sábado, 29 de marzo de 2014

Capítulo 09 : The lucidity hidden deep in sweet pandemonium

Capítulo 09 : The lucidity hidden deep in sweet pandemonium


-Claro, no te preocupes, al final la corte dictaminara que fue asesinato no premeditado.

Suspiro al sentir un constante repiqueteo en las sienes, se llevó unos dedos ahí para darse leves masajes circulares.

-Si señora Robinsón no se preocupe, a lo mucho serán 15 años de cárcel.

Rueda los ojos al escuchar el escandaloso llanto en el que cae la mujer de edad avanzada, no quiere enojarse, en verdad que no quiere, porque al final esa pobre mujer no tiene la culpa de que su único hijo al final sea un vulgar hombre acusado de asesinato en segundo grado, al dejarse influenciar por malas compañías y al final terminara cometiendo el error peor de su vida.

-Bueno a la orden, la espero mañana en la corte para la última sesión.

Con molestia surcando su rostro cansado dejando entre ver unas ligeras ojeras por no dormir bien, colgó el teléfono. Tomo un vaso de agua y una pastilla tal vez ayudara un poco a menguar el dolor de cabeza y el estrés acumulado.

Ese último caso que la fiscalía le hubiese asignado, hasta el momento había sido uno de los más tediosos y complicados que en toda su carrera como abogado defensor del estado de  New York,  tuviera que defender. Pero más por el hecho que le había tocado defender al malo, al culpable, no al inocente. Desde un principio no había casi nada que hacer, las pruebas hablaban solas por sí mismas y no había podido estar más contento con perder un caso, se había hecho justicia. Aunque al final lograra que le quitaran muchos más años de cárcel encima de los que le darían al sujeto.

Gabriel suspiro confuso, habían día que no podía evitar odiar su profesión o al menos no poder hacer nada cuando le tocaban este tipo de casos.

Con paso firme  se dirigió a la salida, llevándose una enorme y agradable sorpresa al toparse con su moreno amigo sentado fuera en un mueble en el salón de espera, tenía una taza de café en sus manos y la cabeza levemente agachada, como si hubiese algo interesante en el mundo de sus zapatos.

-Gerard-le llamo con una sonrisa sincera surcándole el rostro, este se sobresaltó y levanto la cabeza para mirarle, llevaba sus tan inseparables lentes negros puestos por lo que se privó de la verde mirada.

-…Gabe –Menciono con la voz algo ronca, fastidiado carraspeo arrugando graciosamente la nariz- Tu asistente es muy eficiente, mira lo que me dio-Levanto sus manos enseñando la humeante taza de café.

-Eso está bien-Sonrió sentándose a su lado-Hace mucho que estas esperando, le hubieses dicho a la eficiente asistente que me avisara.

-No quería molestar.

-Tú no molestas Gerard, eso ya lo sabes-Le miró fijamente para luego posar una de sus manos en la espalda de su mejor amigo-¿Cómo te encuentras?

Y he aquí la pregunta del año, la que no quería escuchar. Con un largo sorbo a su café para aparentar su fétido estado de ánimo, dibujo una sonrisa que fue más una mueca mal hecha en su rostro de finas facciones.

-…Susie te conto, cierto- Musito en voz bajita, la mirada oscura y determinante de Gabriel se lo confirmo-Estoy bien, supongo.

La sonrisa tierna y simple de Gabe le tranquilizo bastante, sabiendo que no era prudente surcar más el tema, conocía lo necesario y eso por los momentos era suficiente.

~

Con sumo recelo miraba el enorme plato repleto de pasta enrollada, la cual revolvía con un tenedor sin mucha prisa de llevarse el primer bocado a la boca.
-Seguirás jugando con la comida, o quieres que te la de yo personalmente –Molesto su amigo con un pequeño tono de reproche impregnada en la voz.

Luego de salir del despacho y enterarse de la poca comida ingerida por el oji-verde en 24 horas, se dispuso llevarlo el mismo a su restaurante favorito y asegurarse de que ingiriera toda la comida.

-No tengo mucha hambre.

-Deja de bromear-Le increpo comenzando a molestarse de la falta de interés que ponía Gerard en su propia alimentación-Vos mismo me contaste que lo único que has comido fue el desayuno que preparo ese sujeto que vive de arrimado contigo.

-Se llama Frank.

-Ya sé cómo se llama-Entorno lo ojos acusadoramente mientras el pelinegro pasaba de él mirándolo indiferente- Por cierto hiciste muy mal en comerle algo a ese “Frank” –Gruño el nombre al final.

-Solo fue amable, no hay porque ser tan precavido Gabe.

-Siempre hay que serlo Gerard-Le miro molesto, era increíble, a veces odiaba que su amigo fuera tan inocente e ingenuo con respecto a lo malo y psicópatas que pueden llegar a ser algunas personas-Y aunque te molestes conmigo y llámame sobreprotector y todo lo que tú quieras, pero averiguare por mi cuenta todo sobre ese hombre.

