Capítulo 08
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Got you in my sights
Un dolor de cabeza y unas ganas tremendas de vomitar
son los achaques que reciben a Gerard
por la mañana. Luego de una aspirina y un baño reparador, el daño en su
estómago y el mal aspecto en su rostro pálido no desaparecen ni de broma,
haciéndole sentirse fatal al recordar por qué se encuentra en tal estado.
Luego de ir a ese bar y tomar como condenado a muerte,
pasar un rato con un sujeto de flamantes ojos azules y sonrisa burlona, el
resto de la noche fue imposible parar los recuerdos que como demonios le
susurraban al oído, unos cuantos tragos más, llorar un rato para
desahogarse…dormir un par de horas y luego despertar mal humorado, tomar el
auto y regresarse a las 4:15 am de la madrugada al departamento y dormir lo que
restaba de sueño. No fue una buena combinación teniendo en cuenta que lo único
solido que había ingerido era el desayuno que Frank preparo ese día en la
mañana.
“Necesito
café”
“café, café, café y estaré mejor”
Una taza de café negro y el cuerpo desamigado tirado
en la silla con la cabeza de lado, encima de la mesa con la mirada puesta en
ningún sitio en particular, perdida entre todas esas lagunas mentales que
alguna vez tendrá que descubrir y dejarlas salir.
-….Mala noche …
Un brinco y el pelinegro casi bota con sus manos
lánguidas la taza humeante que se encontraba a unos centímetros sobre su
cabeza.
-¡Maldición!, a ti te gusta asustarme o es un nuevo
deporte que estas practicando. –Alego sin ánimos el pelinegro que veía por
primera vez con un dejo de fastidio en su mirada al hombre tatuado frente a él.
Este se encontraba recargado en la encimera, amabas
manos a los lados, tomándola por los bordes, las piernas cruzadas una encima de
la otra, Gerard no puedo evitar detallar el vaquero desteñido que cubría las
fuertes piernas y la camiseta negra sin mangas que dejaba ver la sinuosidad de
los tatuajes encima de sus músculos de los brazos. Su expresión era seria,
detallando el estado amínico de su compañero de departamento.
-Bueno, no es mi culpa que no hayas reparado en mi
presencia hace unos minutos, cuando entraste como zombie a tomar café que YO,
ya había preparado-Apunto achicando las avellanas, queriendo leer las pálidas
facciones.
-¿De qué hablas?
-….¿De verdad no prestaste atención? …vaya todo un
caso de distracción fatal tenemos aquí-Molesto Iero, queriendo disuadir el aura
pesada que se formaba alrededor del moreno de rústicos ojos verdes, los cuales
se notaban cansados, hinchados, molestos con muchas recriminaciones en sus
iris, y eso removió la incertidumbre de Frank.
-Me estas jodiendo-remilgo molesto Gerard, levantándose
de la mesa y retirándose luego hacia su recamara.
~
Luego de una ducha con agua caliente, 5 tazas de café
encima recordó que hoy debía impartir clases en la escuela. Con una cara de
pocos amigos salió del departamento no sin antes echarle un vistazo a Frank que
se lo quedo viendo con una mirada indescifrable desde la sala. Ya tendría
tiempo después de disculparse por su mal comportamiento en la mañana pensó
aprehensivo Gerard.
~
Frank se quedó observando como el pelinegro
desaparecía de su vista, con cierta picazón por saber qué fue lo que le paso a
Gerard para que se cargara tan mal genio esa mañana.
Algo grave tuvo que ser, pensó. No por nada ese
comportamiento, con el poco tiempo que lleva compartiendo con el pelinegro, ha
podido leer entre líneas su manera de ser, su personalidad extrovertida,
seductora y alegre. Con esa sonrisita petulante que logra sacar de quicio a
Frank, de maneras perturbadoramente diferentes, por un lado le dan ganas de
borrársela de un golpe y por otra de estamparlo a la pared y comerle la boca.
