sábado, 29 de marzo de 2014

Capítulo 06• Take a breath, take it deep.

Capítulo 06• Take a breath, take it deep.

Los rayos de sol entran en su plenitud atravesando los enormes cristales de los 4 ventanales que hacen de pared en el living del apartamento, cosa extraña porque si hay algo que odia es que la luz mañanera dañe sus ojos e interrumpa de alguna manera nada placentera su sueño. Una mueca y un gruñido de inconformidad surcan su rostro y oídos, aun algo adormilado  se remueve en una superficie plana y nada acogedora, la incomodidad en su espalda no se hace esperar, al igual que otras partes de su cuerpo dañadas por la posición en que ha dormido al parecer toda la noche, o mejor dicho lo que restaba de ella.

Las imágenes tardan en llegar, pero cuando lo hacen son tan enceguecedoras y brutales que un escalofrió se cuela  en su interior, es esa misma electricidad que corrió libre por sus cuerpos al colisionar, esa misma sensación que lo dejo sin respiración unos escasos segundos antes de explotar y ser luego un amasijo de piel y huesos, un muñeco de trapo a la merced de su dueño.

Abre los ojos para asegurarse que efectivamente es lo que piensa, y sus ojos le dan la afortunada visión deseada. Si, los ventanales están sin las cortinas oscuras, estas abiertas como las recordaba al entrar, donde la visión de una tormenta vistiendo de agua y rayos toda la ciudad se dejaba ver, amenazante y aterradora. Posa sus manos en la superficie cubierta por la aterciopelada alfombra al sentarse, sin duda su cuerpo adolorido es gracias  a que lo único que uso como cama fue el piso de su sala. Sus ojos ahora con un brillo naciente de picardía giran alrededor, los muebles un poco movidos de posición, los cojines tirados por los alrededores, a sus pies un vaso, más adelante una botella lo más seguro es que sería de algún buen vino, cajas de comida tiradas, pero lo que más llamaba su atención aparte de notar su bóxer colgado de unas hojas verdes del macetero más cercano, fue ver la mesita de cristal quebrada por mitad, con todos sus adornos y una retratera con una foto de fondo donde figuran el y Gabriel sonrientes como un bonito recuerdo de la noche de graduación de la Universidad, tiradas y hechas añicos por todas partes, literalmente.
Cualquiera que mirase el cuadro escénico de su sala, pensaría que una estampida de animales salvajes pasó por aquí y destrozo el lugar, o una fuerte ráfaga de viento se coló por su ventana y desato el desastre en la noche. Pero vamos, lo último que pensarías es que esto fue causa de dos muchachitos dejándose abrazar por los brazos envolventes del deseo y dejarse quemar por la emoción tan intensa de la pasión.

“oh mierda”
Abre sus ojos sorprendido, un fuerte sonrojo cubre parte de su rostro, se muerde el labio inferior, mientras busca con sus vivaces ojos al protagonista y causante de tan exuberante por no decir “salvaje” noche y de cierto ardor entre sus nalgas.
“Que noche brutal”


~
El agua cae silenciosa y fría sobre si, recorre cada recoveco de su piel, de su tinta, le recorre y estremece un poco al delinearlo, al sentirla, tan altanera erizando vellos a su paso, un gruñido sale de sus labios entreabiertos, manteniendo la cabeza recostada sobre los azulejos, lleva un rato así y la posición lo cansa, se da vuelta y ahora coloca su frente sobre los húmedos azulejos de color gris, quiere dejar de pensar, dejar de atormentarse, apagarse un rato y por fin dejar de sentir.
Tantas emociones corriendo por sus venas, le marean, le dan ganas de vomitar,  alteran su organismo. No es normal.
Nada de lo que sucedió en la noche lo es, la hora de ver los errores es lacerante, contradictoria, al final había cedido ante algo que se veía venir, ante algo que no era malo, pero tampoco bueno.
Era parte del plan ¿no?, plan que pensaba mandar a la mierda y hacer un trabajo limpio y rápido. Esa noche, era la NOCHE. Pero lo arruino todo, o al menos en parte, deberá acoplarse al plan después de todo, al plan de él, y a su propio plan.
Porque al final de esta historia, la única sonrisa dibujada artísticamente a la fuerza será la suya.
Abre sus ojos, avellanas profundos mirando fijamente sus pies, como el agua se envuelve y penetra entre sus dedos. 
La ducha se está alargando más de la cuenta, dejando volar sus pensamientos, dejando a la imaginación hacer acto principal de los flashes de su mente, de ayer en la noche, de esos labios que partió a mordidas, de ese cuerpo del que bruscamente se adueñó. De las enfermas ganas de querer hacerlo de nuevo y de lo cual nunca admitirá.
Frunce el ceño y aprieta los labios, estúpidas sensaciones, abominables deseos, debe deshacerse de ellos antes que otro error eche a perder su justa causa.
~

