos muy bien
trabajados, el ceñido jean estrecho a las caderas dejando ver los fuertes
muslos como se tensaban al igual que las líneas torneadas en el vientre al
caminar. Caminaba de forma firme por los oscuros pasillos iluminados apenas por
una luz amarillenta, algunos focos comenzaban a fallar titilando, creando una
leve sombra como si conocieran el alma fría y oscura de su sanguinario
poseedor. Sin perturbarse en voltear escucho unos desorbitantes gritos que
venían de una de las tantas salas de ese marchito lugar, los gritos eran
aterradores, desgarrados con fuerza, dejando todas las cuerdas vocales en
ellos, reconoció que eran de una mujer. Suspirando molesto se voltio para ir a
callar a esa escoria pensando que de nuevo sus chicos se encontraban jugando
con el trabajo, con las víctimas. Pero rápidamente se dio cuenta que los gritos
provenían de la sala que denominaban “Ejecuciones” una satisfactoria sonrisa
burlesca se posó en sus duras facciones, prosiguiendo su camino, después de
todo no tenía ganas de ver como torturaban a esa mujer hasta llevarla a la
indudable muerte.
Prosiguió su camino hasta llegar a unas escalones para
subir a la primer planta, con cada paso que daba menos escuchaba los lamentos
de la mujer, al salir del subterráneo y cerrar la escotilla todo fue silencio.
Era sorprendente como cambiaba el lugar de uno lúgubre
apestoso a sangre y muerte hasta uno sofisticado y fino.
-Por fin se calló la perra.
Murmuró sonriente, siguió su camino hasta llegar a una
de las habitaciones donde sabía que se encontraba el, sabia para que lo estaba llamando así que toco la puerta y
luego entro, no se sorprendió ante la escena que sus carboníferos orbes
observaran.
En una amplia cama de dos plazas se encontraba
encorvado con un cigarrillo en una mano mirando su indudable creación, su jefe. En el alfombrado piso ahora color
carmín gracias a los surcos de sangre que salían de un delgado cuerpo tirado ya
sin vida, era solo uno de los tantos juguetes de su jefe, sabía que si lo había
matado es porque ya se había aburrido de él, o simplemente por sádica e insana
diversión.
-Haz dejado el mensaje.
Marco se sobresaltó un poco al oír la fría voz de su
jefe, se había quedado apreciando al joven ya sin vida en el piso, pensaba que
se veía grotesca tanta sangre ensuciando los finos aposentos.
-Sí, Iero recibió el mensaje y no va ser tan idiota de
volver a desobedecer.
Su jefe enfrente se acomodó mejor en la cama,
irguiéndose y posando en el esos fríos y latentes ojos de color ámbar, los
cuales brillaban con morbosa maldad escrutándolo fijamente. Algunos mechones
oscuros se atrevían a posarse sobre las facciones que si eran finas también
eran muy masculinas y muy bien delineadas.
-Angel ven aquí.
Sin quitar la dura mirada de la oscura de marco, llamo
a otro jovencito que se encontraba al otro lado de la cama con la mirada
perdida y lágrimas secas en las
delicadas mejillas.
El jovencito se acercó sin poder evitar temblar, se
puso de rodillas a un lado de las piernas de su amo y poso la mejilla en el
fuerte muslo del hombre de mirada ambarina.
-Buen chico-Marco miro como una cruel sonrisa se
dibujaba en las finas facciones aun sin quitar la intensa mirada en su
persona-Dime una cosa, ¿confías en que Iero haga ahora bien su trabajo?
-La verdad, sigo pensando que debió haberme enviado a
mí a hacer ese trabajo y no al novato ese, pero si valora su asquerosa vida
hará las cosas según lo establecido.
Hablo despectivo.
Marco no confiaba en Frank, ni Frank en él, ambos se odiaban a muerte, y
ese duelo no era ningún secreto para nadie de la organización.
-Confías demasiado.
-¿Cómo?
-Por la forma que tiene de moverse y lo poco que he
visto diría que no es tan novato como parece-Corto bajando su mirada hasta posarla
en el sumiso jovencito que posaba una mejilla tímidamente en una de sus piernas,
llevo una de sus manos para comenzar a jugar con los cabellos negros y lisos de
Angel para luego enterrar las uñas ahí y jalar de los azabaches cabellos hacia
arriba haciéndolo gemir levemente y a sus ojos ámbar brillar de
sadismo-Vigílalo personalmente Marco y si comete un nuevo erros….mátalo.
~
La patrulla se movió rápido al escuchar el llamado que
se hiciera a la estación, esta vez el jefe de la unidad de homicidios del FBI había
decidido ir por el mismo a la morgue luego que su unidad averiguara por la
policía del estado en que habían encontrado el cuerpo de una mujer tirado en
una zona baldía, ya este era el tercer cuerpo en el mismo mes, y por más que el
levantamiento del cuerpo fue rápido, era de esperarse que algunos medios lo
captaran y comenzaran hablar sobre el incidente. Por la similitud de la
mutilación de ese cuerpo con los otros dos, no querían que la población de esa
ciudad comenzara a hablar e inventar historias sobre un asesino a sueldo
matando mujeres indefensas.
Al llegar a la morgue el encargado lo recibió con una
extenuante sonrisa y mirada cansada, eran altas horas de la noche ya, pero el
deber llamaba y el hombre rubio había decidido ver el cuerpo esta vez por
cuenta propia.
-Detective McCracken –Lo saludo el doctor para luego
llevarlo hacia donde tenían el cadáver.
-Hey Ray, que te he dicho de que me llames solo Bert.
El hombre de cabellera rizada solo se encogió de
hombros y se apresuró a destapar el cadáver.
Bert arrugo el entrecejo ante lo que vio, el cuerpo de
una mujer completamente mutilado, tenía la cara irreconocible, le hacía falta
un pezón y ni hablar de las demás partes del cuerpo.
“Maldición…”
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