Se dirigió hacia la sala y contesto el móvil,
dirigiéndose al gran ventanal el cual brindaba una formidable vista del cielo
azul, despejado a esas horas de nubes y sus edificios vecinos se encontraban de
manera simétrica dejando ver a lo lejos la playa en su total esplendor, con una
ceja alzada se quedó mirando un punto entre todo ese baraje de edificios y
concreto. Por alguna razón los demás edificios le llamaban la atención.
-¿Quién habla?-Su voz sonó fuerte y decidida, el
numero salía como privado y podía hacerse una idea de quien se trataba esa
llamada.
Una risa de fondo hizo un desagradable sonido garboso
y la respiración de cerdo bastante pesada, Frank no tuvo que deshacerse
pensando mucho para saber de quien se trataba.
-Marco –Afirmo entre dientes sintiendo su propia voz
más grave de lo normal, ni nada más ni nada menos que uno de los asesinos a
sueldos más buscados de la zona por el FBI. Enumerando las listas y también
encabezando a los pocos hombres de confianza de “Shades”; un grupo, organización, o como se le quiera llamar, donde la
criminalidad es solo un sinónimo de lo que verdaderamente se hace ahí.
-El mismo-Una voz igual de grave que no tendría nada
que envidiarle a la de Frank se dejó escuchar-Debo sentirme alagado de que me
conozcas tan bien como para reconocer mi risa-Frank podía figurarse la cara de
perro burlona que tendría en esos momentos, y agradeció estar lejos porque si
había algo que detestara, era verle el cinismo en las duras facciones de ese
hombre y las ganas de romperle todos los dientes de la boca estaban presentes
siempre en los ánimos caldeados de Frank.
-Yo que tú, me preocuparía-Le respondió Frank firme-¿Y
ahora si me vas a decir a que debo tan desagradable llamada?
La risa garbosa se dejó escuchar de nuevo dejando en
Frank una mueca de desagrado.
-Tengo un mensaje para ti, al parecer no tienes muy
contento al jefe.
-No me digas, y desde cuando te utiliza a vos para
decir las cosas-Le espeto Frank comenzando a molestarse-A perdón se me
olvidaba, si vos no sos más que una perra arrastrada, que le lame las bolas al
jefe terminando el trabajo sucio para mantenerlo contento
¿Decime una cosa? ¿Tan buena es la paga que hasta dejas que te rompa el culo cuando se le antoje? ¿huh? –Sin dejar que el otro argumentara siguió con su cínico discurso- El otro día se te vio renqueando, acaso ¿la perrita se portó mal?, por eso no podía caminar-Afirmó-¿Tan duros son los castigos? –Se burló con una risa estrangula e irónica.
-Hijo de perra-Dijo entre dientes.
Frank comenzó a carcajearse del odio que desprendía el
sujeto ese hacia él.
-Cuando te agarre hijo de puta-Lo escucho decir.
-¿Qué? ¿Qué me vas hacer?-Siguió molestando- Vos no
podes tocarme ni un huevo idiota, así que te aguantas maricon de mierda, ahora
te vuelvo a preguntar ¿Para qué me llamaste?
Ahora fue turno de Marco de comenzar a reírse al
sentir el coraje cargado en la voz de Iero, era tan fácil sacarlo de quicio
como también era de tenerle mucho cuidado.
-Pero si seguís portándote mal, ¿quién crees que va
recibir el castigo Iero? –Pregunto con un tono característico de crudo sarcasmo
y burla, dándole vuelta al humor negro del chico tatuado-Ya sabemos que fuiste
vos quien causo el fallo eléctrico en ese edificio, ¿Qué planeabas ah? ¿Cargarte
a Way antes de tiempo?, eres un imbécil si pensabas que no nos íbamos a
enterar-Frank se tensó al oír eso último- El mensaje del “Jefe” es que no hagas
nada estúpido, sigue el plan Iero, eres un eslabón fuerte sería una verdadera lástima perderte-Lo escucho
chasqueando la lengua al decir lo último terminando el mensaje-¿Pero sabes qué?,
por mi podes meterte ese plan por donde te quepa, y cuando eso suceda, te
cazare mariposita.
