Capítulo 06• Take a breath, take it
deep.
Los
rayos de sol entran en su plenitud atravesando los enormes cristales de los 4
ventanales que hacen de pared en el living del apartamento, cosa extraña porque
si hay algo que odia es que la luz mañanera dañe sus ojos e interrumpa de
alguna manera nada placentera su sueño. Una mueca y un gruñido de inconformidad
surcan su rostro y oídos, aun algo adormilado
se remueve en una superficie plana y nada acogedora, la incomodidad en
su espalda no se hace esperar, al igual que otras partes de su cuerpo dañadas
por la posición en que ha dormido al parecer toda la noche, o mejor dicho lo
que restaba de ella.
Las
imágenes tardan en llegar, pero cuando lo hacen son tan enceguecedoras y
brutales que un escalofrió se cuela en
su interior, es esa misma electricidad que corrió libre por sus cuerpos al
colisionar, esa misma sensación que lo dejo sin respiración unos escasos
segundos antes de explotar y ser luego un amasijo de piel y huesos, un muñeco
de trapo a la merced de su dueño.
Abre
los ojos para asegurarse que efectivamente es lo que piensa, y sus ojos le dan
la afortunada visión deseada. Si, los ventanales están sin las cortinas
oscuras, estas abiertas como las recordaba al entrar, donde la visión de una
tormenta vistiendo de agua y rayos toda la ciudad se dejaba ver, amenazante y
aterradora. Posa sus manos en la superficie cubierta por la aterciopelada
alfombra al sentarse, sin duda su cuerpo adolorido es gracias a que lo único que uso como cama fue el piso
de su sala. Sus ojos ahora con un brillo naciente de picardía giran alrededor,
los muebles un poco movidos de posición, los cojines tirados por los
alrededores, a sus pies un vaso, más adelante una botella lo más seguro es que
sería de algún buen vino, cajas de comida tiradas, pero lo que más llamaba su
atención aparte de notar su bóxer colgado de unas hojas verdes del macetero más
cercano, fue ver la mesita de cristal quebrada por mitad, con todos sus adornos
y una retratera con una foto de fondo donde figuran el y Gabriel sonrientes
como un bonito recuerdo de la noche de graduación de la Universidad, tiradas y
hechas añicos por todas partes, literalmente.
Cualquiera
que mirase el cuadro escénico de su sala, pensaría que una estampida de
animales salvajes pasó por aquí y destrozo el lugar, o una fuerte ráfaga de
viento se coló por su ventana y desato el desastre en la noche. Pero vamos, lo
último que pensarías es que esto fue causa de dos muchachitos dejándose abrazar
por los brazos envolventes del deseo y dejarse quemar por la emoción tan
intensa de la pasión.
“oh mierda”
Abre
sus ojos sorprendido, un fuerte sonrojo cubre parte de su rostro, se muerde el
labio inferior, mientras busca con sus vivaces ojos al protagonista y causante
de tan exuberante por no decir “salvaje” noche y de cierto ardor entre sus
nalgas.
“Que noche brutal”
~
El
agua cae silenciosa y fría sobre si, recorre cada recoveco de su piel, de su
tinta, le recorre y estremece un poco al delinearlo, al sentirla, tan altanera
erizando vellos a su paso, un gruñido sale de sus labios entreabiertos,
manteniendo la cabeza recostada sobre los azulejos, lleva un rato así y la
posición lo cansa, se da vuelta y ahora coloca su frente sobre los húmedos
azulejos de color gris, quiere dejar de pensar, dejar de atormentarse, apagarse
un rato y por fin dejar de sentir.
Tantas
emociones corriendo por sus venas, le marean, le dan ganas de vomitar, alteran su organismo. No es normal.
Nada
de lo que sucedió en la noche lo es, la hora de ver los errores es lacerante,
contradictoria, al final había cedido ante algo que se veía venir, ante algo
que no era malo, pero tampoco bueno.