Necesitaba café, café urgente.
Luego de encontrar sus bóxer junto a sus pantalones en la sala, se aventuró hasta la cocina, encontrándola limpia y como nueva, casi nunca sin usar más que para preparar café, sobra decir que el pelinegro no sabía ni pretendía aprender a cocinar algún día.
Una vez finalizada su tarea culinaria, la cual consistía en agregar agua y café a la cafetera y dejar que esta hiciera todo el trabajo de preparación sola, mientras este se dedicaba a mordisquearse el labio inferior con mucho ahínco, una típica característica de concentración algunas veces y nerviosismo en otras, dependía la ocasión y esta podría ser una de las dos.
Había escucha el sonido de la ducha en la habitación de Frank cuando se dirigió a buscarlo, solo para cerciorarse de que este no había huido luego de lo que pasó entre ambos esa noche.
No conocía lo suficiente a Frank como para saber su forma de pensar respecto a la manera tan descarada que tenia de acosarlo e insinuarse.
¿Qué pensaría de él? Que es un lanzado, un fácil o simplemente que le tenía unas ganas tremendas desde que lo viera sin nada más que un bóxer y toda esa tinta cubriendo su piel. Prácticamente se le había hecho agua la boca y no era bueno pensar en eso ahora, si no quería comenzar a salivar de nuevo.
Pero que más daba al final este le respondió como esperaba, de hecho sobrepaso sus expectativas. Nunca espero una pasión tan desenfrenada escondida en ese pequeño hombrecito, al parecer ese petizo era más de lo que aparentaba y no decía.
Además ¿desde cuando le importaba lo que piensen sus amantes?, por algo son solo eso, amantes de turno, simples polvos, nunca, nunca le ha interesado su opinión, y hoy no es momento de empezar hacerlo.
Hace una mueca con la cara, ahuecando las mejillas y chupándoselas hacia dentro, ¿qué diablos le sucede? la ansiedad luego del sexo no es algo propio de él, agita negativamente la cabeza quitándose tan absurdas interrogantes en un intento vano de calmar tan extraños pensamientos.
Lo más seguro es que el castaño de ojos del mismo color no se haga tanto lio, ni lagunas mentales, mucho menos cuestionamientos estúpidos. Aunque no podría asegúralo porque, no sabe nada de él.
Oh claro no hay que olvidar que apenas aproximadamente dos días y algunas horas que se presentó en su casa como amigo de Matt, buscando donde hospedarse.
¡Oh Maldición! ¡Maldición!, en realidad no lo conoce, no lo conoce absolutamente nada.

Sirvió un poco de café en una taza de porcelana blanca, esta humea ese olor tan particularmente adictivo, se entretiene un poco dejando que su olfato capte su aroma, erizándole los vellos de la nunca ante la sensación que siempre ha causado este apetitoso liquido en su organismo. Sencillamente su vida no sería vida, si no existiese este elixir.
Enfermas adicciones, lo malo es que es un chico muy propenso a estas.