-Haz lo que quieras.

Fue desconcertante que el moreno se diera por vencido tan pronto y lo dejara tener la última palabra, conocía lo voluntarioso e insistente que era su risueño amigo, siempre le gustaba tener la última palabra. Sorprendido aun por la falta de ánimo que sin dudas se notaba de lejos en Gerard, lo escruto con la mirada mirando la fachada desprolija  y  la mirada tristona que llevaba el siempre vivaz oji-verde, el cabello lo llevaba revuelto, varios mechones negros cubrían parte del fino rostro, ahora no eran los lentes los que cubrían sus ojos, si no el pelo. Sin disimulo alguno paso sus descarados ojos por el cuerpo del chico frente a él, estaba tan delgado, el torso, los brazos, las piernas, por lo menos parte de ellas, lo que la  mesa no tapaba y alcanzaba a su escrutinio. Desde que lo conoció Gerard había sido delgado, pero también vivió una parte en la que sufrió sobre graves problemas alimenticios, llegando hasta el hecho de tener nauseas cada vez que mirara un plato de comida y gracias a ello fuerzas nulas hasta para sostenerse en pie, pero gracias a la ayuda de profesionales, la de él, Susie, Matt y de todos lo que lo quieren, salió de ese problema, es por ello que cada vez que este se resiente con la comida no puede evitar preocuparse.  

Además del frágil estado emocional que lo caracteriza, el correo del que le hablo Susie, ese comprador, todos los recuerdos del pasado, sabe muy bien que lo está afectando y lo que menos quiere Gabe es ver a su amigo en un estado tan vulnerable y depresivo por causa de ese oscuro pasado que tiene que ver con su familia fallecida. 

-Encontraste algo de tu interés-Levanto la mirada y Gerard le miraba con la nariz arrugada, no pudo evitar alzar una ceja y brindarle una sonrisita coqueta.
-Tú que crees, guapo.

-En estos momentos puedo ser todo menos verme guapo-Murmuro desdeñoso sin ocultar el leve enfado en su voz.

-Pues aunque lleves el delineador levemente corrido, siempre te verás guapo-Le guiño un ojo y comenzó a reír al ver la cara toda abochornada de Gerard, que en un rápido movimiento volvía a ponerse los lente para sol cubriendo su deplorable estado, con las mejillas sonrojadas y murmurando algo como que no debería habérselos quitado desde un principio.

-Vamos hombre, deja el bochorno y comete toda esa comida, que quiero ver todo ese plato vacío, luego te llevare a mi casa, tomaras una ducha y luego a dormir.

Sonrió complacido al ver como el pelinegro comenzaba a comerse los fideos.

-¿Por qué a tu casa?

-Porque quiero asegurarme que descanses.

-Lo puedo hacer en mi depa también, te quedas a dormir y listo.

-Ya lo veremos.

Gabriel se lo pensó un momento, no quería tener que toparse con aquel sujeto tatuado que tan mal vibra le daba, pero al mismo tiempo podía utilizar ese tiempo para enfrentarlo, tal vez y con suerte averiguara algunas cosas antes de tiempo.

-Voy a averiguar quién es ese comprador fantasma-Le dijo una vez que salieron del restaurante- Todo va estar bien Gee, ya veraz que no es más que otro comprador interesado en tu arte, solamente eso.

Gerard solamente asintió serio, sabía que Gabe tenía muchos contactos importantes y si decía que averiguaría solo para que él se sintiera mejor, sabía que lo haría, podía confiar ciegamente en su mejor amigo.

~


Un hombre alto, de mirada fría y oscura como el carbón al igual que su cabello rizado largo un poco más debajo de los hombros el cual llevaba amarrado en una cola alta, llevaba una camisa de manga corta negra dejando ver los hombros anchos y brazos torneados en gruesos músculos muy bien trabajados, el ceñido jean estrecho a las caderas dejando ver los fuertes muslos como se tensaban al igual que las líneas torneadas en el vientre al caminar. Caminaba de forma firme por los oscuros pasillos iluminados apenas por una luz amarillenta, algunos focos comenzaban a fallar titilando, creando una leve sombra como si conocieran el alma fría y oscura de su sanguinario poseedor. Sin perturbarse en voltear escucho unos desorbitantes gritos que venían de una de las tantas salas de ese marchito lugar, los gritos eran aterradores, desgarrados con fuerza, dejando todas las cuerdas vocales en ellos, reconoció que eran de una mujer. Suspirando molesto se voltio para ir a callar a esa escoria pensando que de nuevo sus chicos se encontraban jugando con el trabajo, con las víctimas. Pero rápidamente se dio cuenta que los gritos provenían de la sala que denominaban “Ejecuciones” una satisfactoria sonrisa burlesca se posó en sus duras facciones, prosiguiendo su camino, después de todo no tenía ganas de ver como torturaban a esa mujer hasta llevarla a la indudable muerte.