La respiración de Frank se truncó un poco, sintiendo
como la furia comenzaba a llenarlo entero, era obvio, como fue tan idiota,
ingenuo. Tanto entrenamiento tirado por la borda, mira que venir a fallar en algo
tan fácil. Debió suponer que lo estarían
vigilando, ¿que confiaba en él?, patrañas. Y lo que menos necesita es que el “jefe” desconfié de él.
Además Marco es un sujeto de tenerle mucho cuidado y
no llevársela de bribón con este último.
-No te confundas Marco, que aquí el único que caerá de
los dos va ser otro -Sonrió con malicia en la voz al solo imaginarse ese día-Dile
que todo es parte de la estrategia y que yo sé cómo hacer mis cosas-Apretó los
dientes al final.
-Te estaré vigilando Iero, y al primer descuido te
cazare.
-Vete a la mierda-Escupió tirando el celular al sofá
con fuerza.
Comenzó a caminar de un lado a otro calmando la
respiración que la sentía entrar y salir quemando su garganta. Se encontraba furioso
al sentirse observado, eso solo traería serios problemas para sus verdaderos planes, lo que suponía
andarse con mucha más cautela.
-Gerard, Gerard, Gerard-Murmuro mirando hacia fuera
del ventanal-¿qué fue lo te sucedió ayer?-“Tengo
que saberlo” pensó.
Tendría que vigilar más de cerca al pelinegro, nada
podía escapársele de las manos.
Se tiro en un sofá una vez ya calmado, ideando una
manera de acercarse mejor al moreno de ojos verdes. Esa noche no todo salió
mal, si había desacatado una orden del cerdo ese, pero vamos al final los
resultados fueron muy buenos.
Se relamió los labios recordando la adrenalina
lujuriosa que recorría su piel esa noche.
>Flashback<
Se encontraba sin camisa, solo con un vaquero desalichado
de las rodillas y de las puntas, el cabello algo revuelto, acaba de tomar una
ducha. Tomo su móvil mirando el tiempo, ya era casi la hora en que esperaba, el
pelinegro arribara a su cueva. Abrió su bolso, y saco una hermosa navaja, con
ese brillo tan característico del metal recién pulido y afilado. Paso la punta
por un dedo haciéndose un leve corte en el anular, sacando un leve surco de
sangre.
“Perfecto” pensó.
Esa noche ya lo tenía decidido, cortaría la energía eléctrica
del edificio y acecharía a su presa entre la oscuridad, se olvidaría del
malévolo plan que se le había asignado, no había necesidad de seguirlo. Querían
muerto a Way, sí. Pero la forma en que lo planteaban era descabelladamente
sádica. No entendía para que tanta mierda, si lo querían matar, que importaban
las maneras, de una u otra forma era lo mismo.
Solo que Frank tenía otros planes y tal vez entre ellos no se encontraba el hecho de que Iero
lo quisiera muerto completamente.
Mirando la navaja una sonrisa lobuna se formó en su
rostro, si ya antes había engañado a la misma muerte, porque no podría hacerlo
con ellos también. Después de todo, no matarlo, o matarlo de la forma que él quiere significaba un suicidio de
todas formas, pero podría arriesgarse.
Se colocó la cuchilla en la parte de atrás, entre sus
nalgas de forma estratégica, sosteniéndola con el mismo pantalón y los músculos
de esa zona, dejando el lado afilado de manera que no rozara su piel.
Sintió llegar a Gerard al departamento, con agiles
pasos se dirigió hacia donde suponía encontraría a su presa. La tormenta le
daba un magnetismo espectacular a la oscuridad del living, pudiéndose notar
como los relámpagos alumbraban la penumbra dejando ver la delgada silueta de
Way, ese delicioso moreno con tan poca suerte.