Era
parte del plan ¿no?, plan que pensaba mandar a la mierda y hacer un trabajo
limpio y rápido. Esa noche, era la NOCHE. Pero lo arruino todo, o al menos en
parte, deberá acoplarse al plan después de todo, al plan de él, y a su propio plan.
Porque
al final de esta historia, la única sonrisa dibujada artísticamente a la fuerza
será la suya.
Abre
sus ojos, avellanas profundos mirando fijamente sus pies, como el agua se
envuelve y penetra entre sus dedos.
La
ducha se está alargando más de la cuenta, dejando volar sus pensamientos,
dejando a la imaginación hacer acto principal de los flashes de su mente, de
ayer en la noche, de esos labios que partió a mordidas, de ese cuerpo del que
bruscamente se adueñó. De las enfermas ganas de querer hacerlo de nuevo y de lo
cual nunca admitirá.
Frunce
el ceño y aprieta los labios, estúpidas sensaciones, abominables deseos, debe
deshacerse de ellos antes que otro error eche a perder su justa causa.
~
Necesitaba
café, café urgente.
Luego
de encontrar sus bóxer junto a sus pantalones en la sala, se aventuró hasta la
cocina, encontrándola limpia y como nueva, casi nunca sin usar más que para
preparar café, sobra decir que el pelinegro no sabía ni pretendía aprender a
cocinar algún día.
Una
vez finalizada su tarea culinaria, la cual consistía en agregar agua y café a
la cafetera y dejar que esta hiciera todo el trabajo de preparación sola,
mientras este se dedicaba a mordisquearse el labio inferior con mucho ahínco,
una típica característica de concentración algunas veces y nerviosismo en
otras, dependía la ocasión y esta podría ser una de las dos.
Había
escucha el sonido de la ducha en la habitación de Frank cuando se dirigió a
buscarlo, solo para cerciorarse de que este no había huido luego de lo que pasó
entre ambos esa noche.
No
conocía lo suficiente a Frank como para saber su forma de pensar respecto a la
manera tan descarada que tenia de acosarlo e insinuarse.
¿Qué
pensaría de él? Que es un lanzado, un fácil o simplemente que le tenía unas
ganas tremendas desde que lo viera sin nada más que un bóxer y toda esa tinta
cubriendo su piel. Prácticamente se le había hecho agua la boca y no era bueno
pensar en eso ahora, si no quería comenzar a salivar de nuevo.
Pero
que más daba al final este le respondió como esperaba, de hecho sobrepaso sus
expectativas. Nunca espero una pasión tan desenfrenada escondida en ese pequeño
hombrecito, al parecer ese petizo era más de lo que aparentaba y no decía.
Además
¿desde cuando le importaba lo que piensen sus amantes?, por algo son solo eso,
amantes de turno, simples polvos, nunca, nunca le ha interesado su opinión, y
hoy no es momento de empezar hacerlo.
Hace
una mueca con la cara, ahuecando las mejillas y chupándoselas hacia dentro,
¿qué diablos le sucede? la ansiedad luego del sexo no es algo propio de él,
agita negativamente la cabeza quitándose tan absurdas interrogantes en un
intento vano de calmar tan extraños pensamientos.
Lo
más seguro es que el castaño de ojos del mismo color no se haga tanto lio, ni
lagunas mentales, mucho menos cuestionamientos estúpidos. Aunque no podría
asegúralo porque, no sabe nada de él.
Oh
claro no hay que olvidar que apenas aproximadamente dos días y algunas horas
que se presentó en su casa como amigo de Matt, buscando donde hospedarse.
¡Oh
Maldición! ¡Maldición!, en realidad no lo conoce, no lo conoce absolutamente
nada.
Sirvió
un poco de café en una taza de porcelana blanca, esta humea ese olor tan
particularmente adictivo, se entretiene un poco dejando que su olfato capte su
aroma, erizándole los vellos de la nunca ante la sensación que siempre ha
causado este apetitoso liquido en su organismo. Sencillamente su vida no sería
vida, si no existiese este elixir.