Prosiguió su camino hasta llegar a unas escalones para subir a la primer planta, con cada paso que daba menos escuchaba los lamentos de la mujer, al salir del subterráneo y cerrar la escotilla todo fue silencio.

Era sorprendente como cambiaba el lugar de uno lúgubre apestoso a sangre y muerte hasta uno sofisticado y fino.

-Por fin se calló la perra.

Murmuró sonriente, siguió su camino hasta llegar a una de las habitaciones donde sabía que se encontraba el, sabia para que lo estaba llamando así que toco la puerta y luego entro, no se sorprendió ante la escena que sus carboníferos orbes observaran.

En una amplia cama de dos plazas se encontraba encorvado con un cigarrillo en una mano mirando su indudable creación, su jefe. En el alfombrado piso ahora color carmín gracias a los surcos de sangre que salían de un delgado cuerpo tirado ya sin vida, era solo uno de los tantos juguetes de su jefe, sabía que si lo había matado es porque ya se había aburrido de él, o simplemente por sádica e insana diversión.

-Haz dejado el mensaje.

Marco se sobresaltó un poco al oír la fría voz de su jefe, se había quedado apreciando al joven ya sin vida en el piso, pensaba que se veía grotesca tanta sangre ensuciando los finos aposentos.
-Sí, Iero recibió el mensaje y no va ser tan idiota de volver a desobedecer.
Su jefe enfrente se acomodó mejor en la cama, irguiéndose y posando en el esos fríos y latentes ojos de color ámbar, los cuales brillaban con morbosa maldad escrutándolo fijamente. Algunos mechones oscuros se atrevían a posarse sobre las facciones que si eran finas también eran muy masculinas y muy bien delineadas.

-Angel ven aquí.

Sin quitar la dura mirada de la oscura de marco, llamo a otro jovencito que se encontraba al otro lado de la cama con la mirada perdida y lágrimas secas en las  delicadas mejillas.

El jovencito se acercó sin poder evitar temblar, se puso de rodillas a un lado de las piernas de su amo y poso la mejilla en el fuerte muslo del hombre de mirada ambarina.

-Buen chico-Marco miro como una cruel sonrisa se dibujaba en las finas facciones aun sin quitar la intensa mirada en su persona-Dime una cosa, ¿confías en que Iero haga ahora bien su trabajo?

-La verdad, sigo pensando que debió haberme enviado a mí a hacer ese trabajo y no al novato ese, pero si valora su asquerosa vida hará las cosas según lo establecido.

Hablo despectivo. Marco no confiaba en Frank, ni Frank en él, ambos se odiaban a muerte, y ese duelo no era ningún secreto para nadie de la organización.

-Confías demasiado.

-¿Cómo?

-Por la forma que tiene de moverse y lo poco que he visto diría que no es tan novato como parece-Corto bajando su mirada hasta posarla en el sumiso jovencito que posaba una mejilla tímidamente en una de sus piernas, llevo una de sus manos para comenzar a jugar con los cabellos negros y lisos de Angel para luego enterrar las uñas ahí y jalar de los azabaches cabellos hacia arriba haciéndolo gemir levemente y a sus ojos ámbar brillar de sadismo-Vigílalo personalmente Marco y si comete un nuevo erros….mátalo.
~

La patrulla se movió rápido al escuchar el llamado que se hiciera a la estación, esta vez el jefe de la unidad de homicidios del FBI había decidido ir por el mismo a la morgue luego que su unidad averiguara por la policía del estado en que habían encontrado el cuerpo de una mujer tirado en una zona baldía, ya este era el tercer cuerpo en el mismo mes, y por más que el levantamiento del cuerpo fue rápido, era de esperarse que algunos medios lo captaran y comenzaran hablar sobre el incidente. Por la similitud de la mutilación de ese cuerpo con los otros dos, no querían que la población de esa ciudad comenzara a hablar e inventar historias sobre un asesino a sueldo matando mujeres indefensas.

Al llegar a la morgue el encargado lo recibió con una extenuante sonrisa y mirada cansada, eran altas horas de la noche ya, pero el deber llamaba y el hombre rubio había decidido ver el cuerpo esta vez por cuenta propia.

-Detective McCracken –Lo saludo el doctor para luego llevarlo hacia donde tenían el cadáver.
-Hey Ray, que te he dicho de que me llames solo Bert.

El hombre de cabellera rizada solo se encogió de hombros y se apresuró a destapar el cadáver.

Bert arrugo el entrecejo ante lo que vio, el cuerpo de una mujer completamente mutilado, tenía la cara irreconocible, le hacía falta un pezón y ni hablar de las demás partes del cuerpo. 
“Maldición…” 


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