“Una
pena no probarte una última vez”
Cuando pensaba acercarse por detrás y sorber del aroma
que se desprendía natural de la melena negra del oji-verde, su móvil comenzó a
sonar, no pudo evitar quedarse tieso ante ese hecho.
“¿Quien
putas puede ser a esta maldita hora, joder?”
Con una mueca desfigurando su rostro tomo el
endemoniado objeto, mirando incrédulo quien le estaba echando el plan a perder.
“Calling
Jamia.”-Decía en la pantalla encendida de su cel.
¿Jamia?
¿Jamia?
“Mujer
estúpida” Escupió en su mente,
maldita la hora en la que se metió con esa mujerzuela maniática. Es que no
podía estarlo jodiendo en cualquier otro momento.
Pudo ver como Gerard se asustaba ante el sonido del
celular, sin percatarse al ver la indefensa silueta de ese moreno que cada
minuto que pasaba a su lado le era imposible dejar de observarlo, prácticamente
escrutarlo con la mirada. Queriendo meterse en su piel, en su mente, ¿Saber que
había hecho, porque lo querían muerto?
Sin darse cuenta ¿Cómo? cuando menos lo espero sus
pies lo llevaron hasta posarse cerca del pelinegro, mirando cómo una vez más
parecía polilla atraída por la luz. Su celular volvió a sonar y Gerard pego un
brinco mortal mirándose más pálido de lo normal junto a esto un trueno y vaya
una película de terror hecha.
Escucho como Gerard le reclamaba, luego de calmarse
encendieron una vela dejándole observar el color profundo que adquirían las
esmeraldas de Way ante la opaca luz amarillenta de una vela, un olivo más
oscuro y sólido, ensimismado en esta
nueva novedad y en la voz extrañamente ronca, que se introdujo por todos los
poros de su piel, una cosa llevo a la otra y cuando se vino a dar cuenta, tenía
los fríos labios de Way haciendo presión en los propios.
Sin perder más
tiempo los envolvió con los suyos en caricias suaves para luego hacerse más
fuertes y demandantes.
La lengua no se
hizo esperar, adentrándose a su cavidad sintiéndola hasta la campañilla, tenía
que admitir que Gerard sabía muy bien como besar, como dar y recibir placer, el
maldito era un experto en el tema. Sobre todo porque esta vez no se encontraba
borracho. Un gemido ahogado se dejó escuchar de entre sus labios, Gerard ahora
lo mordía y pasaba su lengua por sus dientes.
Sonrió entre el
beso, él tampoco era un completo pelele en las artes amatorias, de hecho
siempre le había gustado de una manera brusca y directa y se lo iba hacer
saber.
Sintió como
Gerard lo abrazaba por la espalda, por lo cual decidió que ya era hora de tomar
el control, puso una mano en la cintura sujetándolo fuerte y otra en su nuca,
acariciando y subiendo por el cabello algo húmedo por la lluvia, pero aun así
lacio y sedoso a sus dedos, con su mano lo tomo del cabello agarrando fuerte un
buen puñado de pelo, para luego jalarlo, eso provoco un gemido de sorpresa inicial
en Gerard, cuando de este modo se desprendía del beso.
Sonrió lascivo
mirando la barbilla y esos labios brillosos por la saliva.
Saco su lengua
y delineo con ella la mandíbula subiendo por un lado derecho a la mejilla hasta
llegar al oído, el cual lamio y mordió.
-Me gusta el
sabor de tu piel-Le dijo con la voz ronca más de lo normal, respirándole en el
oído a Gerard, dejando que su aroma se transpire en su piel, que su olfato lo esnifé,
recorriendo el cuello el cual lamio y luego mordió cerca de la nuca –Pero
quiero probar más –Gerard gimió ante estas palabras.
Frank envuelto
en su propio placer no noto cuando las manos de Gerard bajaban por sus costados
hasta posarse en sus dos respingadas nalgas, las cuales procedió a apretar.