Enfermas
adicciones, lo malo es que es un chico muy propenso a estas.
-¿Me das un poco?
Se
sobresalta ante la voz que corta agresivamente el lapso de silencio y
meditación en el que se mantenía sumergido, la voz le suena ronca, como
adormecida. Gerard se voltea, ya que le daba la espalda, lo mira fijo unos
segundos sujetando la taza de la fina orejera, achicando los ojos antes de
preguntar.
-…¿Hum
que exactamente?
Frank
no lleva camisa, solo un vaquero desteñido azul bastante roto de las rodillas,
dejando de nuevo toda esa piel manchada por tinta de su pecho y brazos al aire,
Gerard tiene que darle un sorbo al café caliente antes que el castaño descubra
el pequeño agite de respiración y a sus ojos curiosos mirando otra vez demás.
“Mierda”
chasquea al sentir su lengua quemada por no tener cuidado.
“Soy idiota”
-…Café.
Responde
sin más Iero, sin quitar esa expresión seria y esa mirada fija del moreno que
tiene enfrente y en igual condición, solo en pantalones, mostrando tanta piel
blanca, demasiado blanca, pura, prolija, sin ninguna mancha de tinta en ella,
tan suave y delicada que no puede evitar pensar que pasaría si empujara
bruscamente la taza con el café hirviendo encima, lo más seguro es que quedaría
rojiza y muy adolorida.
Y
el con mucho gusto pasaría su lengua para aminorar el dolor.
-¿Quieres
que te sirva un poco?
Amablemente
pregunta Gerard, achicando los ojos al notar la mirada tan fija y aduladora que
acompaña al rostro inmutable del castaño esa mañana. El moreno no puede evitar preguntarse
qué tanto pasa por la cabeza del tatuado, detesta no saber predecirlo, es como
si se la pasara maquinando cosas ahí adentro, como si tuviera cuidado al
contestar, siendo algo precavido, sin entender porque.
Frank
no contesta, solo lo observa como anoche, escudriñando su rostro, sin saber
porque se comienza a sentir algo incómodo, vuelve a llevarse la taza a la boca
y sorber un poco sin antes soplarlo, siendo precavido esta vez.
Eleva
una ceja al notar que Iero camina los únicos dos pasos que los separan, así
violando su espacio personal, demasiado cerca para su propio bien, sin querer
quitar sus ojos del otro, disfrutando su aroma a recién bañado y también de su
cercanía. Sin notarlo, Frank cuela una mano entre ambos, tomando en un agarre
fuerte la muñeca que sostiene la taza humeante que funciona de separador entre
ambos pechos desnudos.
Se
inclina, llevando la muñeca a su boca, y lo único que su aturdido cerebro
procesa es como ese par de labios entreabiertos se posan en la taza, el líquido
negro entrando en su boca, dejándola más
roja si eso es posible.
Los
ojos chocolate sin apartarlos de su rostro, y Gerard sin poder despegar los
suyos de su boca, con la respiración cortada por los breves segundos que duro
la tortura y piensa como puede Iero convertir algo tan simple como beber un
poco de café de una taza, en algo tan erótico y sexy.
“Maldito castaño y
sus labios provocadores”
-Sabe
bien.
Gerard
mira su taza y luego a Frank, sin palabras momentáneas que no sean monosílabos
y lo único que dice lo avergüenza.
Porque
el que juega aquí es él no el otro.
-…¿hum?
Una
sonrisa torcida y picara aparece en el rostro de Iero.
-Yo
me sirvo Gee, gracias.
Y
así como se acercó se apartó, sirviéndose un poco en otra taza, ya que al
parecer solo lo estaba probando, y vaya manera de hacerlo.
Los
minutos pasan y lo único que se escucha es el sonido de sus labios sorbiendo
café, Gee se ha recargado en la encimera de espaldas, y Frank de lado, este
último aun sin quitarle los ojos de encima.