 -¿Me das un poco?
Se sobresalta ante la voz que corta agresivamente el lapso de silencio y meditación en el que se mantenía sumergido, la voz le suena ronca, como adormecida. Gerard se voltea, ya que le daba la espalda, lo mira fijo unos segundos sujetando la taza de la fina orejera, achicando los ojos antes de preguntar.
-…¿Hum que exactamente?
Frank no lleva camisa, solo un vaquero desteñido azul bastante roto de las rodillas, dejando de nuevo toda esa piel manchada por tinta de su pecho y brazos al aire, Gerard tiene que darle un sorbo al café caliente antes que el castaño descubra el pequeño agite de respiración y a sus ojos curiosos mirando otra vez demás.
“Mierda” chasquea al sentir su lengua quemada por no tener cuidado.
“Soy idiota”
-…Café.
Responde sin más Iero, sin quitar esa expresión seria y esa mirada fija del moreno que tiene enfrente y en igual condición, solo en pantalones, mostrando tanta piel blanca, demasiado blanca, pura, prolija, sin ninguna mancha de tinta en ella, tan suave y delicada que no puede evitar pensar que pasaría si empujara bruscamente la taza con el café hirviendo encima, lo más seguro es que quedaría rojiza y muy adolorida.
Y el con mucho gusto pasaría su lengua para aminorar el dolor.
-¿Quieres que te sirva un poco?
Amablemente pregunta Gerard, achicando los ojos al notar la mirada tan fija y aduladora que acompaña al rostro inmutable del castaño esa mañana. El moreno no puede evitar preguntarse qué tanto pasa por la cabeza del tatuado, detesta no saber predecirlo, es como si se la pasara maquinando cosas ahí adentro, como si tuviera cuidado al contestar, siendo algo precavido, sin entender porque.
Frank no contesta, solo lo observa como anoche, escudriñando su rostro, sin saber porque se comienza a sentir algo incómodo, vuelve a llevarse la taza a la boca y sorber un poco sin antes soplarlo, siendo precavido esta vez.
Eleva una ceja al notar que Iero camina los únicos dos pasos que los separan, así violando su espacio personal, demasiado cerca para su propio bien, sin querer quitar sus ojos del otro, disfrutando su aroma a recién bañado y también de su cercanía. Sin notarlo, Frank cuela una mano entre ambos, tomando en un agarre fuerte la muñeca que sostiene la taza humeante que funciona de separador entre ambos pechos desnudos.
Se inclina, llevando la muñeca a su boca, y lo único que su aturdido cerebro procesa es como ese par de labios entreabiertos se posan en la taza, el líquido negro entrando en su boca, dejándola  más roja si eso es posible.
Los ojos chocolate sin apartarlos de su rostro, y Gerard sin poder despegar los suyos de su boca, con la respiración cortada por los breves segundos que duro la tortura y piensa como puede Iero convertir algo tan simple como beber un poco de café de una taza, en algo tan erótico y sexy.
“Maldito castaño y sus labios provocadores” 
-Sabe bien.   
Gerard mira su taza y luego a Frank, sin palabras momentáneas que no sean monosílabos y lo único que dice lo avergüenza.
Porque el que juega aquí es él no el otro.
-…¿hum?
Una sonrisa torcida y picara aparece en el rostro de Iero.
-Yo me sirvo Gee, gracias.
Y así como se acercó se apartó, sirviéndose un poco en otra taza, ya que al parecer solo lo estaba probando, y vaya manera de hacerlo.
Los minutos pasan y lo único que se escucha es el sonido de sus labios sorbiendo café, Gee se ha recargado en la encimera de espaldas, y Frank de lado, este último aun sin quitarle los ojos de encima.
Y Gerard se pregunta ¿desde cuando lo incomoda que lo miren tanto?, tal vez no sea que lo miren, sino la forma en la que lo hace, tan meticuloso y frio, fijamente sin parpadear, como si quisiera saber todo de él con tan solo observarlo.
Aprieta el amarre de sus dos manos alrededor de la taza, mordiéndose las mejillas por dentro, si hay algo que detesta es el silencio y no tener tema de conversación, sobre todo cuando la tensión sexual se puede cortar en el aire, y él no es un chico que precisamente se mantenga callado por mucho tiempo.

-Emm deberías pedir algo para comer, yo con otra taza de café estoy hecho.
Le dice volteando el rostro, su voz sonando demasiado fuerte en la silenciosa cocina, notando la cara de confusión en el otro al despertarlo de su letargo, como si todo ese rato no se la hubiera pasado observándolo de perfil.
-¿Si quieres puedo cocinar algo?-Habla despacio, mirándole ahora aturdido por la cara de sorpresa que pone.
Si hay característica que ames en alguien, es esa; que sepan cocinar, porque tú eres un desastre en ello, aparte Iero no parece un tío que sepa de las artes culinarias, tal vez solo lo básico.
- ¡Claro!-Sonríes agraciado-… hum ¿si quieres?
-Por mí no hay problema.
Frank te sonríe de nuevo, solo que esta vez es diferente, no es pilla, ni picara, ni sensual, es más agradable, fresca, honesta.
Pero sobretodo no es fingida, porque no eres tonto y la has notado.
Y lo único que sabes es que quieres seguir viendo esa sonrisa más seguido.
El castaño se lava las manos, te pide todo lo que necesitara para preparar un desayuno liviano como te ha dicho él, lo bueno es que a pesar de no saber cocinar, la despensa siempre la mantienes llena de alimentos,  porque si no cocinas tú, siempre lo hacen tus amigos que se apropian de tu cocina cada vez que te vienen a ver, que es casi siempre.
Gerard se asombra al ver como los tatuados dedos toman con tanta practica el cuchillo y parten todo tipo de verduras en trocitos pequeños con una velocidad impresionante. Tú ya te hubieras cortado un dedo, lo piensas y lo dices, Frank te mira y sonríe de medio lado, diciéndote lo fácil que es.
Si hay algo que Frank ha aprendido en estos dos días de convivir con el pelinegro es que le encanta hablar, cuando comienza no hay quien lo calle, parece un lorito, contándote como una vez Adam quiso enseñarle a cocinar un simple huevo estrellado, pero este se terminó estrellando en el piso, al no calcular bien la distancia entre la fridera y el huevo, o que simplemente hasta el agua se le quema, es un desastre.
Cuando uno ama el silencio, el otro disfruta romperlo. Tan diferentes que Frank no puede evitar pensar si soportar todo el rato que le llevara finalizar su tarea al lado de ese moreno perico.
Pero si hay algo en lo que coinciden y se comunican muy bien, y eso lo comprobó esa noche, es en la cama, en el sexo fuerte, bruto, descomunal sin sentimiento de por medio.
~