Para cuando
Frank se vino a acordar de la navaja situada en medio de su culo, Gerard ya lo
había empujado cayendo los dos en el sofá más grande.
Sintió los
labios del oji-verde recorriendo su
cuello, momento que aprovecho para actuar, sacando las manos del moreno de
entre su cuerpo, tomando sus muñecas hacia atrás juntas sobre su propia
espalda, sujetándolo luego con una la cintura y la otra las muñecas, le dio una
vuelta brusca, quedando ahora encima.
Los ojos de
Gerard brillaron libidinosos al verse en tal posición, con Frank encima
sujetando sus muñecas tras su espalda, sin dejarlo moverlas sintiendo el amarre
fuerte, sus dos piernas abiertas, Frank entre ellas, caderas y entrepiernas
rozándose.
-Estas
acorralado a mi completa merced- Frank sonrió de lado como todo un hijo de
perra sin quitar su mirada igual de lasciva de los ojos de Gerard, llevo su
mano libre y saco la navaja con mucho cuidado, sin perderse detalle de la sonrisa
traviesa que adquirían los jugosos labios de ese lujurioso moreno.
Empezó un
vaivén lento pero profundo, con todo y pantalones puestos aun, sintiendo como
comenzaba su propio miembro a tomar grosor y rasparse en la propia tela del
pantalón. Al sentir tal delicia comenzó con movimientos más rápido y erráticos,
hasta sentirse por parte de ambos completamente duros y calientes.
Gerard jadeaba
pasándose la lengua por los labios seduciendo a Frank, manteniéndolo hechizado
con la brillante mirada de ese color tan mortal. Se acercó a besarlo de nuevo
pero esta vez con completa autoridad y control, metiendo su lengua e invadiendo
la cavidad de su boca. Levanto la mano con la navaja y la paso sigilosa por uno
de los costados de Gerard. Sería tan fácil ensartarla en la carne, hundirla y
dejar fluir ese hermoso liquido carmesí.
El moreno
ensimismado en su propio placer no se daría ni cuenta de que fue lo que le
paso, solo despertaría unas semanas después en una sala de hospital pero sin
saber cómo llego ahí.
Pero su cuerpo
funciona solo y de nuevo desobedeció su orden, quitando su mano con el objeto
punzante y llevándolo bajo el mueble, metiéndolo ahí, donde Gerard no lo
pudiera ver.
-Suéltame-Fue
la ahogada suplica que le llego de Gerard entre sus labios-Vamos Frank,
quiero..quie..quiero –Gimió de nuevo envolviendo sus piernas a la cintura de
Frank, moviéndose al mismo ritmo que el tatuado.
-¿Qué quieres
Gerard? –le mordió el cuello respirando profundo, los pantalones le apretaban y
su adolorido miembro palpitaba por ser liberado.
-….Tocarte
Y eso fue
suficiente para Iero.
Se quitó de
encima con la intensión de bajarse los pantalones ya que era lo único que
llevaba puesto y luego desnudar al pelinegro.
Pero Gerard no
pensaba lo mismo, al solo verse liberado, se paró urgido subiéndose en Frank
por la cintura lo que llevo al otro a sostenerlo por los glúteos, pero debido a
la gravedad de los cuerpo Frank no pudo sostenerse, trastabillo hacia atrás
enredándose en sus propios pies, ambos cayeron al suelo dejando solo un sonido
de cosas quebrándose al caer sobre la mesita de la sala.
Frank solo
ahogo un quejido de dolor, la espalda fue la afectada, a esto sumándole el peso
de Gerard, este último en vez de disculparse comenzó a reírse haciéndole
cosquillas en el cuello.
Negando sin
poder creerlo y sintiendo los vestigios del placer aun, Frank lo tomo de las
caderas fuertemente y se dieron vuelta de nuevo, y así comenzaron a rodar entre
besos y mordidas por todo el living hasta llegar a un extremo de una pared.