Y
Gerard se pregunta ¿desde cuando lo incomoda que lo miren tanto?, tal vez no
sea que lo miren, sino la forma en la que lo hace, tan meticuloso y frio,
fijamente sin parpadear, como si quisiera saber todo de él con tan solo
observarlo.
Aprieta
el amarre de sus dos manos alrededor de la taza, mordiéndose las mejillas por
dentro, si hay algo que detesta es el silencio y no tener tema de conversación,
sobre todo cuando la tensión sexual se puede cortar en el aire, y él no es un
chico que precisamente se mantenga callado por mucho tiempo.
-Emm
deberías pedir algo para comer, yo con otra taza de café estoy hecho.
Le
dice volteando el rostro, su voz sonando demasiado fuerte en la silenciosa
cocina, notando la cara de confusión en el otro al despertarlo de su letargo,
como si todo ese rato no se la hubiera pasado observándolo de perfil.
-¿Si
quieres puedo cocinar algo?-Habla despacio, mirándole ahora aturdido por la
cara de sorpresa que pone.
Si
hay característica que ames en alguien, es esa; que sepan cocinar, porque tú
eres un desastre en ello, aparte Iero no parece un tío que sepa de las artes
culinarias, tal vez solo lo básico.
-
¡Claro!-Sonríes agraciado-… hum ¿si quieres?
-Por
mí no hay problema.
Frank
te sonríe de nuevo, solo que esta vez es diferente, no es pilla, ni picara, ni
sensual, es más agradable, fresca, honesta.
Pero
sobretodo no es fingida, porque no eres tonto y la has notado.
Y
lo único que sabes es que quieres seguir viendo esa sonrisa más seguido.
El
castaño se lava las manos, te pide todo lo que necesitara para preparar un
desayuno liviano como te ha dicho él, lo bueno es que a pesar de no saber
cocinar, la despensa siempre la mantienes llena de alimentos, porque si no cocinas tú, siempre lo hacen tus
amigos que se apropian de tu cocina cada vez que te vienen a ver, que es casi
siempre.
Gerard
se asombra al ver como los tatuados dedos toman con tanta practica el cuchillo
y parten todo tipo de verduras en trocitos pequeños con una velocidad
impresionante. Tú ya te hubieras cortado un dedo, lo piensas y lo dices, Frank
te mira y sonríe de medio lado, diciéndote lo fácil que es.
Si
hay algo que Frank ha aprendido en estos dos días de convivir con el pelinegro
es que le encanta hablar, cuando comienza no hay quien lo calle, parece un
lorito, contándote como una vez Adam quiso enseñarle a cocinar un simple huevo
estrellado, pero este se terminó estrellando en el piso, al no calcular bien la
distancia entre la fridera y el huevo, o que simplemente hasta el agua se le
quema, es un desastre.
Cuando
uno ama el silencio, el otro disfruta romperlo. Tan diferentes que Frank no
puede evitar pensar si soportar todo el rato que le llevara finalizar su tarea
al lado de ese moreno perico.
Pero
si hay algo en lo que coinciden y se comunican muy bien, y eso lo comprobó esa
noche, es en la cama, en el sexo fuerte, bruto, descomunal sin sentimiento de
por medio.
~
-Wow
debo admitir que se ve bastante bien.
Gerard
observa los platillos en la pequeña mesa de la cocina, uno frente al otro, cada
uno utilizando una camiseta para no sucumbir ante la tentación, al final Frank
había decido cocinar una simples tortillas
fritas con mucho quesillo y jamón, con chimol a los lados, lo cual es
verduras en trocitos, con limón y vinagre. Un vaso de jugo de naranja natural a
la par con mucho hielo.
-Pruébalo
y me dices si te gusta.
La
mordida se sintió bastante bien, le sonríe grande asintiendo afirmativamente.
Frank
solo le guiña un ojo y se dispone a masticar las suyas. Comen en silencio un
rato, hasta que Gerard decide romperlo para preguntar algo que le viene
rondando la cabeza desde que lo mirara cortar con tanta práctica las verduras.