-Wow debo admitir que se ve bastante bien.
Gerard observa los platillos en la pequeña mesa de la cocina, uno frente al otro, cada uno utilizando una camiseta para no sucumbir ante la tentación, al final Frank había decido cocinar una simples tortillas  fritas con mucho quesillo y jamón, con chimol a los lados, lo cual es verduras en trocitos, con limón y vinagre. Un vaso de jugo de naranja natural a la par con mucho hielo.
-Pruébalo y me dices si te gusta.
La mordida se sintió bastante bien, le sonríe grande asintiendo afirmativamente.
Frank solo le guiña un ojo y se dispone a masticar las suyas. Comen en silencio un rato, hasta que Gerard decide romperlo para preguntar algo que le viene rondando la cabeza desde que lo mirara cortar con tanta práctica las verduras.
-¿Aprendiste tu solo o te enseñaron?
Frank deja de comer para mirarlo confuso, subiendo su mirada para dejarla anclada en sus ojos verdes.
-¿Perdón?
-…A cocinar.
Dice, Frank se lame los labios pensativo, de repente serio de nuevo.
-….Aprendí solo.
Responde al cabo de un rato, mirándolo fijo de nuevo, cuando Gerard se disponía a abrir la boca y preguntar de nuevo pensando que este no lo había escuchado.
-Vaya, eso es genial…¿tu mamá te enseño?- Pregunta sonriendo, bajando la mirada por un momento para tomar un trago de jugo.
Una mueca cruza rápido por la cara de Frank, abriendo más de la cuenta los ojos, Gerard lo vuelve a mirar y sonríe.
Pero Frank no contesta de nuevo, se tarda otro momento, arrugando ahora el entrecejo.
-No.
-..¿Uh? –Gerard lo mira sin comprender, pero restándole importancia, mientras ladea su cara hacia un lado, dejándola reposar sobre su mano, ya que  su brazo ahora se encuentra en la meza, achica los ojos interesado en el chico tatuado a su frente –……¿Entonces?
-Bueno ya te lo dije, aprendí solo- Gee eleva una ceja, y este suspira, otra nueva faceta del moreno, ser fastidioso –Bueno, antes cuando era más joven trabaje en cocina, en varios restaurantes.
-Vaya eso es genial-Sonríe, dándole la última mordida a su tortilla con quesillo y jamón, para luego hacer hacia un lado el plato y concentrarse de lleno en su tatuado nuevo amigo. Porque si ya lo decidió, el castaño le cayó muy bien y lo quiere cerca, muy cerca.
-..Supongo- Contesta Frank encogiéndose de hombros.
-..Y ….¿hace cuánto que lo dejaste? 
-Hace bastante, ya te lo dije, eso pasó cuando era chico.
-¿Que tan chico?
Frank lo mira sin ninguna expresión, mostrando aburrimiento, tratando de no molestarse y callarle la boca de una bofetada por curioso.
-MUY chico.
Frunce el ceño, al recalcar la frase.
Gerard suelta una risita suelta, algo floja para al final asentir y luego morderse labio. 
-¿De casualidad no trabajaste en un restaurante chino? amo la comida china, ya sabes si te sabes una receta, podrías cocinarme algún día sabes.
Frank alza sus dos cejas mirando sorprendido al pelinegro, negando luego con la cabeza sin poder creerlo, ese moreno es imposible, si antes quería bofetearlo, ahora mientras una pequeña sonrisa graciosa se formaba en su boca, quería partirle la boca pero de un mordisco.
Y si, no solo a uno le cae bien el otro.

~

Un Jean negro pegado al cuerpo, ciñendo muy bien las piernas y caderas, una camiseta roja por dentro con una sudadera negra encima, unos viejos converse rojos es el atuendo que Way utiliza para salir, el cabello negro, reluciente y bien cuidado el cual solo peina con los dedos, sus inseparables gafas negras, y se ve de infarto.
Al menos eso es lo que piensa Frank cuando lo ve salir  de la habitación al pasillo donde se encuentran brevemente.
-¿Vas de salida?
Pregunta Frank suspicaz
-Em sí, me llamaron de la gallería al parecer me necesitan allá.
-…..ya veo –Murmura despacio, más para sí mismo, recordando algo. Pasando por alto el hecho de que a Frank no le sorprenda que él tenga una gallería porque eso Frank ya lo sabe, pero Gerard no.
-..¿Cómo?  -Pregunta Gerard.
-No nada, que te veo luego, creo que yo también saldré más al rato, tengo asuntos pendientes que atender.







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