Gerard quedo
encima, se sentó sobre las caderas de Frank, mirándolo con extremo deseo y
dibujando esa sonrisita traviesa en su rostro, por lo cual tiro de la camiseta,
quitándosela para luego desabrocharse los pantalones propios y luego los de
Frank, dándose cuenta que este último no llevaba ropa interior, sonrió tomando
entre una de sus manos el latente y
húmedo pene de Frank. Lo saco del pantalón agarrándolo entre toda su mano,
sintiendo la textura y el grosor, llevando el pulgar a apretar la cabeza,
acariciando en círculos y apretando la pequeña hendidura del urinario.
Un Gemido ronco
casi un grito dejo la garganta de Frank.
Si definitivamente
Gerard sabía cómo dar placer. Y Frank lo estaba comprobando y vaya de qué
manera.
Gerard rego el
pre semen que humedecía el glande del duro pene de Frank, con su dedo pulgar,
su toque no era suave sino todo lo contrario, sintió como el cuerpo del chico
tatuado se estremecía ante las bruscas caricias de sus dedos, sin verlo venir
tenía la mano de Frank en su cabello, tomándolo con fuerza y acercándolo a su
boca, tragándose el aliento caliente del otro,
dejo que le abriera la boca y jugara con su lengua un rato. De nuevo
dieron un giro brusco quedando Frank encima y sin prevenirlo este le bajo los
pantalones con todo y boxer de un tirón brusco dejando que su nada pequeño pene
rebotara en su abdomen.
-Pórtate bien –Medio
gruño Frank quitando las mano de Gerard de su entrepierna y llevándola hasta su
cabeza donde la sujeto junto con la otra, con las piernas abrió las de Gerard dejándole
los muslos abiertos, tomándole la cintura le dio vuelta, dejando a Gerard boca
abajo, aun con su mano alrededor de la cintura lo levanto hacia arriba dejando
las apetitosas nalgas a su total disposición-Estate quieto ¡maldición!
Gerard gruño
descontento en la posición que el castaño lo estaba colocando, sintiendo un
molesto hormigueo en el vientre y un tirón en los huevos al escuchar la
demandante voz de su compañero de departamento.
Frank puso
rápidamente una mano en la asimétrica espalda, ancha y fuerte, la acaricio
hasta llegar a la nuca la cual sujeto fuerte, dejando que el oji-verde solo
posicionara su cabeza dejando la mejilla contra la alfombra.
Con la mano que
sostenía las manos arriba de la cabeza de Gerard, hizo una leve presión en
estas, diciéndole en una muda invitación que las dejara en esta posición.
Luego bajo la
mano, le dio una tenue caricia a las nalgas, se escupió entre los dedos, y sin
más los llevo hasta la entrada del pelinegro, empujando un dedo con fuerza para
atravesar los anillos de músculos de su ano, luego de entrar hasta al fondo y
escuchar el leve quejido del muchacho al cual prácticamente tenia sometido a su
voluntad, metió el otro dedo, y luego otro, con tres dedos en su interior
Gerard siseo al sentir el ardor inicial.
Con fuerza
arremetía los dedos, sintiendo lo estrecho y cálido de ese lugar.
“La gloria” –Pensó Frank extasiado.
La respiración
de Gerard se truncó al sentir como Frank comenzaba a invadirlo por dentro, el
muy hijo de perra por lo menos lo hizo suavemente, dejando ir toda la longitud
de su gordo pene.
Un gemido ronco
de Frank se camuflo con la fuerte tormenta que comenzaba a caer, si
definitivamente era el cielo, estar dentro de ese moreno.
Lo sentía tan
caliente, tan estrecho, las paredes se pegaban a su eje de manera majestuosa,
sin poder resistirse por más tiempo a que Gerard se acostumbrara a su invasión.