-¿Aprendiste
tu solo o te enseñaron?
Frank
deja de comer para mirarlo confuso, subiendo su mirada para dejarla anclada en
sus ojos verdes.
-¿Perdón?
-…A
cocinar.
Dice,
Frank se lame los labios pensativo, de repente serio de nuevo.
-….Aprendí
solo.
Responde
al cabo de un rato, mirándolo fijo de nuevo, cuando Gerard se disponía a abrir
la boca y preguntar de nuevo pensando que este no lo había escuchado.
-Vaya,
eso es genial…¿tu mamá te enseño?- Pregunta sonriendo, bajando la mirada por un
momento para tomar un trago de jugo.
Una
mueca cruza rápido por la cara de Frank, abriendo más de la cuenta los ojos,
Gerard lo vuelve a mirar y sonríe.
Pero
Frank no contesta de nuevo, se tarda otro momento, arrugando ahora el
entrecejo.
-No.
-..¿Uh?
–Gerard lo mira sin comprender, pero restándole importancia, mientras ladea su
cara hacia un lado, dejándola reposar sobre su mano, ya que su brazo ahora se encuentra en la meza,
achica los ojos interesado en el chico tatuado a su frente –……¿Entonces?
-Bueno
ya te lo dije, aprendí solo- Gee eleva una ceja, y este suspira, otra nueva
faceta del moreno, ser fastidioso –Bueno, antes cuando era más joven trabaje en
cocina, en varios restaurantes.
-Vaya
eso es genial-Sonríe, dándole la última mordida a su tortilla con quesillo y jamón,
para luego hacer hacia un lado el plato y concentrarse de lleno en su tatuado nuevo
amigo. Porque si ya lo decidió, el castaño le cayó muy bien y lo quiere cerca,
muy cerca.
-..Supongo-
Contesta Frank encogiéndose de hombros.
-..Y
….¿hace cuánto que lo dejaste?
-Hace
bastante, ya te lo dije, eso pasó cuando era chico.
-¿Que
tan chico?
Frank
lo mira sin ninguna expresión, mostrando aburrimiento, tratando de no
molestarse y callarle la boca de una bofetada por curioso.
-MUY
chico.
Frunce
el ceño, al recalcar la frase.
Gerard
suelta una risita suelta, algo floja para al final asentir y luego morderse
labio.
-¿De
casualidad no trabajaste en un restaurante chino? amo la comida china, ya sabes
si te sabes una receta, podrías cocinarme algún día sabes.
Frank
alza sus dos cejas mirando sorprendido al pelinegro, negando luego con la
cabeza sin poder creerlo, ese moreno es imposible, si antes quería bofetearlo,
ahora mientras una pequeña sonrisa graciosa se formaba en su boca, quería
partirle la boca pero de un mordisco.
Y
si, no solo a uno le cae bien el otro.
~
Un
Jean negro pegado al cuerpo, ciñendo muy bien las piernas y caderas, una
camiseta roja por dentro con una sudadera negra encima, unos viejos converse
rojos es el atuendo que Way utiliza para salir, el cabello negro, reluciente y
bien cuidado el cual solo peina con los dedos, sus inseparables gafas negras, y
se ve de infarto.
Al
menos eso es lo que piensa Frank cuando lo ve salir de la habitación al pasillo donde se
encuentran brevemente.
-¿Vas
de salida?
Pregunta
Frank suspicaz
-Em
sí, me llamaron de la gallería al parecer me necesitan allá.
-…..ya
veo –Murmura despacio, más para sí mismo, recordando algo. Pasando por alto el
hecho de que a Frank no le sorprenda que él tenga una gallería porque eso Frank
ya lo sabe, pero Gerard no.
-..¿Cómo? -Pregunta Gerard.
-No
nada, que te veo luego, creo que yo también saldré más al rato, tengo asuntos
pendientes que atender.
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