Gerard sintió
como el castaño respiraba entrecortado al igual que él, en su lado más oscuro,
debía admitir que toda esa rudeza con que Frank lo trataba lo excitaba de
manera casi enfermiza, siempre era el quien solía llevar el control de la
situación con todos sus amantes, pero esta vez dejaría que su voluntad se viera
truncada, dejándose llevar por el placer que le invadía el ser penetrado por
Frank de esa manera, tan cruda.
Con forme
arremetía cada vez más profundo y certero, los jadeos de Gerard se convirtieron
en gemidos, llegando al punto G donde el máximo placer se expandía por cada
terminación nerviosa del pelinegro, haciéndolo gritar prácticamente.
Frank sonrió
maldito, con la traspiración vistiendo su espalda en pequeñas gotitas que
resbalaban por la sinuosa piel.
-Más rápido
maldición-Escucho la ansiosa voz de Gerard, y complaciéndolo gustoso le hizo
caso, sin detenerse a pensar en que la lujuria del momento hizo que ninguno se
percatara que habían olvidado utilizar protección.
Al sentirse
casi llegar al climax, Gerard que hasta ese momento mantenía sus manos
empuñadas aun sobre su cabeza, las llevo hacia las nalgas de Frank, metiéndole
las uñas, queriéndolo sentir incluso más adentro, pidiéndole entre jadeos más
fuerte.
Frank también
estaba a punto, acelero sus arremetidas contra el culo de Gerard y llevo una
mano a su pene, encontrándolo completamente empapado, unas caricias fuerte a lo
largo y un dedo en el glande, y Gerard se dejó ir, manchando su mano y el
alfombrado piso.
Dos embestidas
más y también eyaculo con fuertes chorros de semen dentro del oji-verde, lo que
lo mantuvo aun dentro, dejándose caer en la espalda de Gerard y calmando la
errática respiración.
Así
permanecieron varios minutos, en los que solo escuchaban como la tempestad afuera
se calmaba y ellos se sentían completamente renovados, Frank se removió un poco
sintiendo como el flácido pene se salía de esa cálida cavidad.
Escucho como
una risita contagiosa escapa del moreno debajo de él, sin entender bien el
porqué de esta, llevo su cara al cuello, el cual beso para subir a la mejilla,
llevando una mano a la cabellera de Gerard y metiendo sus dedos ahí, siendo ya
casi imposible mantener alejados sus dedos de los sedosos cabellos, ahora algo
húmedos por el sudor.
-¿Que es tan gracioso?-Pregunto
en un susurro que a Gerard le pareció insinuante y que se le antojaba mucho, al
escuchar lo rota que se escuchaba su vos.
-Umm
esto-Susurro Gerard igual-Tu, yo, así.
-¿Así como?
-Bueno al
principio casi me matas de un susto-Le recrimino-Siempre me ha gustado vivir
solo ¿sabes? Pero hoy por alguna razón me alegre internamente que estuvieras
aquí.
-¿Cómo?
-….no sé cómo
explicarlo, es solo que al entrar al departamento, sentí un mal presentimiento,
no se-Se quedó callado un momento-tenía algo de miedo-Luego de eso de nuevo la
risita de burla en su propia voz-Es estúpido lo sé.
-No, nada de
eso, tener miedo no es estúpido-Finalizo Frank, sintiendo algo extraño en su
cuerpo, tensando al descubrir el bien acertado miedo del pelinegro. Porque el
peligro lo estaba acechando demasiado cerca, respirándole prácticamente al
oído.
Luego de un
silencio para nada incomodo, Gerard decidió romperlo de nuevo, con un
comentario fuera de lugar, con connotación sexual.
-¿Repetimos?
Fue la escueta
pregunta, solo vasto unos segundos para que ese fuego recorriera de nuevo su
cuerpo, y el deseo lo encegueciera completamente haciendo temblar cada
partícula de su cuerpo.
Y así
terminaron parados con el acorralando a Gerard en una pared, este con una
pierna en su cintura y el de nuevo probando su perdición entre las nalgas de su
adonis.
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